El dulce, un pecado que el ramadán no perdona - 800Noticias
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EFE

Para la nutricionista egipcia Mai al Nahla, el azúcar puede amargar el mes de ayuno de ramadán. Este tiempo de reflexión y perfecto para la desintoxicación se ve cada vez más saturado por anuncios de dulces y comida basura que minan el trabajo de los profesionales que ven cómo las tasas de sobrepeso y obesidad en Oriente Medio no paran de crecer.

«Si después de la ruptura del ayuno se toman tres comidas que no sean excesivas en calorías se podría hasta perder peso, el problema es la ruptura de forma equivocada», señala a EFE la doctora desde su despacho en el barrio cairota de Maadi.

La experta se refirió así a la práctica generalizada en ramadán de que, tras una jornada de ayuno de unas 14 horas, la gente consume grandes cantidades de azúcar en poco tiempo, ansiosos por recuperar la energía perdida.

Y eso genera picos de azúcar en sangre, lo que a su vez eleva la insulina y, en consecuencia, se genera la necesidad «de consumir azúcar nuevamente cada hora».

«Si metes una gran dosis de azúcar en la sangre, perjudica el equilibrio hormonal que hubo durante el ayuno. Lo mejor para romper el ayuno son los dátiles, que suministran potasio, magnesio, además del azúcar que necesitas», asevera.

Problemas Digestivos

Aunque los dátiles no faltan en las mesas de los musulmanes que ayunan, siempre están los tradicionales postres, como la «kunafa» o el «qatayef», ambos bañados en almíbar, que ocupan el centro de la mesa, además de otras comidas grasientas.

«La cantidad de gente con problemas digestivos durante Ramadán es mayor, porque algunos rompen su ayuno con grandes cantidades de comida con composiciones malas, y no solamente comida basura, sino a veces comida casera pero demasiado grasienta o salada», indica a EFE el nutricionista egipcio, Mina al Naggar.

El patrón que se repite entre sus pacientes es «inflamaciones, gases, estreñimiento o indigestión, además de diabetes y dificultad en la respiración», dice el médico especialista en nutrición clínica y miembro de la Sociedad Europea para la Nutrición Clínica y el Metabolismo.

Lo curioso es que, como coinciden los expertos consultados, el ayuno en ramadán es similar a otras estrategias nutricionales que tanta gente sigue, como el ayuno intermitente, por lo que se pueden aprovechar los estudios y dietas a nivel internacional.

Pero no se hace: «el problema es que Ramadán está relacionado con varias configuraciones sociales, donde la gente come demasiado y esto no ayuda a mejorar las capacidades del aparato digestivo y sus consecuencias. Se puede aliviar tu sistema digestivo y el hígado al dejarlo descansar durante el día, pero por la noche recuperas todo el peso de golpe. Esto no ayuda», alerta.

Los datos son categóricos. Según el Observatorio Global de la Obesidad, los países árabes están entre los primeros 20 puestos de obesos a nivel mundial, con Kuwait a la cabeza con un 47,08 % en mujeres adultas y un 34,28 % en hombres adultos obesos. Y es una tendencia que va al alza.

Un David contra Goliat

La nutricionista Fatma Kamal cuenta con un programa de alimentación antes de ramadán, donde los clientes se apuntan a sabiendas de lo que les espera.

Pasteles, postres, alimentos fritos, muchas carnes rojas, comer habas antes de acostarse -algo típico en Egipto- huevos con pan y refrescos. Esos son los «noes» que se deben decir en este mes, como señala Kamal.

Pero la publicidad y la costumbre te dicen lo contrario. Continuos anuncios en la televisión, en Internet y en grandes pancartas en la carretera te animan a pasar este mes junto a tu familia con postres ridículamente dulces o pidiendo de un restaurante de comida rápida.

La nutricionista libanesa Ghena Sandid indica a EFE que cada vez hay más campañas saludables patrocinadas por universidades y organizaciones de salud, como las que ella realiza desde su clínica Lighterstyle.

Aunque, lamenta, que estas campañas no estén en el centro de atención «ya que los grandes presupuestos proceden de empresas», como las de refrescos y comida rápida, que acaparan todo.

Al Nahla también ha reunido a sus compañeros para hacer campañas por Facebook e Instagram, y ve que el tema «está mejorando en los últimos tres años».

«Pero esto necesita tiempo y esfuerzo, y tiene que pasar a ser una cultura», zanja. EFE

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