Cristianos en la política, por María Garcia de Fleury - 800Noticias
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Religión

Por María García de Fleury

Ninguna persona puede vivir sola, necesitamos los unos de los otros y somos responsables tanto de nosotros como de los demás, esto es lo que hace que sea natural, el que vivamos en una sociedad donde existan relaciones con otras personas, así como distintos tipos de instituciones como la familia, la escuela la empresa, las alcaldías, los municipios, Parlamento, gobiernos, por eso nace la comunidad política para buscar el bien común y está abarca todas esas condiciones de la vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.

Como todos los seres humanos somos diferentes, hay variedad de opiniones variedad de intereses, tiene que haber entonces una autoridad elegida libremente por los miembros de la comunidad y a esta autoridad se le llama gobernante.

Ahora bien, todo gobernante es elegido para proporcionar el bien común, el orden moral, el orden jurídico legítimamente establecido, esto implica que los gobernantes elegidos no pueden dirigir la comunidad política como si fueran sus dueños, los gobernantes son administradores llamados a considerar como fundamentales para la vida y la acción política cuatro valores esenciales, la verdad, la justicia, la libertad y el bien común basado en el amor, de manera de lograr el desarrollo pleno de cada persona así como la convivencia social armónica de sus ciudadanos.

El Estado no está llamado a hacerlo todo, sino que las personas, las familias y las agrupaciones tienen mucha responsabilidad en el actuar de la vida social.

En la Encíclica, en el número 76, se dice que la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas cada uno en su propio terreno, ambas sin embargo, están al servicio de la vocación personal y social del hombre, ese servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia para el bien de todos cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas.

Recordemos amigos que los miembros de la Iglesia son al mismo tiempo miembros de la comunidad civil y al buscar ayudar a ambas instituciones puede y debe haber puntos de coincidencia, esto no significa que la Iglesia se confunda con el Estado ni que esté ligada a ningún sistema político concreto, como tampoco que exista un partido de la la Iglesia.

La Iglesia no participen política en el sentido de que no participa en la lucha política de los países ni favorece un régimen político por encima del otro, pero si es su deber orientar enseñar y corregir las acciones políticas que puedan afectar la salvación de los fieles, los cristianos reconociendo la legítima pluralidad de opiniones, respetando a los que piensen de otra manera, están en el deber de Participar con responsabilidad y espíritu de servicio el buen funcionamiento de la comunidad política.

Ningún cristiano puede asumir como criterio de acción alguna ideología que contradiga los principios del Evangelio ni la naturaleza propia de la fe, se podrá dialogar pero jamás se pueden ceder los principios fundamentales de la fe cristiana porque estos están dados por Dios y al exponerlos y aplicarlos sabemos que estamos en el camino correcto, porque son los principios establecidos por Dios y con Dios ¡siempre ganamos!

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