Los Grimaldi escenifican una prudente reapertura de Mónaco | 800Noticias
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Agencias

Los Grimaldi, el príncipe Alberto y los hijos de Carolina, reaparecen en público por primera vez en meses con mascarillas, en una prudente reapertura del principado de Mónaco.

Mónaco ha comenzado un lento desconfinamiento en consonancia con su leyenda: entre rumores de embarazos, encuentros y desencuentros apasionados, suntuosos acontecimientos fallidos y una principesca voluntad de hierro en la gestión íntima y financiera del Principado.

Al inicio de la crisis sanitaria, llegó a temerse por la vida y el matrimonio del Príncipe Alberto II, al conocerse su temprano contagio del Covid-19. Durante un tiempo, la Princesa Charlene estuvo alejada de los aposentos donde su esposo fue tratado con eficacia hasta superar la enfermedad. La crisis ha tenido un final feliz y el forzoso alejamiento de ambos cónyuges ha propiciado una relación más cercana de Charlene con una parte de los Grimaldi, en particular con los hijos de la Princesa Estefanía (Louis, Pauline y Camille).

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La gravedad de la pandemia ha terminado por diluir los rumores de nuevas desavenencias entre el Príncipe Alberto y Charlene, que pronto han quedado eclipsados por un nuevo acercamiento entre ambos y con la puesta en valor de Estefanía, la más «rebelde» y también la más sincera de los tres hijos de Rainiero y Gracia de Mónaco.

El pasado 6 de abril, cuando la crisis sanitaria pasaba por su peor momento, se conmemoró el 15 aniversario de la muerte de Rainiero III. Y fue precisamente la Princesa Estefanía quien, en nombre de los Grimaldi y desde su residencia en el barrio de Fontvieille de Mónaco, tomó la palabra para recordar a su padre en unos momentos dramáticos: «Mi padre nos sirve como ejemplo de entereza moral. Hoy más que nunca. ¿Qué son seis u ocho semanas en la vida de un hombre o una mujer? Es el momento de estar unidos, en familia, en nuestra casa».

Carolina, en soledad

La Princesa Carolina, por su parte, ha preferido vivir el confinamiento en soledad, cumpliendo la más estricta disciplina, mientras que su hija Carlota Casiraghi se ha refugiado lejos de la Costa Azul, en una residencia al norte de Francia y en compañía de su marido, Dimitri Rassam, y de sus hijos. Precisamente se prestan a la actriz Carole Bouquet, suegra de Carlota, confidencias sobre un embarazo de su nuera durante el confinamiento.

A la espera de futuras noticias, Alberto II ha vuelto a tomar las riendas de los negocios públicos de Mónaco, con iniciativas políticas y económicas de fondo. Pese a la gravedad de la situación, el coronavirus solo se ha cobrado en el Principado (38.000 habitantes) cuatro vidas, así como 97 contagios, entre otros el del propio monarca, quien, en el periódico «Le Figaro», acaba de hacer un balance prudente: «Nuestro pueblo se ha comportado con un rigor y una solidaridad ejemplares. Debemos seguir así. Mónaco debe proceder al desconfinamiento al ritmo de Francia. Hacerlo de otro modo sería irresponsable y peligroso».

El pasado fin de semana se debía haber celebrado el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. Su cancelación, por vez primera desde 1954, ha sido algo así como una catástrofe nacional, al igual que la del torneo de tenis o el aplazamiento de la Fiesta de la Rosa ha sido aplazada. En su lugar, el propio Alberto II, acompañado por los hijos de la Princesa Carolina, Andrea y Pierre Casiraghi, y la esposa de este último, Beatrice Borromeo (vestida de Dior), escenificaron el prudente desconfinamiento monegasco acompañando a John Elkann, presidente del grupo Fiat Chrysler, y al piloto Charles Leclerc durante el rodaje de un anuncio para Ferrari.

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Decisiones «difíciles»

Gestor formado en Wall Street, Alberto II no oculta la gravedad de la crisis: el Estado ha perdido entre 170 y 180 millones de euros de ingresos, el déficit público ascenderá a unos 500 millones y ha sido necesario desembolsar más de 350 millones para ayudas de urgencia… Cifras comparativamente modestas ante el abismo de las deudas presentes y por venir de Italia, España y Francia.

Pero cifras significativas, para una economía muy dependiente del turismo de lujo, las inversiones y los negocios inmobiliarios, precisamente cuando Mónaco estaba realizando obras excepcionalmente importantes para extenderse en sus propias aguas territoriales. A juicio de Alberto II, es el momento de relanzar proyectos como el Museo Oceanográfico Nacional, una de las «joyas de la corona». Y ha lanzado un llamamiento internacional: «Sin duda, la crisis tendrá consecuencias financieras. Pero, más allá de esos problemas inmensos, será necesario tomar decisiones valientes y difíciles».

ABC.es

 

 

 

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