El telescopio James Webb nos mostrará cosas inimaginables - 800Noticias
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EFE / Foto Referencial

El 25 de diciembre de 2021, James Webb, el mayor telescopio del mundo, era enviado al espacio y, tras un despliegue perfecto, seis meses más tarde, el presidente de EEUU, Joe Biden, sorprendía al mundo con la primera imagen científica captada por esta maravilla tecnológica: la primera del espacio profundo.

El telescopio, construido por la NASA, la agencia espacial europea (ESA) y la agencia canadiense, superó todas las expectativas con la imagen -con un detalle y una resolución sin precedentes- de SMACS 0723, una región con un enorme cúmulo de galaxias. «Va a mostrarnos cosas que ni imaginamos», auguró Macarena García, científica del proyecto para Space Telescope and Science Institute y astrónoma de ESA.

El telescopio funciona en el infrarrojo y puede ver objetos fríos, muy lejanos u ocultos tras el polvo. Esto no solo ayudará a estudiar el universo primitivo, la evolución de las galaxias, el ciclo de vida de las estrellas y la composición de otros mundos, sino que ha abierto una nueva era en la investigación astronómica.

 «Su rango de observación es único: va de lo más cercano, el Sistema Solar, hasta las galaxias más lejanas del universo primitivo», dijo en una entrevista con EFE.

En el Sistema Solar ha dado datos bastante revolucionarios, sobre todo de los anillos y satélites de planetas como Júpiter y Urano, «que es donde más está marcando huella», pero también mucha información sobre las atmósferas planetarias, no solo de su composición sino también de su clima y sus tormentas o patrones de viento.

Un ejemplo: No hace mucho, Webb descubrió que en Europa -un satélite de Júpiter- hay dióxido de carbono endógeno, «que es un potencial de vida, tal y como nosotros la entendemos, y eso indica que quizás haya vida bacteriológica. Eso ha sido nuevo y revolucionario».

Más allá del Sistema Solar

Fuera de nuestro vecindario, una de las misiones de Webb era estudiar los exoplanetas, pero eso exigía ser muy estable y «hasta el lanzamiento no sabíamos cómo sería. Ahora ya lo sabemos: es increíblemente estable».

Gracias a ello, en los exoplanetas gaseosos, está midiendo una cantidad «bastante espectacular de moléculas y compuestos químicos en sus atmósferas, como carbono, dióxido de carbono o agua», y está analizando sus composiciones «para saber si sus elementos son componentes químicos primordiales o se han creado debido a la radiación de la estrella».

Entre los rocosos, «todos quieren encontrar es uno que tenga atmósfera», reconoció García, pero «es difícil» porque muchos están demasiado cerca de su estrella como para poder tenerla.

«Uno de los sistemas más conocidos es Trappist, cuya estrella está orbitada por siete planetas rocosos que, comparados con nuestro Sistema Solar, estarían en la órbita de Mercurio». Algunos están «muy cerca del sol» y otros, al estar «más lejanos», podrían tener una atmósfera, sugirió.

Pero aunque los exoplanetas atraigan mucho la curiosidad del público, dar con una ‘Tierra 2’ exige unas condiciones: temperatura necesaria para albergar agua líquida y una atmósfera con elementos como oxígeno y vapor de agua y otros derivados de la presencia de vida, «básicamente moléculas con carbono».

García cree que «falta tiempo y tecnología para descubrir una nueva Tierra» pero «teniendo en cuenta que en nuestra galaxia hay miles de millones de estrellas y que en el universo hay miles de millones de galaxias, lo más probable es que en algún planeta haya las condiciones de vida favorables, otra cosa es que lo encontremos», razona la astrónoma.

Para eso, la NASA trabaja ya en el telescopio Habitable Worlds Observatory, del mismo tamaño que el Webb pero muchísimo más estable y capaz de buscar planetas habitables, avanzó en la entrevista con EFE.

Descubrimientos Webb

Lleva poco en activo, pero Webb ya ha observado «cosas increíbles», como una kilonova, la fusión de dos estrellas de neutrones muy masivas que orbitan una alrededor de la otra y explotan como supernova porque no son lo suficientemente masivas como para llegar a ser agujero negro.

De esa fusión, captó por primera vez cómo surgen elementos químicos pesados como el telurio, algo «bastante espectacular porque sabemos que todos los elementos químicos del universo se crean en las estrellas pero entonces vimos que los más pesados lo hacen en la fusión de estas estrellas».

García también destacó su aportación a la constante de Hubble, la ley que marca la expansión del universo: «Si mides ese valor utilizando estrellas locales y cercanas o si lo mides usando radiación de fondo cósmico de microondas, te dan números diferentes. Es decir, es como que la expansión se está acelerando».

La paradoja se había observado con el telescopio Hubble pero siempre quedó la duda de si lo estaría midiendo bien. «Con Webb se ha vuelto a medir de una manera muy, muy detallada y se ha visto que, efectivamente, la discrepancia continúa» aunque no se sabe por qué «y eso es súper interesante».

Galaxias muy lejanas

Espectaculares son también sus estudios de galaxias. Ceers-2112, por ejemplo, es parecida a la Vía Láctea, forma una espiral en torno a una barra de estrellas y se formó hace 11.700 millones de años, cuando el universo solo tenía 2.100 millones de años (el 15 % de su edad actual que se calcula en 13.800 millones de años).

Su descubrimiento cambió la concepción del universo temprano porque demostró que aunque es sumamente antigua, está bien organizada y evolucionada, como la Vía Láctea, que es millones de años más joven. Constatar que esas primeras galaxias lejanas y antiguas ya tenían generaciones de estrellas «básicamente evolucionadas» es «asombroso».

Pero para García el sueño sería dar con «el origen de todo». Encontrar las primeras estrellas y poblaciones estelares que se formaron después del Big Bang y que están hechas de material prístino. «Creo que Webb nos dirá dónde están esas poblaciones de estrellas más antiguas» y, cuando lo haga, «nos haremos nuevas preguntas (…)».

«Quedan muchísimas sorpresas y en todos los campos, e incluso nuestro Sistema Solar», y Webb desvelará muchas de ellas porque, gracias a un lanzamiento «perfecto» que ahorró mucho combustible, tiene reservas suficientes para seguir trabajando «al menos veinte años más, y yo espero que dure incluso más. Hay Webb para rato, vaya si lo hay».

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