Familiares y vecinos abarrotan primer funeral por niña colombiana asesinada - 800Noticias
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EFE

La iglesia de Santa Teresita en Bogotá acogió la mañana de este miércoles la primera misa de exequias por la pequeña Yuliana Andrea Samboní, la niña de siete años que fue secuestrada, violada y asesinada el pasado domingo en un apartamento de un barrio acomodado de Bogotá.

Familiares, vecinos y amigos de la menor han acudido al templo, administrado por una servicial comunidad de la orden de los Carmelitas para despedirse de ella en una emotiva ceremonia donde no han faltado los cantos corales que tanto gustaban a la pequeña.

Alejandra Enciso, artista de la Orquestra Filarmónica de Bogotá y profesora de Yuliana, aseguró a Efe que la niña era “atenta, juiciosa, tierna y alegre” y destacó su afición por los espectáculos corales.

Asimismo, la profesora explicó que cuatro miembros del coro que acompañó las exequias del miércoles eran profesores de la menor.

Poco después de las diez de la mañana, la comitiva mortuoria salió a pie de la Funeraria Los Olivos del barrio Palermo, a escasos metros de la iglesia donde tuvo lugar la misa.

El cortejo fúnebre estaba encabezado por un payaso de tez taciturna y llorosa, seguido por el coche que portaba la pequeña, escoltado por seis agentes del Gaula, el grupo antisecuestros de la Policía de Colombia, con uniforme de gala y por más de un centenar de allegados de la menor.

A su paso por la calle 43, la comitiva fúnebre rompía la tranquilidad matinal del tradicional barrio bogotano de Teusaquillo con insistentes gritos que reclamaban “justicia para Yuliana” y pedían exaltados la muerte de Rafael Uribe Noguera, su presunto asesino.

Ya en el templo -lleno hasta los topes y fastuosamente decorado con motivos navideños-, el sacerdote Ruben Darío Ramírez, que presidió la ceremonia, recibió el pequeño ataúd blanco de la niña y lo roció con agua bendita.

El féretro de la menor fue ubicado frente al altar, donde también se exhibía un pequeño nacimiento navideño, aún sin la figura del niño Jesús. Ese papel lo interpretaba el miércoles de manera simbólica la pequeña Yuliana, cuya trágica muerte ha conmocionado Colombia.

Las primeras hileras de bancos del templo fueron ocupadas por los familiares y amigos más cercanos de Yuliana, entre los que no estaba su madre, que fue hospitalizada tras conocer la noticia y está embarazada.

La emotiva ceremonia, cuyos cánticos corales y oraciones conmovieron a los asistentes, acabó con un estremecedor aplauso que retumbó dentro las paredes del templo y que acompañó la salida del cuerpo de la pequeña del lugar.

En el exterior, centenares de ciudadanos esperaban los restos mortales de Yuliana entre una gran expectación mediática, que acorraló el auto fúnebre hasta que este se perdió por entre el inmisericorde trafico bogotano en dirección al Comando Aéreo de Transporte Militar (Catam).

Este aeródromo será el punto de partida del último viaje de Yuliana, que será trasladada a la recóndita aldea del departamento del Cauca (suroeste) en que nació para descansar para siempre.

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