Los grandes amores de la Madre María de San José, por María García de Fleury - 800Noticias
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Religión

Por María García de Fleury

Difundir la vida y la labor religiosa de la Madre María de San José, quien vivió en una Venezuela llena de conflictos políticos  y sociales es una necesidad, porque es fomentar el espíritu de pertenencia de la gente del estado Aragua y de todos los venezolanos. El 7 de mayo de 1995 se convirtió en la primera beata de Venezuela en un acto solemne en el Vaticano liderizado por el Papa Juan Pablo II.

Madre María de San José sentía un gran amor por la Eucaristía que es el pan de vida, la presencia real de Dios en la hostia consagrada, también sentía gran amor por la Virgen, el rezo de Santo Rosario y la ayuda a los más necesitados.

Laura evangelista Alvarado Cardozo, así se llamaba de jovencita, había nacido el 25 de abril de 1875 en Choroní, estado Aragua, Venezuela. Desde pequeña decidió entregarse en cuerpo y alma Jesucristo, la llamaban la niña de Cristo porque usaba como collar un gran crucifijo. Con apenas 13 años pronunció un voto privado de virginidad y así comenzó su camino a la santidad, «quiero ser santa, pero Santa de verdad», decía, siempre enfocada en la Eucaristía, el amor y la ayuda a los más necesitados y desposeídos,

En ese tiempo en Venezuela no existían conventos por lo que pensó en irse del país y ser religiosa de clausura, pero a raíz de una peste el padre López Aveledo, que era el párroco del lugar, junto con Laura y unas amigas fundaron el Hospital San José para atender a la enorme cantidad de enfermos en la zona, este fue el primer hospital en Maracay. Recordemos que para principios del siglo XX no existían en Venezuela servicios hospitalarios sino medicaturas rurales y dispensarios, el país estaba gobernado por el general Antonio Guzmán Blanco quien persiguió abiertamente a la Iglesia Católica, cerró los templos y la despojó arbitrariamente de sus bienes.

En 1901 nacieron las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, fundadas por el Laura Evangelista quien adoptó el nombre de María de San José, en el convento su habitación siempre estaba al lado de donde estaba el Santísimo porque decía «En la Eucaristía está mi tesoro y allí está mi corazón», de allí que una de las labores primordiales de las hermanas era y sigue siendo elaborar hostias, de manera de regalárselas a los sacerdotes para que puedan consagrarlas y así entregar el cuerpo de Cristo a todos.

María de San José pasaba horas frente al Santísimo elaborando hostias, desde el momento de la fundación de la congregación hasta su muerte fue la superior en general llevando adelante la obra social que San José y luego la fue ampliando a casas hogares para niños como por ejemplo la casa hogar Inmaculada Concepción para atender a niñas en situación de abandono o de calle que sigue siendo referencia obligada de esa entrega al prójimo que dejó la madre María de San José durante casi 80 años.

Falleció el 2 de abril de 1967, la frase que resume parte de su vida y obra es «los desechados de todos, esos que nadie quiere recibir, esos son los nuestros». Vivió con gran sensibilidad humana el mandato de Jesús en el Evangelio «ámense los  unos a los otros». Jesús en la Eucaristía fue el núcleo, el centro, la razón dominante de su ser y hacer, la aspiración profunda y constante hacia la santidad, porque ella sabía que con Dios ¡siempre ganamos!

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