El desdichado viaje de la sonda `Parker´al Sol - 800Noticias
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A alguno le pasará también: salir del metro, mirar al cielo y pensar en la sonda. A las doce de la mañana de un día de estos de mucho calor, el cielo en Madrid es una sofocante plancha de color azul muy pálido, tirando a gris. Por eso puede uno acabar pensando tristemente en la sonda, preparada ya para partir. El próximo 11 de agosto (qué más da la cifra, los días de agosto parecen todos iguales) despegará de Caño Cañaveral la sonda espacial Parker, que se convertirá —si todo sale como está previsto— en el objeto artificial que más se aproxime al Sol en la historia de la humanidad.

Aparcará a unos seis millones de kilómetros de nuestra estrella. Más allá no se puede avanzar. La temperatura en esa región alcanza 1.400 grados pero la sonda va armada de un escudo térmico de carbono que la protege de ese calor y que mantiene sus circuitos vivos a unos convencionales 30 grados muy terrícolas.

De hecho, una persona podría sobrevivir agazapada tras ese parapeto de carbono y observar por una rendija el Sol desde muy cerca. Desde lo más cerca posible, para ser exactos. En estos días asfixiantes e infinitos de agosto sería como mirar cara a cara al enemigo, como estudiar por primera vez su gigantesco corazón incandescente. Ahí permanecerá la sonda, colgada del espacio, a resguardo del infierno, hasta que un día de 2025 se le acabe el combustible, se desactive su escudo de carbono y se derrita sin llamas y sin ruido por falta de oxígeno.

Hay que imaginarse con melancolía ese viaje. Y más si se piensa en los agostos, en las olas de calor, en las noches sin dormir por el bochorno. En que cada vez será más difícil soportar los veranos, en cómo será el verano de 2025 al paso que vamos.

 

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