Tiananmen | Hace 31 años Beijing aplastó con tanques las aspiraciones democráticas de los chinos | 800Noticias
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Después de 1989, ya nada volvería a ser igual para el mundo del otro lado de la cortina de hierro. Uno a uno los países bajo la esfera de influencia de la Unión Soviética, comenzando con Polonia y Hungría hasta llegar a Checoslovaquia y la Alemania Oriental, comenzaron en ese agitado año a romper sus lazos con Moscú y anunciar el inicio de sus particulares procesos de liberalización y reforma.

Frente a esa ola revolucionaria, impulsada por las protestas estudiantiles y obreras frente a largos años de estancamiento económico y la saturación ante la corrupción del partido único, las autoridades comunistas europeas decidieron no usar la violencia y ceder progresivamente, reconociendo así el inicio de su propio colapso.

La onda expansiva de este proceso llegó también a China, el lejano socio socialista que en las décadas anteriores se había alejado del mundo soviético y encarado un programa de apertura económica, restableciendo en el proceso las relaciones con los Estados Unidos.

Allí, como en Europa del este, los estudiantes lideraron las demandas por una mayor apertura política, esperanzados con que éstas fueran una etapa superior, y natural, de las reformas económicas ya en marcha. Las primeras manifestaciones fueron desencadenadas por la muerte del dirigente comunista pro reforma Hu Yaobang, el 15 de abril de 1989, y se trasladaron a más de 340 ciudades en todo el país, incluyendo Beijing, la capital.

Pero sus esperanzas habían sido desmedidas

Temeroso del futuro del régimen, el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCCh), cuya cara visible era Deng Xiaoping, el “arquitecto” de la reforma económica, acabó dictando la ley marcial y envió al Ejército Popular de Liberación a aplastar las manifestaciones.

Transportes blindados de tropas destruidos durante los disturbios (AFP)Transportes blindados de tropas destruidos durante los disturbios (AFP)

Todavía no se sabe cuántas personas murieron bajo el fuego y los tanques del ejército que marcharon para desalojar la plaza de Tiananmen y los muchos otros sitios tomados por los estudiantes en todo el país, pero las estimaciones varían entre 300 y 3.000 personas.

Las imágenes de los estudiantes enfrentando a los tanques, tomadas por una numerosa comitiva de prensa internacional que se encontraba en Beijing cubriendo el encuentro entre el premier soviético Mikhail Gorbachov y los líderes chinos, dieron la vuelta a todo el mundo

Tras la masacre de Tiananmen, las reformas y la apertura económicas continuaron a buen ritmo, dando inicio a una fase de impresionante crecimiento económico y de la riqueza en el país, que en poco tiempos comenzaría a extender su influencia en todo el mundo.

Pero el régimen autoritario de partido único se mantuvo igual de fuerte, nunca cayó como había ocurrido ya en Europa del Este y luego en la URSS, y, por el contrario, en las décadas subsiguientes el modelo control social crecería en sofisticación y tecnología. El reclamo por la democratización y la apertura parecen haber sido aplastados primero por los tanques, luego por el mejoramiento en las condiciones de vida y finalmente gracias al control dengcido a través de internet.

“Desde el comienzo de sus reformas económicas, Deng se enfrentó a numerosos problemas. Éstas sin duda mejoraron las condiciones de vida, aliviando el enojo popular con el Partido Comunista, pero la liberalización económica también trajo consigo demandas de liberalización ideológica y política”, consideró el periodista y disidente chino Liu Binyan en su artículo “The Long March from Mao: China’s De-Communization” (La larga marcha lejos de Mao: la descomunización de China), publicado por la Universidad de Nueva York.

Las reformas económicas, también, generaron ganadores y perdedores y otorgaron a los miembros del régimen la posibilidad de aumentar sus abusos de poder y la corrupción creció, indicó Liu. “Sin reformas políticas para mejorar la eficiencia del gobierno y su credibilidad, las reformas económicas eran inevitablemente débiles”, agregó el periodista graduado en la Universidad de Harvard, para señalar luego que todo esto confluyó en el movimiento pro democracia de 1989.

“Deng usó a los militares para suprimir al movimiento pro democracia en la plaza de Tiananmen y de esa manera preservó el régimen comunista. La masacre y la purga posterior dañaron al activismo en favor de la democracia, pero el propio prestigio de Deng y sus reformas económicas también fueron heridos”, explicó.

La caída de la URSS

Para Noah Feldman, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Harvard, los líderes del PCCh entendieron que aceptar la democratización llevaría al colapso del régimen. “Lo ocurrido en la URSS sugiere que, aunque tal juicio sea inmoral, no deja de ser correcto”, consideró en su libro Cool War: The United States, China and The Future of Global Competition (Guerra fresca: los Estados Unidos, China y el futuro de la Competencia Global).

Mientras que para Henry Kissinger, ex secretario de Estado de Estados Unidos, y arquitecto del acercamiento entre su país y China durante la década de 1970, los problemas enfrentados por Moscú y Beijing en 1989 eran muy diferentes.

“La controversia en China era sobre el modo en el que el PCCh debía gobernar. La disputa soviética era si el Partido Comunista debía gobernar”, explicó Kissinger en su libro On China. “Al darle prioridad a la reforma política (glasnost) por sobre la reestructuración económica (perestroika), Gorbachov había hecho inevitable la controversia sobre la legitimidad del régimen comunista”, agregó.

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