Descubren que el origen del autismo no solo está en el cerebro | 800Noticias
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Hasta ahora, la comunidad científica consideraba a los trastornos del espectro autista como problemas exclusivos del cerebro: un desarrollo anormal de este órgano era el culpable de los síntomas. Pero un grupo de científicos de la prestigiosa Harvard Medical School creen que algunas de las manifestaciones del autismo se deben a una serie de mutaciones en los genes que devienen en fallas en determinados nervios de las extremidades.

Así, la falta de sensibilidad o la hipersensibilidad de los autistas, que muchas veces no soportan ser tocados, podría deberse a esta causa, y no a una deficiencia cerebral. Según aventuran, estos nervios estarían ajustados a un volumen mucho mayor en los autistas, haciendo que cualquier contacto se percibiera como exagerado o extremadamente molesto en ellos.

Hasta la fecha, la ciencia no ha sido capaz de determinar el origen exacto del autismo. La teoría más aceptada es que hay una serie de genes que si están presentes en los padres, predisponen a los niños a sufrir este trastorno.

Investigando sobre este origen genético, el equipo de Harvard han descubierto que los genes implicados en un tipo de mutación muy concreta de los nervios periféricos está presente en los autistas, y esto explicaría la sintomatología anteriormente descrita.

Los científicos evaluaron la reacción de varios niños (autistas y no autistas) a una variedad de estímulos, como un soplo de aire en su espalda o un pequeño golpe con diferentes objetos en la misma zona del cuerpo. Aquellos que tenían la mutación genética eran especialmente sensibles a cualquier tipo de cambio o impacto. Aunque fuera muy leve -un pequeño soplido- aseguraban sentir una gran presión sobre ellos.

En estos casos se detectó una activación inusualmente alta de los nervios que iban de su espalda al cerebro, por lo que los autores de la investigación concluyen que los niños autistas de verdad sienten un mayor dolor o incomodidad al ser tocados, y no es una percepción errónea de sus cerebros, como se pensaba hasta ahora.

Esta misma conducta se encuentra en los animales que tienen la misma mutación genética que altera sus nervios periféricos: los ratones que la sufren tienden a evitar el contacto con otros congéneres y con los objetos que les rodean. Hay que destacar que el autismo es un trastorno exclusivamente humano y que no se da en otros seres vivos, por lo que esté problema podría ser independiente.

El profesor Ginty, uno de los autores de la teoría de Harvard, asegura que este funcionamiento anormal de los nervios podría entorpecer aún más el modo de relacionarse con los demás que tienen los autistas. Su equipo trabaja ahora para descubrir alguna forma de que los nervios puedan tener un funcionamiento normal y los autistas no noten un tsunami de sensaciones desagradables cuando sean tocados.

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