Perú | El Congreso habla por el pueblo… pero el pueblo dice otra cosa - 800Noticias
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EFE

La aguda crisis que vive Perú se evidencia y resume en la extraordinaria fractura entre la población y sus necesidades y la clase política representada por un Congreso desapegado de la ciudadanía pese a esgrimir su representación como bandera.

De los graves eventos políticos que desde este lunes se están produciendo en el país, que arrancaron con la destitución por «incapacidad moral permanente» del expresidente Martín Vizcarra, se constata que pese a que el Congreso peruano insiste en hablar en nombre del pueblo, ese mismo pueblo está diciendo cosas completamente distintas.

Eso se percibe no solo en redes sociales -instrumento de comunicación preferido por los ciudadanos-, sino también en las encuestas de opinión, en la vida social y comunitaria, y ahora, con la beligerancia y el conflicto callejero que ha desatado la asunción de Manuel Merino como presidente de la República.

MANTRA EQUIVOCADO

«Por el pueblo», «en nombre del pueblo», «para el pueblo», «el pueblo dice no»…Así se expresaron una y otra vez los congresistas en la histórica sesión del lunes pasado en la que, abrumadoramente, votaron por la vacancia de Vizcarra, y asumiendo que los peruanos respaldaban la iniciativa.

Eso pese a que apenas una semana antes, el 80 % de los peruanos se mostraban en las encuestas opuestos a la medida y cerca de un 50 % de ellos respaldaba de hecho al Gobierno de Vizcarra, a pesar de las sospechas de corrupción que caen sobre él.

Las movilizaciones ciudadanas a lo largo y ancho del país, incesantes, espontáneas y en ocasiones violentas surgidas tras la destitución, que se han sucedido ya por 48 horas y no parecen amainar muestran también esa cara de la moneda, poco amigable.

«La brecha entre el Congreso y la gente es anterior a esta crisis y a todas las crisis precedentes, y eso se ve venir hace mucho tiempo. La clase política vive desconectada de la gente, es como si tuvieran una agenda y una dinámica desconectada», explicó a Efe el analista y experto en comunicación política Sandro Venturo.

Esta crisis se revuelve en ese contexto y se hace aún «mucho más evidente» con la vacancia que, sin lugar a dudas, «es altamente impopular» y hace que el nuevo Gobierno nazca con «muy poco respaldo».

UN PRETEXTO

Para la diputada Mirtha Vásquez, del izquierdista Frente Amplio y una de los escasos legisladores que votó en contra de la destitución, la reacción ciudadana no es una sorpresa ante el evidente uso retorcido del mecanismo constitucional de la vacancia.

«Está claro que (la vacancia) estaba siendo usado de pretexto por grupos de poder con intereses subalternos para tomar por asalto el Palacio, y esa es la verdad.(…) Lo han logrado. Esta decisión, sólo aparentemente legal, está claro que el pueblo no ha creído el argumento de lucha contra la corrupción y sí siente que hay un asalto al poder, incluso un golpe», razonó la congresista en declaraciones a Efe.

En esta línea, pese a los dichos de los legisladores, lo que «parece claro es que la mayoría del Congreso ha hecho una componenda interna y eso no está legitimado por la población».

«La población entiende de forma concreta que si bien no está de acuerdo con Vizcarra, sobre el que pesan graves acusaciones de corrupción, no es la vacancia la solución y que todo se dio en el marco de una pelea por el poder», dijo.

PELIGRO Y DEBILIDAD

Tras dos días con la gente en la calle y el presidente Merino en la búsqueda desesperada de un gabinete de ministros con el que poner a rodar nuevamente al país, sorprende, y mucho, el silencio de los líderes de los partidos que hicieron posible la destitución, como Alianza para el Progreso (APP), Acción Popular (AP, de Merino) y el fujimorista Fuerza Popular (FP).

Salvo algún diputado, que defendió la medida una vez más como «ataque sin compromisos» contra la corrupción, independiente, autónomo y sin componendas de ningún tipo, las directivas están calladas y aparentemente ajenas a lo que está sucediendo.

O demasiado sorprendidas ante la reacción ciudadana, que de hecho pone en peligro a esos partidos de cara a las elecciones de abril de 2021.

«Durante la vacancia no pareciera que tuvieran mirada de largo plazo, ni siquiera de mediano o corto plazo…Ahora asumen un Gobierno para el que no estaban preparados… Fue mas una reacción visceral que un juego de ajedrez político que no los lleva a ningún lado. Será un Gobierno de transición que se va a dedicar a sobrevivir», indicó Venturo.

Y en ese contexto, con las encuestas en contra, la calle encendida y unas elecciones inminentes, estos partidos vuelquen para tomar «medidas populistas desesperadas para ganarse el favor o la aprobación, de la gente».

DINAMITA

«Creo que se han dinamitado. Pensaron que esta decisión podría dar réditos políticos entre la población, creo que no entendieron y subestimaron que la gente sabe darse cuenta cuando sus actos son movidos por otros intereses. Eso les va a pasar factura en las elecciones cercanas, no van a olvidar lo que está sucediendo y tendrá impacto fuerte», sentenció Vásquez.

En el polo opuesto se están ubicando algunos candidatos para las elecciones generales de abril 2021, como George Forsyth, Julio Guzmán o Verónika Mendoza, quienes han criticado duramente al Congreso y defienden las movilizaciones ciudadanas contra Merino.

«Se está viendo, este es el momento de captar la votación en el electorado. A otros va a terminar sepultándolos. AP -el partido de Merino- está en una seria situación. No logran formar Gobierno, la actitud contra las marchas y la falta de coherencia de su mensaje muestra que no saben qué hacer y les va a pesar», añadió la diputada.

Venturo coincidió con esta apreciación, que empeora ante las dificultades que el Gobierno de Merino tendrá para comunicarse con la población.

«Una buena comunicación política se basa en tener bien claro el objetivo y el mensaje. Qué decir, para qué. Y este Gobierno transitorio improvisado no responde esas preguntas y su comunicación será probablemente fallida y confusa. Y ese es el inicio de un círculo vicioso que no ayudará a que gane legitimidad», sentenció.

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