Tour de Francia | Cavendish y su sprint hacia la eternidad - 800Noticias
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800Noticias | EFE

«Ganar etapas es todo para mí, el sueño que tenía cuando era niño», repite una y otra vez Mark Cavendish, que, a fuerza de conseguir su objetivo, se ha encaramado a la eternidad, sentado a la diestra del dios Eddy Merckx.

Con su cuarto triunfo de etapa en el Tour de Francia de sus 36 años, el británico de la Isla de Man totaliza 34, los mismos que el belga, más que ningún otro ser humano en la carrera francesa.

Cavendish iguala una marca que Merckx cerró en 1977 y que, desde entonces, parecía inalcanzable. El belga destronó al francés André Leducq, que había ganado 25 veces entre 1927 y 1938, lo que muestra que este tipo de hitos están tallados en piedra.

El británico tiene todavía por delante espacio para quedarse en solitario con el récord, porque al menos dos etapas, incluida la última en los Campos Elíseos, su favorita, están marcadas como fechas propicias para el esprint. A condición de que supere la montaña.

El cohete de Man aseguró que no quiere compararse con Merckx, a quien consideró «un monumento» del ciclismo, el mayor de todos los tiempos, y reconoció que ganar al esprint no tiene el mismo significado que los triunfos logrados por el belga, que ganaba en todos los terrenos, incluida una etapa con llegada masiva.

«Las comparaciones son relativas, pero los esprints son otra cosa. Merckx sigue siendo el mejor de todos los tiempos y solo los que vienen de fuera del ciclismo lo dudan», dijo.

EL MEJOR ESPRINTER

Pero cada vez hay menos dudas de que Cavendish es el mejor esprinter de la historia, al menos en el Tour de Francia, una carrera que dominó entre 2008 y 2016 y que le inspira tanto que le ha sacado de un letargo de varios años para devolverle al primer plano.

El británico parecía lanzado para destronar a Merckx en 2016, cuando se quedó a 4 triunfos del belga.

Pero la leyenda del «Caníbal» resistió. En 2017, cuando se disponía a igualarla, el eslovaco Peter Sagan le empujó en el esprint de Vittel y le sacó de la carrera desde la quinta jornada.

Al año siguiente, con 32 años, ni siquiera pudo superar las montañas cuando apenas contaba entre los favoritos de los esprints y los dos siguientes ediciones las miró desde su casa, porque ningún equipo le dio su confianza para acudir al Tour.

El año 2020 le dejó al borde de la jubilación, sin equipo, sin confianza, desahuciado y pensando ya en pasar la página de la bicicleta. El récord de Merckx parecía a salvo.

RÉCORD EN SOLITARIO

Pero fue un belga, fan del «Caníbal», quien sentó las bases para que no fuera así. Patrick Lefevere, patrón del Deceunnick, que ya había tenido a Cavendish bajo sus órdenes, lo repescó.

«A veces haces cosas que ni tu mismo crees», aseguró en la meta de Carcasona. «Confié en él y creo que no me estoy arrepintiendo», señaló.

El británico aterrizó en el Tour y Christian Prudhomme, el patrón de la carrera, mostraba en Brest un mensaje telefónico en el que el ciclista aseguraba regresar a su paraíso.

Entonces todavía nadie hablaba del récord de Merckx. Por delante había otros favoritos para ganar las llegadas masivas, empezando por el australiano Cabel Ewan, el esprinter de moda. Cavendish no era más que un veterano en busca de migajas.

Pero Ewan se cayó y el hombre de Man emergió como el más fuerte en medio de una nómina de grandes llegadores desprovista de un dominador.

Con los triunfos llegó la confianza y, de la mano del Deceunnick, la máquina mejor engrasada para lanzar los esprints, ha ido comiendo el terreno que le separaba el récord que cumple 44 años.

Ahora, sólo los Pirineos pueden evitar que el británico desbanque definitivamente al belga. Cavendish no es bueno subiendo y, como recuerda su director, lleva dos años sin correr una gran vuelta. En los Alpes estuvo a un minuto de entrar fuera de control y las próximas jornadas se anuncian de nuevo peligrosas para él.

El británico promete darlo todo para seguir sumando triunfos. Sonriente, asegura que ahora es un ciclista más maduro y casi reniega del personaje que creó cuando estaba en la cumbre de su gloria, caprichoso y arrogante.

«Me comportaba como un imbécil. Ahora he madurado, tengo una familia y he aprendido a comportarme mejor. Soy un hombre de 36 años y no el niñato de antes», asegura.

Sin mirar a la leyenda, camina rumbo a construirla. El Tour le abre la puerta de la eternidad.

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