El negocio del café sostenible y justo que se desarrolla entre España y América Latina - 800Noticias
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EFE

En el negocio del café, sobre el que caen acusaciones de precariedad, trabajo infantil o malas condiciones laborales, hay también quienes quieren romper con esa tendencia como el colombiano asentado en España Luis Fernando Muñoz o el español Marcos Bartolomé, de la empresa Right Side Coffee, que trabaja éticamente con productores de toda la región.

Ambos participaron esta semana en la feria Coffee Fest celebrada en Madrid y en la que estuvieron presente decenas de negocios de café tanto españoles como de otros países del mundo, donde los profesionales pudieron catar nuevas ofertas, contactar con productores e importadores o escuchar charlas de expertos.

Muñoz sigue la estela de su abuelo, quien en 1936 en Colombia comenzó con una saga familiar atravesada por el grano de café.

«Tengo 70 años, soy la tercera generación de cafeteros, y mis hijas que son la cuarta», comentó a EFE este colombiano durante la feria, donde mostraron los productos de la marca familiar Alto de Plumas.

Muñoz sigue «al frente del proyecto» con el que hoy producen café en Colombia, lo importan a España, donde también lo tuestan y además tienen, en un pueblo de Madrid, una cafetería en el que degustarlo.

«Para no perder la trazabilidad del producto vimos la oportunidad de montar un puesto de venta en un pueblo muy simpático al cual amamos mucho que es Chinchón, hace dos años, con muy buena aceptación por parte del pueblo y montamos nuestra propia cafetería», especificó.

Pero Muñoz sigue yendo a Colombia, para participar en eventos y sobre todo para seguir de cerca el proceso de importación del grano a España y asegurarse de la calidad del producto.

Pagar «lo justo» a los productores

Pagar «lo justo» a los productores es uno de los ideales de la empresa española Right Side Coffe de café de especialidad, quienes llevan cerca de doce años trabajando de manera directa con los productores, una relación que, según contó a EFE, se forja a través de «un largo camino».

«Cada país tiene su método, en el fondo es ir a zonas productoras y hablar con la gente, en América Latina tenemos la ventaja del idioma, empiezas con charlas casuales en zonas de cultivos y con las preguntas adecuadas la gente te va llevando», comentó.

Una vez en la zona, según detalló, tienes que «encontrar a la gente que tiene más posibilidades de hacer algo interesante» porque «el café de especialidad y el comercial están siempre peleando con la continuidad porque el precio fluctúa un montón en el mercado internacional».

Por eso «hay muchas veces en la que al productor no le interesa vender café de especialidad -cuya producción es más exigente en cuanto a calidad- porque el comercial ya le da el precio que le satisface», una situación que provoca que cuando «el precio llega a cierta marca» tengan que esforzarse «mucho» para que les sigan vendiendo.

Y para evitar ese problema y porque lo consideran justo, trabajan con primas a los productores, para que cada vez que hacen mejores cafés, evaluados con un sistema de puntuación, les pagan más por el producto.

«Les damos un suplemento por encima del precio de mercado para incentivarles para seguir con nosotros, es algo que es totalmente justo porque también lo vamos a aplicar nosotros aquí en el precio, todos ganamos, la idea es que el trato directo esté enfocado a una sostenibilidad de las buenas prácticas, para que el caficultor no tenga que plantear si se tiene que pasar o no al mercado comercial o directamente plantar otra cosa», aseguró.

Además, es un buen negocio para todas las partes, porque así la marca se asegura «tener el mismo café el año que viene y poder mejorarlo también».

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