Países toman más medidas contra racismo deporte - 800Noticias
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EFE | Foto referencial

La lucha contra el racismo en los recintos deportivos ha vuelto a situarse en el primer plano después de los insultos proferidos al jugador brasileño del Real Madrid Vinicius Jr. en Valencia.

Se trata de un problema que, en mayor o menor medida, se reproduce a nivel global y que ha obligado a muchos países a tomar medidas de calado y a legislar al respecto.

Europa

España en los últimos días ha sido el foco del racismo en el deportes, Las sanciones y penas contempladas en casos de delitos de odio pueden ser por la vía administrativa, a través de la Ley contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, que aplica la Comisión Estatal Antiviolencia, y por la vía penal en aplicación del artículo 510 del Código Penal, que castiga los delitos de odio con entre uno y cuatro años de prisión.

En Reino Unido el racismo hacia los jugadores tiene una consecuencia inmediata: la expulsión de los estadios y la pena de cárcel. El ejemplo más reciente es el de Antonio Neill, un chico de 24 años que envió un mensaje racista por redes sociales a un jugador y recibió una condena de cuatro meses de prisión, suspendida siempre y cuando no reincida en dos años, y tres años sin poder asistir a ningún estadio de fútbol del país.

Los insultos a jugadores ha proliferado en redes sociales en los últimos años, y también se mantiene en los diversos recintos deportivos, donde uno de los casos más sonados ocurrió en 2018 en Stamford Bridge, campo del Chelsea, cuando de los seis acusados de proferir insultos racistas a Raheem Sterling uno fue proscrito de por vida y los otros cinco recibieron sanciones de entre uno y dos años sin poder ir al campo.

El Código de Justicia Deportiva italiana recoge las sanciones que conllevan actos racistas. El jugador que incurra en ello podrá ser descalificado durante al menos diez jornadas o, en casos más graves, a inhabilitación permanente. También se contemplan sanciones a directivos y aficionados, destacando que la responsabilidad de cánticos, pancartas y demás manifestaciones de este tipo recae completamente en el club.

Además, la Serie A puso en marcha hace dos temporadas la iniciativa «Keep Racism Out», una campaña contra la discriminación impulsada en colaboración con la UNAR (Oficina Nacional contra la Discriminación Racial de la Presidencia del Consejo de Ministros) para acabar con esta práctica en los estadios a través de diferentes actividades que involucran también a los sectores juveniles.

La Federación Francesa de Fútbol elevó el tono tras el pasado Mundial y decidió acudir a la Justicia tras los insultos racistas contra muchos de sus jugadores en las redes sociales tras perder la final del pasado Mundial. Entre las decisiones adoptadas en los últimos tiempos para combatir esta lacra destaca la eliminación del Montereau, un equipo modesto cuya afición insultó a los jugadores de su rival, el Palaiseau, en un duelo de la Copa de Francia.

Alemania ha llevad la lucha contra el racismo en los estadios discurre en distintos niveles: entre los propios clubes, a escala de campañas de prevención entre aficionados y sobre todo de la Federación Alemana de Fútbol. La potestad cuando los incidentes ocurren en el terreno de juego es del árbitro, al que corresponde aplicar la llamada «regla de los tres pasos» -advertencia, interrupción por unos minutos del partido y finalmente suspensión del encuentro, de persistir la situación-.

Las medidas siguientes corresponden a la Comisión de Arbitraje, que puede dictar sanciones contra los responsables del estadio o club titular. En la temporada 2021/2022 se suspendieron más de 900 partidos en las distintas categorías -incluido fútbol amateur o categorías juveniles- por incidentes racistas.

Para mitigar este problema, la Federación Portuguesa de fútbol ha cambiado sus normas para la próxima campaña y reconoce ahora más comportamientos ilícitos en los estadios, con mayores castigos para los clubes si sus aficionados ofenden a un jugador o al público por su género, etnia u orientación sexual, entre otros. Asimismo, estipula que la primera infracción será castigada con una multa, la segunda impondrá una cuantía mayor y entre 1 y 3 partidos vetados al público, y en la tercera y siguientes están previstos de 2 a 5 partidos a puerta cerrada, además de un nuevo aumento de la multa económica.

El fútbol belga ha registrado sonados episodios racistas en los últimos años que han desembocado en sanciones y cierres parciales de estadios. «El problema es agudo, estamos en una situación lamentable», admitía el pasado enero el Consejo Disciplinario de la Unión Belga de Fútbol, que a mitad de esta temporada había abierto 98 expedientes por racismo, tras 153 la pasada campaña.

