San Benito, por María García de Fleury - 800Noticias
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Religión

Por: María García de Fleury

San Benito nació en Nurcia en Italia en el año 480 en medio de una familia noble, tuvo una hermana gemela a quien se conoció como santa Escolástica; sus padres lo enviaron a Roma a estudiar retórica y filosofía para asegurarle la adecuada formación, pero allí se quedó impresionado por la tremenda crisis de valores y de instituciones provocada por el final del imperio romano, por eso decidió abandonar Roma y se retiró a la ciudad de Enfide que actualmente se llama Affile, para profundizar en el estudio y dedicarse al ayuno, la oración y la meditación.

A los 20 años se fue para el monte Subiaco y vivió tres años en una cueva con la guía de un ermitaño, de ahí fue a montecassino a unos 130 kilómetros de Roma, donde entre las ruinas de una acrópolis pagana construyó su primera abadía. Años después los monjes de edicobaro le pidieron que fuera su superior, pero al ver que les exigía mucha disciplina algunos planearon envenenarlo, le colocaron veneno en el vaso de agua, pero como era costumbre, San Benito hizo la señal de la cruz en el vaso que le habían dado y este se rompió en pedazos. Después de hacerles car en cuenta de lo que habían hecho se alejó de ellos.

Con un grupo de jóvenes impresionados por su ejemplo de cristiano fundó monasterios, uno de ellos en montecassino y escribió su famosa regla que ha sido inspiración para numerosos reglamentos de comunidades religiosas hasta el día de hoy. Asimismo, inició centros de formación y cultura.

San Benito era muy conocido porque tenía un trato amable y además de todo por sus sacrificios; se levantaba de madrugada a rezar los salmos, oraba y meditaba por varias horas, ayunaba diariamente y acudía a los pueblos a predicar.

Benito veía en el trabajo la primera condición para el crecimiento en el bien, decía que el trabajo es algo honroso que lleva a la santidad. Benito decía que es necesario que los elegidos de Dios se fatiguen y se cansen con trabajos y penas cuando las tentaciones son más fuertes. Agregaba que “el ocio es la ruina de las personas, el trabajo es el destino de todo hombre, necesario para su bienestar como persona humana y esencial como cristiano”, de ahí es donde viene la famosa frase “ora et labora”.

De igual modo consolaba a los tristes, curaba a los enfermos, daba limosnas y alimento a los necesitados y se dice que en algunas ocasiones resucitó a los muertos con la ayuda de Dios y se le atribuyen muchos milagros en vida.

Su amor y su fuerza los encontró en Cristo crucificado, y como exorcista sometía a los espíritus malignos con la famosa cruz de San Benito, de la cual hablaremos próximamente.

Benito predijo la fecha de su muerte para el 21 de marzo de 547 a pocos días después de haber fallecido su hermana Santa Escolástica. Su fiesta se celebra el 11 de julio, “ora y trabaja” es el famoso lema del gran San Benito, patrono de Europa, patriarca de los monjes en occidente que por su legado y su influencia sigue siendo unos de los santos más venerados de toda la cristiandad porque vivió siempre con la mirada en el cielo, sabiendo que con Dios ¡siempre ganamos!