Los católicos de Estados Unidos apoyan la pena de muerte | 800Noticias
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Los designios del Papa no siempre coinciden con las opiniones de los fieles. El 21% de la población de Estados Unidos es católica, de acuerdo con las estadísticas del Pew Research Center, y gran parte de ella reside en alguno de los 31 estados que todavía admiten la pena de muerte. La que podría ser una mera casualidad estadística lo parece menos cuando se descubre que el 53% de los católicos estadounidenses tienen una opinión favorable a la ejecución de los reos. Por si fuera poco, ese apoyo supone un incremento en dos años del 10%. Si sirve de consuelo, es un descenso del 10% respecto a 2005.

El estado que lidera el número de ejecuciones es Texas donde, desde 1976, se han llevado a cabo más de un tercio de las ejecuciones de muerte del país, según señala The Washington Post. Allí se encuentra el condado de Dimmit, que hace frontera con México, y en el que el 91% de sus residentes son católicos.

Desde el ámbito más tradicionalista ya se han manifestado en contra de la decisión del Papa Francisco. «Creo que mucha de la gente pro-vida va a sentir que nos ha debilitado», explicaba Bill Donohue, presidente de la Liga Católica de Nueva York. «¿Qué necesidad había de cambiar?», se preguntaba, antes de añadir que «esto solo añadirá más confusión entre los laicos».

El último resquicio

En el lado contrario, Helen Prejean. Quizá los lectores recuerden a esta monja católica que Susan Sarandon encarnó en la película «Dead man walking» (traducida en España con el título de Pena de Muerte), dirigida por Tim Robbins. Prejean ha sido siempre una activista por la abolición de la pena de muerte. En una nota de prensa, declaró sentirse «llena de alegría y profundamente agradecida» porque el Papa Francisco «haya cerrado el último resquicio en la enseñanza social católica sobre la pena de muerte». La monja añadió que, aunque «la Iglesia Católica se ha opuesto durante muchos años a la pena capital», el lenguaje utilizado ha sido «ambiguo», lo que habría llevado a que «algunos afirmaran que las ejecuciones son moralmente admisibles».

Según Helen Prejean, fue el Papa Juan Pablo II el que «comenzó a oponerse a la pena de muerte». Eso sí, la monja advirtió que todo esto no dejan de ser más que palabras y que a éstas «debe seguirle la acción. Es la hora de abolir para siempre los asesinatos financiados por los estados».

Nueva York da el primer paso
A éstos les corresponde en gran medida dar o no el paso. Diecinueve de ellos ya lo han hecho. Por ejemplo, el estado de Nueva York, donde el último prisionero ejecutado murió en 1963. En 1995, el gobernador republicano George Pataki reinstauró la pena capital, que en 2004 la Corte de Apelaciones declaró inconstitucional. El actual gobernador, el demócrata Andrew Cuomo, reaccionó a la decisión del Vaticano anunciando que legislará para retirar la pena de muerte de las leyes de Nueva York. Lo hará, dijo, en solidaridad con el Papa y en honor de su difunto padre, Mario Cuomo, que trabajó contra ella en sus tres mandatos como gobernador de Nueva York, de 1983 a 1994. Hasta en 12 ocasiones vetó su reinstauración.

En Washington DC, John Gehring, director de la organización religiosa Faith in Public Life, dijo que «no hay duda de que el Papa quiere que los políticos presten atención a esto. No solo habla de manera interna. El Papa quiere elevar esto de forma definitiva a una cuestión pro-vida». Sin embargo, la condición de católico del gobernador republicano de New Hampshire, Chris Sununu, no impidió que en junio vetara el rechazo aprobado por la cámara legislativa del estado a la pena de muerte. Sununu explicó que no quiere que los criminales se crean que tienen «garantizada la misericordia».

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