Santa Bernardina de Lourdes, por María García de Fleury - 800Noticias
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Religión

Por: María García de Fleury

La virgen María, vestida con una túnica blanca con una faja azul, rosas amarillas en sus pies y un gran rosario en su brazo derecho, se le apareció el 11 de febrero de 1858 a Bernardita Soubirous, y juntas rezaban el rosario.

Bernardita era hija de unos campesinos sumamente pobres económicamente, era una niña sencilla de 14 años, analfabeta, sufría de asma, y no había podido recibir su primera comunión porque el párroco le exigía que se supiera los principios básicos del catecismo y ella no lograba aprendérselos, pero tenía unas grandes cualidades, rezaba mucho la biblia y jamás decía una mentira.

Desde el 11 de febrero de 1858 hasta el 16 de julio del mismo año la santísima virgen se le apareció 18 veces. Ante la conmoción que causó el comentario de las apariciones, el párroco le pidió que le preguntara cómo se llamaba y quien era esa señora.

En la visión del 25 de marzo, la señora le dijo a Bernardita “yo soy la Inmaculada Concepción”. Ella no entendió el significado del nombre, pero corrió a casa del párroco a decirle cómo se llamaba, y solo cuando le explicaron las palabras, Bernardette se dio cuenta de quién era la señora.

En otra aparición, la virgen le pidió que le construyeran allí una capilla, luego le pidió que escarbara la tierra y de allí broto poco a poco un manantial que sigue produciendo agua hasta el día de hoy. Desde el primer momento se informó de Milagros en el lugar y en las aguas del manantial.

Lo que a veces se pierde en la historia es la fuerte fe de Bernardette, fue interrogada muchas veces y sus declaraciones fueron desafiadas una y otra vez por los funcionarios tanto de la iglesia como de las autoridades locales que intentaban atraparla en mentiras y en contradicciones.

Bernardita les dijo en una ocasión: “Yo lo que estoy es encargada de decírselo, no de hacérselo creer”. Cuando los investigadores cambiaron sus palabras o trataron de agregar algo, ella los corregía. Cuando preguntaron qué significaba cuando nuestra señora dijo “soy la Inmaculada Concepción”, ella dijo “no es mi responsabilidad explicar estas cosas, solamente compartir el mensaje”.

Bueno, un día para burlarse de ella porque la virgen le había dicho que masticara hierbas amargas como sacrificio y el alcalde le dijo “te confundieron con una ternera” y la niña le respondió: “señor alcalde, a usted le sirven lechugas en el almuerzo?”, “claro que sí”, respondió el alcalde, “y entonces a usted también lo confunden con un ternero?”, preguntó Bernardette. Todos se rieron y se dieron cuenta de que era una niña humilde pero no era tonta.

Bernardita vio su sueño de recibir la primera comunión el 13 de junio de 1858, y la última aparición de la virgen fue el 16 de julio de 1858. Aprendió a leer y a escribir a sus 16 años, entro en el convento de Nevers, y desde entonces se convirtió en la hermana María Bernarda.

El día de su profesión religiosa el obispo inspirado le encomendó “tendrás el trabajo de orar”. Bueno, ya la virgen le había pedido rezar por los pecadores, y Bernardita se dedicó siempre a eso, pero la enfermedad del asma y la tuberculosis la mantuvieron siempre en la enfermería, donde también servía como enfermera, y ella decía que sus armas eran la oración y los sacrificios.

Murió en Nevers el 16 de abril de 1879 a los 35 años, al día de hoy su cuerpo sigue incorrupto. La iglesia la proclamó santa el 8 de noviembre de 1933, no por haber sido favorecida por las apariciones sino por el modo en el que respondió a la misión que Dios le encomendó porque supo que con Dios ¡siempre ganamos!