#OPINIÓN | A 75 años de Hiroshima y Nagasaki, por María García de Fleury - 800Noticias
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María García de Fleury

El templo de la Paz, con el nombre de la Catedral de la Asunción de María, fue construido en homenaje a las víctimas de la II Guerra Mundial y de la bomba nuclear lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.

La idea de esta construcción surgió cuando unos monjes budistas se acercaron a saludar a los cuatro misioneros jesuitas católicos que sobrevivieron a la bomba atómica, lanzada el 6 de agosto de 1945. Le sugirieron que construyeran un templo por la paz, que simbolizara a Hiroshima en el cielo. Los jesuitas respondieron: «¡Sí, levantaremos una iglesia inspirada en la Madre de Cristo, quien ruega en el cielo por la paz!».

Los monjes budistas dijeron:  «¡Magnifico, no existe mejor símbolo de la paz mundial que el corazón de una madre!». El padre Lassalle, jesuita alemán, sobreviviente a la bomba nuclear atómica comenzó la construcción del templo en 1950 y se inauguró en 1954. En ella diariamente se reza el rosario. El Papa Juan Pablo II visitó el templo en su recorrido por Japón, en febrero de 1981.

Cuando cayó la bomba atómica una columna de seis kilómetros de altura se elevó sobre la ciudad de Hiroshima, matando a 160.000 personas. Habían cuatro sacerdotes jesuitas alemanes viviendo a un kilómetro del epicentro de la bomba. La Iglesia quedó destruida pero su residencia quedó en pie y los sacerdotes jesuitas sobrevivieron. Fueron examinados, interrogados por más de 200 científicos, quienes fueron incapaces de explicar cómo habían sobrevivido sin ningún efecto físico posterior.

Lo atribuyeron a la protección de la Virgen María, pues dijeron: «rezábamos diario el rosario juntos en esa casa».

El 9 de agosto cayó una segunda bomba en Nagasaki, donde se vio una columna de humo ondulante en forma de hongo que se elevó a kilómetros de altura sobre la ciudad japonesa, acabando instantáneamente con la vida de 70.000 personas. Otras 140.000 murieron después a consecuencia de la radiación.

Pero en Nagasaki, San Maximiliano Kolbe había establecido un convento con varios sacerdotes franciscanos, el cual quedó intacto y todos sobrevivieron. Allí también diariamente se rezaba el Santo Rosario.

En 1976, 31 años después del lanzamiento de la bomba, el Padre Schiffer, que tenía 64 años, asistió al Congreso Eucarístico de Filadelfia y relató su historia, confirmando que los cuatro jesuitas estaban aún vivos y no tenían ninguna dolencia.

Ahora, a 75 años de estos dramáticos acontecimientos de guerra hemos podido comprobar que la Liga de las Naciones estaba equivocada sobre el modo de alcanzar la paz. Lo que estamos llamados a hacer es a vivir el mensaje recibido en Fátima por los tres pastorcitos el 13 de julio de 1917 que decía: «Si no dejan de ofender a Dios en el Potificado de Pio XII comenzará otra guerra peor. Recen el rosario a diario. Hagan sacrificio. Pidan por la conversión de los pecadores y de los escépticos. Porque el rosario venera a la madre de Dios, conduce a Dio»…y con Dios, ¡siempre ganamos!