#Opinión | La Virgen de Coromoto, por María García de Fleury - 800Noticias
800Noticias
Religión

María García de Fleury

Un día de 1651, cuando el cacique Coromoto, su mujer y sus hijos, atravesaban el río, se les apareció una mujer muy bella que presentaba entre sus brazos a un niño radiante y sonriente. Ambos tenía una corona sobre la cabeza y sus ropas eran como de gran fiesta.

Coromoto, haciéndole honor a su nombre, que significa el que detiene la tormenta, se le acercó y le preguntó: «¿Qué desea?». Ella le respondió con un voz muy suave: «Vayan a casa de los blancos, pídanle que le echen agua en la cabeza para ir al cielo». El cacique le respondió: «Con gusto, bella señora».

Un tiempo después el cacique estaba muy molesto porque en estas nuevas tierras estaban pasando mucho trabajo y calor. Se negó a bautizarse el 8 de septiembre de 1652, tal y como lo hicieron sus compañeros de tribu. Cuando se regresó de haberse pasado el día en la selva, se acostó sobre su cama y se apareció en la puerta del bohío, radiante, la bella señora con el niño en brazo.

El cacique trató de flecharla, pero viendo que se adentraba en el bohío se abalanzó sobre ella y ella desapareció, dejándole en la mano una imagen que el vivió tan viva que ofreció matarle al día siguiente.

Esta diminuta imagen de la Virgen con el niño despedía rayos luminosos muy intensos, como los del sol al mediodía, pero no quemaban. La bella señora estaba cargando al niño frente a ella. El niño tenía la mano derecha levantada en actitud de bendecir y en la izquierda cargaba una bola redonda que representaba al mundo con una cruz encima.

El sobrino del cacique, que había presenciado todo, y vio a su tío esconder la imagen, la llevó donde Juan Sánchez para llevarla a salvo. Al día siguiente, Coromoto se levantó, quemó la choza y huyó a la selva. En la selva se vio mortalmente mordido por una mapanare. Y cuando sintió la impotencia, cuando se vio mortalmente adolorido, que iba a morir por el veneno porque no tenía más fuerzas, se acordó de las cosas que son importantes y se recordó que la bella señora le había dicho: «échate agua en la cabeza para poder ir al cielo».

Ahora, él iba a morir y él era el único que no se había bautizado. La bella señora, como buena madre, le tendió la mano sin él merecerlo. Como madre, lo perdonó, lo asistió, lo consoló y lo convirtió en su refugio de paz.

La bella señora es el punto de luz que nunca se apaga. Es el símbolo de esperanza y alegría de un corazón lleno de gracia que desprende una hermosa mirada de amor. Es un punto de luz que es tan intenso que, como linterna, ilumina el camino de la noche espiritual.

La Virgen de Coromoto nos invita a alegrarnos por ser hijos de Dios; por aceptar pacientemente los sufrimientos temporales. Ella anima a no perder esperanzas en el Dios Padre y siempre está allí para acompañarnos. La bella señora de Coromoto brinda su amistad y su amor maternal a cada uno de nosotros. Pidámosle que la podamos sentir en nuestro corazón porque ella es reina del verdadero Cristo, Rey del universo, que es Dios…y con Dios, ¡siempre ganamos!