Ese órgano ha pedido que se aumente el número de árbitros y se asignen más personal a investigar esos casos, no sólo en el ámbito profesional sino también en las categorías inferiores ya que el 40 % de los ataques se relacionan con el fútbol juvenil. Hace dos años, la Federación lanzó un plan por la inclusividad y el pasado marzo lanzó un impactante campaña con un vídeo en que el un tatuador graba en la cara de un niño la palabra «macaco» para subrayar que el racismo y la homofobia pueden «marcar para siempre la vida» de una persona, al tiempo que se habilitó una web para que los jóvenes puedan denunciar sin temor a represalias.

La asociación neerlandesa de fútbol KNVB (Países Bajos) ha introducido una veintena de medidas divididas en tres pilares: prevención, identificación y sanción, como la duplicación a 10 años de la prohibición de acceso a los estadios; el nombramiento de dos fiscales especiales contra la discriminación, uno para el fútbol amateur y otro para el profesional; y la introducción de una aplicación que permite a los aficionados denunciar el racismo en las gradas o en internet.

Esto es parte de un plan conocido como «Nuestro fútbol es para todos» (Ons Voetbal Is Van Iedereen), creado por el gobierno neerlandés y la División de Honor (Eredivisie) y que incluye un programa piloto en estadios como el de Utrecht, Feynoord o PSV para combatir los cánticos racistas con ayuda de la tecnología inteligente, que debería proporcionar material audiovisual con el que identificar a los perpetradores.

En Suiza, el racismo también está presente en los terrenos de juego de los deportes más populares, especialmente en los estadios de fútbol, donde los grupos de aficionados ultras son numerosos y muy violentos. Ello ha obligado a la Asociación Suiza de Fútbol (AFS) a organizar talleres de formación para sensibilizar en esta materia a los jugadores y entrenadores de la liga helvética.

En Grecia, el fútbol sufre desde hace años bajo un elevado nivel de violencia, protagonizado por hinchas organizados en grupos de tendencia ultraderechista, lo que ha costado varias multas por parte de la FIFA por el comportamiento racista de sus seguidores, incluso durante partidos de su selección. Los diferentes gobiernos de Grecia y la Federación Griega de Fútbol no han sido capaces en los últimos años de tomar medidas concretas contra el racismo.

En octubre de 2022 la Federación Croata de fútbol (HNS) decidió reforzar su lucha contra el racismo invirtiendo más dinero en medidas de prevención y lanzando campañas en cooperación con los clubes y las televisiones con derecho de transmisión, contra el racismo y comportamientos inadmisibles en los estadios.

Para promover la tolerancia y la inclusión, la HNS firmó en marzo de este año acuerdos con representantes de organizaciones gitanas y judías para actuar contra el antisemitismo y la discriminación de gitanos.

En Serbia, la Ley de Deportes prohíbe cualquier forma de expresión de racismo, odio o animosidad sobre la base étnica o nacionalista. Exponer pancartas u otros objetos que promocionan el racismo se multa con hasta 17.000 euros. En el país, son más frecuentes los insultos nacionalistas por origen étnico en los Balcanes, sean contra serbios, croatas, bosnios o albaneses, como herencia de las guerras civiles en la región en los años 1990 y los sentimientos de odio que aún persisten en algunos círculos.

En Rusia se han tomado algunas medidas concretas como la prohibición permanente de entrar al estadio a un aficionado del Zenit de San Petersburgo que tiró un plátano al brasileño Roberto Carlos, lo que también acarreó una multa de 10.000 dólares al equipo. Además, en 2013 la UEFA cerró un sector del estadio del CSKA con vistas a un partido de la fase de grupos de la Liga de Campeones después de que un jugador denunciara «cánticos racistas» durante un encuentro disputado en Moscú.

América

Estados Unidos es un país particularmente sensible con el racismo, todas las ligas importantes (NBA, NFL, MLB, NHL y MLS) incluyen en sus «códigos de conducta de los fans» normas de comportamiento para prevenir actitudes irrespetuosas, con la opción de que los espectadores que las incumplan sean expulsados del estadio, se les retiren sus abonos de temporada e incluso sean arrestados y denunciados.

