El martirio de San Juan Bautista, por María García de Fleury - 800Noticias
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Religión

por: María García de Fleury

Celebramos el martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús. En el calendario romano este es el único santo de quién se celebra tanto el nacimiento el 24 de junio, como su muerte el 29 de agosto, cuándo fue decapitado por anunciar y denunciar la verdad.

Todos los evangelios comienzan la vida pública de Jesús con el relato de su bautismo en el río Jordán por medio de Juan Bautista en tiempos del emperador Tiberio, hacia los años 27 y 28 después de Cristo. De Jerusalén y de toda Judea acudía la gente a Juan Bautista a dejarse bautizar por él en el río confesando sus pecados, Juan invitaba abiertamente a preparar el camino para acoger al Señor, a enderezar los caminos desviados de la propia vida a través de una conversión radical del corazón. Predicaba la penitencia, la conversión e invitaba a reconocer a Jesús como el Cordero de Dios que vino a quitar el pecado del mundo.

La fama de Juan crecía cada vez más y él decía: «Detrás de mí viene uno a quien no soy digno, ni siquiera, de desatarle la cuerda de su sandalia», a Juan no se le ordenó negar a Jesucristo, si no callar la verdad, pero precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quiénes se desviaban de los mandamientos aunque fueran personas poderosas, por eso, cuando acusó de adulterio al rey Herodes y a Herodías, esta enfurecida, buscó el momento para hacer que el rey Herodes mandara a decapitar a Juan y a poner su cabeza en una bandeja para complacerla.

Juan pago con su vida su fidelidad a los mandamientos de Dios sin ceder ni retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias, al morir como mártir su culto se extendió a Jerusalén, a las iglesias de oriente, a Roma con el título de decapitación de San Juan Bautista;  ese valor y esa interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo total a Dios, ¿Cómo nació? ¿Cómo se adquirió? pues amigos, nació de la relación con Dios, nació de la oración, que es el hilo conductor de toda la existencia.

Celebrar el martirio de San Juan Bautista les recuerda a los cristianos de nuestro tiempo que el amor a Cristo, a su palabra, a la verdad, no admite componenda, la verdad es verdad sin componenda. Tengamos la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones, es esto solo puede tener lugar en nuestra vida, si es sólida la relación con Dios.

La oración no es tiempo perdido, no es robarle espacio las actividades, incluso las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario; solo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante confiada será Dios mismo quién nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía.

Amigos, que sea San Juan Bautista quién interceda por nosotros a fin de que sepamos conservar siempre adiós en nuestra propia vida porque estemos convencidos de que con Dios ¡siempre ganamos!