Jóvenes bogotanos conquistan la calle de noche con música y cacerolas en mano - 800Noticias
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EFE

Antorchas, música y bailes prenden la noche de Bogotá con la protesta de los jóvenes que se reúnen desde hace tres días en puntos clave de la ciudad, como el Parque de los Hippies, la Plaza Bolívar o la Avenida Park Way, para manifestarse contra el Gobierno del presidente Iván Duque a golpe de cacerola.

Todo comenzó el jueves, cuando se daba por terminada la jornada de «paro nacional», con un cacerolazo espontáneo en apartamentos del barrio de Chapinero que se regó como pólvora por toda la ciudad y acabó en fiesta en las calles, bajo la estrecha vigilancia de la Policía.

Ni siquiera el viernes, día en que la Alcaldía decretó el toque de queda a las nueve de la noche debido a una ola de violencia y saqueos en barrios del sur de la ciudad, los bogotanos, animados por la juventud, se privaron de protestar e ignorando la medida salieron de nuevo a las calles con música y tambores, hasta entrada la madrugada.

Y el sábado fue la «noche de las antorchas», precedida de una manifestación vespertina en la que una multitud se congregó en el Parque Nacional y avanzó hacia la Plaza de Bolívar, de donde fueron dispersados por la Policía que disparó en las cercanías una bomba aturdidora e hirió gravemente en la cabeza al estudiante Dylan Cruz, de 18 años, que permanece en coma inducido en un hospital.

Rechazo a la violencia

En el Parque de los Hippies una marea humana llenó la plaza con antorchas, ollas y maracas para rechazar la violencia y reivindicar los motivos del paro nacional en un tono festivo, que no terminó hasta altas horas de la madrugada.

Cristian Hurtado, estudiante de 18 años, acompañado de su hermana de 6, explicó a Efe que estaba desde las ocho de la mañana manifestándose y que no pararía hasta que el Gobierno fuera capaz «de impulsar un cambio radical y blindar apoyo a las escuelas, a las universidades públicas, a la educación y a las pensiones».

Hurtado relató que estudia Enfermería y a su vez trabaja de vendedor informal para ayudar a la economía de su casa, donde viven seis personas.

Por su parte, Jessica Ortega, estudiante de Economía de 28 años, se mostró «esperanzada» al sentir que «la gente está reaccionando», y ver que algunos vecinos que «no habían marchado, se unían al cacerolazo».

«Si la gente se une en torno a estas causas podemos conseguir algo», exclamó la joven.

Fuego y música 

En la Avenida Park Way, del barrio residencial de Teusaquillo, las cacerolas empezaron a sonar pronto en la tarde, con participantes de todas las edades, niños y pensionados que salían a pasear sus perros y aprovechaban para unirse a la masa de gente.

En el primer piso de una cadena de restaurantes los trabajadores, vestidos con uniforme, salieron a las ventanas para unirse con sus pucheros y sartenes al rítmico devenir de las cacerolas, de los tambores y los cánticos de descontento contra las políticas del Centro Democrático, el partido de Gobierno, y a favor de un cambio.

Los jóvenes prendieron varias hogueras en el asfalto y pasaron la velada sin interrupción de ningún cuerpo de seguridad, solo con el ruido del helicóptero policial a lo lejos, a diferencia de lo que ocurría en el Parque de los Hippies, altamente custodiado por la Policía y su Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

Salsa y Arengas 

En estas concentraciones la música está siempre presente, haciendo valer la fama de Colombia y sus carnavales, con equipos de sonido poco ambiciosos pero muy útiles para devolver el eco del descontento a los manifestantes con las notas de Silvio Rodríguez, Calle 13, o la salsa de Los Hispanos y Rodolfo Aicardi.

«Tú no puedes comprar al viento, tú no puedes comprar al sol, tú no puedes comprar la lluvia, tú no puedes comprar al calor», cantaban a coro los jóvenes, que sustituyeron la fiesta o la «rumba» de cada fin de semana por las canciones de protesta de otras décadas.

Bajo el latir de la fiesta y las canciones, no se olvidó en ningún momento el motivo de la reunión; cada poco volvían los cánticos reivindicativos; «Viva el paro nacional», o «Fuera Duque, Fuera Duque», o se guardaba silencio por Dylan Cruz, el joven herido por el Esmad.

Con tanta emoción, el amor juvenil afloró en los márgenes de uno de los grupos que bailaba alrededor del fuego y de los altavoces, con parejas besándose en los puntos ciegos de la luz de las farolas y los gritos de la gente contra Duque como banda sonora de su amor.

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