En el caso concreto de la NBA, la liga en su «código de conducta» no se refiere concretamente al racismo y habla en general de evitar «lenguaje abusivo o repugnante y gestos obscenos».Pero equipos como los Utah Jazz, con aficionados que han protagonizado incidentes de este tipo en el pasado, sí señalan de forma explícita que no permiten «discursos de odio, racismo, sexismo y homofobia».

La NBA, que ha apoyado rotundamente el movimiento antirracista «Black Lives Matter», no pasa por alto comentarios discriminatorios de los fans y, por ejemplo, un aficionado de los Portland Trail Blazers fue expulsado del estadio el pasado noviembre por lanzar insultos racistas al jugador Jordan Clarkson.

Tanto la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) como los directivos de la liga local han intentado erradicar de sus aficionados manifestaciones discriminatorias en los partidos de la selección de México como de los clubes. La tarea se ha enfocado en el grito homofóbico, por el que la FMF ha recibido más de 15 multas desde 2015 por parte de la FIFA.

Para ello, las autoridades firmaron sendos convenios en 2019 y 2022 con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación para sensibilizar a sus trabajadores y desde 2019 aplican en sus estadios el Protocolo de la FIFA, lo que ha permitido detener varios partidos ante la presencia de manifestaciones discriminatorias en las tribunas.

También, desde el 20 de abril pasado es obligatorio que los hinchas que entren a los estadios tengan un FAN ID, con el que se pretende prevenir discriminación en los inmuebles e identificar a los agresores, los cuales podrían ser vetados de por vida de los partidos del campeonato local o de la selección.

El pasado enero en Brasil se aprobó una ley que endurece las penas del delito de injuria racial (con el que se castigan las ofensas o insultos), equiparándolo al delito de racismo (que penaliza la discriminación).Gracias a esta ley, los insultos racistas se convierten en un delito imprescriptible, castigados con penas de 3 a 5 años de cárcel. Tampoco se permite el pago de fianza para librarse de la prisión preventiva.Si el delito se comete en un estadio, quien sea condenado también puede ser vetado de los recintos deportivos por hasta tres años.

La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) también modificó este año el reglamento de competiciones, en el que ahora se responsabiliza a los clubes anfitriones de los episodios de racismo, homofobia o cualquier otro tipo de discriminación, actos que considera de «extrema gravedad».El reglamento contempla la posibilidad de aplicar multas de hasta 500.000 reales (100.000 dólares) a los clubes o castigos deportivos como la pérdida de puntos o el veto al registro de jugadores. Las multas pueden duplicarse en el caso de reincidencia.

Hace casi diez años que se prohíbe el público visitante en los partidos de fútbol, pero todavía los cánticos discriminatorios se presentan en casi todos los partidos, con niveles variables y con repercusiones dispares. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ha invitado a sus clubes miembros a adoptar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional de Recuerdo del Holocausto como forma de educar, concienciar y promover los valores de convivencia en la diversidad.

En Argentina ya se había empoderado a los árbitros para suspender un partido de fútbol cuando se escuchan cánticos racistas, xenófobos o discriminatorios desde las tribunas, una medida que hoy está globalizada. Además, equipos como River Plate custodian las inmediaciones de sus instalaciones para evitar pintadas racistas, velar por la igualdad de trato a socios y retirar el abono al socio que forme parte de actos racistas o discriminadores durante un encuentro deportivo.

El Observatorio de la Discriminación en el Deporte del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) del Estado argentino lleva adelante una campaña -de relevamientos, acuerdos estratégicos, acompañamiento institucional y concientización- para prevenir y erradicar la discriminación en el ámbito deportivo.

Hasta 2018 no existía un protocolo para luchar contra el racismo en el fútbol profesional de Paraguay. Ese año se incluyó en el Reglamento General de Competiciones de la Federación Paraguaya de Fútbol (APF), que ha multado a algunos clubes por episodios de ataques xenófobos en contra de algunos jugadores.

Además, la Conmebol, con sede en Paraguay, ha establecido diversas acciones con instituciones públicas de Brasil y Paraguay para trabajar en la lucha contra el racismo y firmó una alianza con las Defensorías Públicas de ambos países «para solidificar las normativas y campañas que la Conmebol desea implementar en sus torneos».

