El trueque, reflejo de una crisis que va en aumento | 800Noticias
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800Noticias | @CrisbelVarela

La hiperinflación se continúa acentuando en Venezuela y ello ha traído como resultado una crisis humanitaria que ha golpeado fuertemente el bolsillo de la población en el 2019.

Con un cierre inflacionario en noviembre de 35,8%, según cifras de la Asamblea Nacional, el venezolano se aleja todos los meses, un poco más, de la canasta alimentaria. Sobreviene la desnutrición y el descontento social ante los “salarios de hambre” que se resumen en 300 mil bolívares mensuales.

Ante este panorama, las viejas costumbres comienzan a verse como “la única opción para poder sobrevivir”.

El trueque, una práctica existente desde el neolítico, se remonta en Venezuela al siglo XVI con el periodo indígena, cuando los pobladores de entonces intercambiaban alimentos por otros según sus necesidades.

En pleno siglo XXI y en medio de la crisis venezolana, los mercados populares de Caracas (Quinta Crespo, Catia, San Martín y Coche, entre otros) han retomado las viejas prácticas, intercambiando productos de la cesta básica por otros donde resaltan los alimentos auspiciados por el gabinete de Nicolás Maduro. Los que vienen en las conocidas cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Un comerciante que prefirió permanecer bajo el anonimato señaló que hace intercambios de productos todos los días y que la mayoría de alimentos que cambian son los de la caja por un cartón huevos, “que se les hace más necesario”.

Si la persona quiere una leche de las que también trae la caja, debe llevar siete productos al vendedor informal. Un aceite por cinco, verduras y frutas pueden ser de dos a tres productos de kilo, dos arroz por una bolsa de azúcar, entre otros.

“Si los productos no son de la caja, no los cambian, los venden”, indicó una compradora.

Por su parte, María González, caraqueña de 45 años, comentó que en su bolso traía consigo tres pastas de medio kilo, una harina y un arroz (todo de la caja CLAP) y eso se lo cambiaron por medio cartón de huevos, porque alega que con su sueldo no puede costearlo.

“Hacemos esto porque el salario no nos alcanza y con los cambios por lo menos conseguimos otras cositas. Cambio productos de la caja que a veces no son muy buenos por algo que necesito más”, explicó.

Las redes sociales y la nueva versión del trueque 

Aunque la práctica del trueque tiene décadas, las redes sociales le dieron un giro.

La pérdida del poder adquisitivo para adquirir productos de primera necesidad llevó al venezolano a no solo acudir a los mercados populares, sino también a la red social Facebook. Allí se han creado usuarios con nombres haciendo referencia a “ventas de garaje”, que consisten en publicar fotos de lo que cambian e incluso venden y dejan sus datos para ser contactados y concretar.

Esta actividad que no es una solución sino el reflejo de la crisis, se transforma en un fenómeno que ya no es sólo intercambiar comida. También entra en juego el cambio de ropa, nueva y usada, medicinas, calzado, electrodomésticos. Esta realidad pone en retroceso la perspectiva del país petrolero, donde compras que deberían ser comunes no están al alcance de todos.

La actividad conocida como trueque, que se volvió popular en las redes es solo un reflejo más de una economía inflada, la cual deviene en una crisis humanitaria que ha ocasionado muertes, desnutrición y migración.

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