Cristo y el tiempo, por María García de Fleury - 800Noticias
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Soy María García de Fleury. Con frecuencia escuchamos a personas quejarse, no tengo tiempo para nada, y otros dicen, si algo me sobra a mí, es tiempo, aunque todavía es más frecuente escuchar como algunos protestan sobre cómo gestionan los demás su tiempo. Nunca tiene tiempo para mí. Si no saca tiempo para verme es porque no me quiere.

A veces hablamos del tiempo de los demás como si nos perteneciera. Usamos nuestra propia mirada y criterio para estimar qué cantidad de tiempo nos pertenece.

Al igual que cada persona necesita su propio tiempo, hay espacios temporales que necesitan a sus propias personas. No es lo mismo tener seis años que sesenta.

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Al igual que es muy diferente estar en una época tranquila de tu vida que en otra turbulenta. Cada edad y condiciones necesitan de unas personas u otras a tu lado. Es mejor no tener tiempo para nada.

Es mejor agradecer y disfrutar el tiempo que la vida te ofrece, que lamentarte y reprochar por aquel tiempo que la vida no te da.

Amigos, el tiempo tiene significado. Es lo que hace que nuestras vidas sean limitadas y que nuestras acciones tengan un sentido. Al igual que una persona es valiosa, el tiempo también es valioso.

Si lo respetas y lo valoras, estarás en el buen camino para vivirlo al máximo. Lo que sí es seguro. Es que el tiempo no regresa.

La iglesia marca el tiempo con el año litúrgico. Y es el último domingo del año eclesiástico cuando se celebra la fiesta de Cristo Rey.

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Ese es el día en que estamos invitados a conmemorar su soberanía sobre todos los hombres, mujeres y niños. Jesucristo ha venido. Jesucristo viene. Jesucristo vendrá otra vez. Jesucristo es Señor de todos y apenas hayamos celebrado.

El primer domingo del año, la fiesta de Cristo Rey, celebraremos el primer domingo de Adviento y comenzaremos el tiempo de nuestra preparación para la gran fiesta de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro año litúrgico católico sigue un ciclo rítmico que señala hacia el principio y el final. Y al hacerlo, enfatiza verdades importantes que son básicas para nuestra propia vida. Y que solamente pueden captarse a través de la fe.

Nuestra fe católica y sus prácticas litúrgicas proclaman a un mundo hambriento de significado y dicen que Jesucristo es el alfa y el omega, es decir, el principio y el fin de todo. Al mirar el tiempo con el lente de la fe, descubrimos que la vida es una peregrinación hacia la vida verdadera.

Dios invita desde ahora a participar de su plan amoroso a través de su Hijo Jesús para recrear todo el tiempo. El tiempo se convierte en el camino por el que avanza ese amoroso plan de redención.

Los bautizados en Jesucristo continúan su misión redentora hasta que Él regrese para establecer su reino.
Hacemos esto viviendo en su cuerpo que es la Iglesia y atrayendo al mundo entero al nuevo mundo.

La Iglesia en una de las descripciones favoritas de los primeros padres de la Iglesia dicen que ella es el nuevo mundo. En la fiesta de Cristo Rey celebramos el triunfo pleno y final.

Celebramos el regreso de Aquel a través de quien fue creado el universo entero y en que está siendo recreado el mundo Y por quien será completamente reconstituido y devuelto al Padre al fin de los tiempos. Porque el Padre es Dios y con Dios siempre ganamos.

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