El fútbol colombiano no ha sido ajeno a los insultos racistas, lo que ha sido condenado por su Federación de Fútbol (FCF), para quien «el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y demás conexos son conductas inaceptables que deben ser repudiadas y sancionadas con todo el rigor judicial y disciplinario, y erradicadas de los estadios en el mundo». Además, en el país existe el Comité Disciplinario de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) que ha llegado a suspender con ocho partidos a un jugador por emplear «lenguaje ofensivo, discriminatorio y racista» contra un entrenador rival.

En Perú se lanzó en 2013 una campaña propuesta por el Ministerio de Cultura para difundir en los escenarios deportivos, anuncios publicitarios y redes sociales el compromiso en la lucha contra la discriminación étnico-racial en el fútbol, con el objetivo de acabar con «una conducta colectiva de tolerancia ante la discriminación». Desde febrero de ese año la Federación Peruana de Fútbol (FPF) anunció la adopción de sanciones para castigar actos de racismo y xenofobia, que incluyen la suspensión temporal del estadio, jugar encuentros a puerta cerrada y la prohibición, temporal o definitiva, del ingreso de agresores a los escenarios deportivos.

En 2017, el ministerio de Cultura suscribió un Pacto Público contra el Racismo en el Fútbol, junto a representantes de la FPF, el Instituto Peruano del Deporte (IPD), la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP) y los clubes profesionales peruanos cuyas disposiciones se mantienen y se han traducido en cierre de estadios y multas.

La Federación Ecuatoriana de Fútbol contempla sanciones de cinco a ocho partidos para jugadores o miembros de cuerpo técnico que incurran en actos de discriminación.

El caso más sonado de discriminación en el fútbol boliviano es el del jugador brasileño Sergio Henrique Francisco, Serginho, quien sufrió insultos racistas en al menos cuatro ocasiones y llegó a denunciar los hechos ante el Tribunal de Justicia Deportiva, que estableció sanciones a los culpables.

Tras otra de sus denuncias, la Federación Boliviana de Fútbol realizó una campaña en 2019 con el mensaje «Le sacamos la tarjeta roja al racismo». El Código Disciplinario de esa entidad cuenta con un artículo que aborda las faltas de carácter discriminatorio con sanciones como descuento de puntos al equipo o incluso el descenso, mientras Bolivia cuenta con una ley, desde 2010, Contra el racismo y toda forma de discriminación.

La Federación Venezolana de Fútbol (FVF), cuenta con un canal de denuncias a través de una cuenta de correo electrónico y ofrece charlas de sensibilización a jugadores profesionales de clubes y selecciones nacionales de las distintas categorías. Además, se pone disposición de quienes lo requieran las instancias legales, como el Consejo de Honor, el oficial de Integridad y Cumplimiento, y la Comisión Ética, que «atienden cualquier posible situación de racismo que pueda ocurrir en nuestro fútbol».

La Ley Contra la Violencia y el Racismo en el Deporte de Costa Rica, aprobada en 2020, establece que a quien manifieste insultos o actos racistas y violentos se le impedirá el ingreso o la permanencia en el recinto deportivo y no podrá asistir a eventos deportivos hasta por 4 años. Si es el atleta, árbitro, o juez deportivo el que incurre en un acto de racismo o violencia se expone al retiro de su licencia por un periodo de entre 1 a 4 años, y hasta el retiro definitivo si es reincidente.

El comisionado de la Liga Panameña de Fútbol (LPF), Giorgio Famiglietti, señaló a EFE que en Panamá existe «cero tolerancia» frente al racismo, y recordó que la liga cuenta en sus reglamentos con un procedimiento o Código de Conducta en caso de que se produzcan este tipo de insultos en los estadios. En el país existe una Comisión Disciplinaria que depende de la Federación y si un árbitro detecta actitudes racistas detiene el partido y si persiste se cancela.

En Nicaragua no se han adoptado medidas contra el racismo en el deporte, pese a que se han dado algunos casos, en ocasiones en partidos de béisbol, el ‘deporte rey’ del país.

Según el Código Disciplinario de la Federación Salvadoreña de Fútbol (Fesfut), el que públicamente humille, discrimine, ultraje a otra personas de forma que suponga un atentado a la dignidad humana por razón de su raza, color, idioma, religión u origen étnico, o adopte de alguna otra manera una conducta resista o que denigre al ser humano, será suspendido por un mínimo de cinco partidos en todas las categorías.

Además, el órgano disciplinario competente puede prohibir el acceso al estadio al infractor así como la imposición de multas de diversa cuantía en función de la gravedad de los hechos


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