La Santa de los músicos y cantantes, por María García de Fleury - 800Noticias
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Religión

Por: María García de Fleury

Cecilia pertenecía a una familia noble de Roma, hacía muchos sacrificios, ayunaba e invocaba a los santos, a los ángeles y las vírgenes suplicándoles que guardaran su virginidad; sin embargo, su papá la obligó a casarse con un joven llamado Valeriano.

Cuando los recién casados se encontraban en la habitación después de la boda, Cecilia le dijo a Valeriano: “Tengo que comunicarte un secreto, debes saber que un ángel del señor está velando por mí, si me tocas como si yo fuera tu esposa el ángel se enfurecerá y tu sufrirás las consecuencias, en cambio, si me respetas el ángel te amará como a mí”.

Valeriano le pidió que le mostrara el ángel para creerle y Cecilia le dijo que si él creía en Dios y recibía el bautismo entonces vería el ángel. Valeriano fue a buscar ayuda, fue donde el Papa Urbano quien lo instruyó en la fe y lo bautizó; cuando regresó vio efectivamente a un ángel de pie junto a Cecilia, quien puso una guirnalda de rosas y lirios sobre la cabeza de los dos.

Valeriano siguió los pasos de su esposa, se hizo cristiano y optó por la castidad. La actitud tierna de la pareja era contraria a las obligaciones maritales y a los cultos imperiales, a pesar de su buena posición, la corrupción y la decadencia que los rodeaba herían constantemente su sensibilidad, estaban asqueados de Roma y la fe les daba sentido a su existencia.

En vez de mantenerla oculta y guardar las apariencias, la joven pareja manifestó y contagió entre familiares y amigos su castidad y su decisión. Tiburcio, el hermano de Valeriano fue el siguiente en convertirse; muchos acudían a escuchar las palabras persuasivas de Cecilia ante la presencia siempre impresionante del ángel.

El papa Urbano llegó a bautizar a 400 devotos en el cuarto de baño de la pareja, donde se hallaba escondido. El prefecto de Roma se enteró y como no consiguió que renegaran de sus convicciones ni siquiera con las torturas, los condenó a muerte.

Cecilia fue serena al patíbulo, el ángel protector detuvo de forma invisible los repetidos golpes del verdugo, que ante aquel prodigio huyó aterrado; su nombre era máximo y unos días más tarde se convirtió con toda su familia.

Las leyes romanas solo permitían tres intentos de ejecución, así que después de los tres golpes reglamentarios tuvieron que dejarla en libertad. Quedó muy maltrecha, pero sobrevivió tres días sin sufrimiento cantándole a Dios.

Esos días los dedicó a repartir sus riquezas y posesiones entre los pobres de la ciudad para finalmente morir en paz. Su magnífico palacio quedó en manos de los mendigos y necesitados que le guardaron eterna gratitud y hoy es una gran basílica dedicada a su memoria en Roma, donde se encuentra su cuerpo que esta incorrupto. Ella es la primera de todos los santos incorruptos.

Cecilia fue proclamada Santa en 1584 por el papa Gregorio XIII quien la nombró patrona de los músicos y los cantantes, porque había demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos, su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música.

Este joven matrimonio, Cecilia y Valeriano dedicaron su vida a Dios porque supieron que con Dios ¡siempre ganamos!