Crónica | Selfis, risas y desinfectante sobre las aguas del Yangtsé | 800Noticias
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EFE

Después de casi once semanas “en cuarentena”, los emblemáticos ferris de Wuhan, que en otros tiempos cruzaban el río Yangtsé abarrotados de turistas, han vuelto a operar tras someterse a un exhaustivo proceso de limpieza y desinfección.

Desde el día 8, cuando la ciudad levantó las restricciones que había impuesto a sus habitantes por el brote de coronavirus, es posible montarse en dos de las ocho líneas de este medio de transporte, aunque, como es ya costumbre, bajo fuertes medidas de control.

La prevención sigue siendo máxima en Wuhan, donde la alegría es cada vez menos contenida, especialmente entre los jóvenes, y al hecho de que las personas deban, en teoría, guardar una distancia de seguridad.

En el embarcadero, los trabajadores piden en dos puntos de control diferentes que el viajero presente un código de reconocimiento rápido (QR) de color verde en su teléfono móvil que garantiza que la persona no está infectada y que no ha estado en contacto cercano con casos confirmados o sospechosos de haber contraído el coronavirus.

“Hay que presentar el código dos veces. Uno a la entrada, en el muelle, y otro por segunda vez antes de embarcar. Esto puede ayudarnos a rastrear posibles contagios”, explica a Efe uno de los trabajadores de la taquilla.

ATARDECER EN EL YANGTSÉ

Desde la cubierta del transbordador, los pasajeros observan la caída del sol y recuerdan el ajetreo de tiempos pasados o las travesías nocturnas en este particular medio de transporte, que se estableció en Wuhan en el año 1900, aunque entonces eran de vapor.

“Vamos a ir de tiendas a la calle comercial de Hanjie. Hemos venido en ferri porque vivo en Wuhan desde hace veinte años y nunca había montado en uno. Tenía mucha curiosidad, y quería ver también el paisaje de la ciudad desde aquí”, comenta a Efe una pasajera que ha tomado la línea que conecta las calles de Zhonghua y de Wuhanguan.

Otras personas han embarcado simplemente para cruzar el río, respirar un poco de aire y evitar atascos, afirma un repartidor que ha entrado con su motocicleta eléctrica tras completar los pedidos del día.

Entretanto, una pareja rema en piragua a lo largo del Yangtsé ante la mirada de los pasajeros, que no dejan de reír y tomarse fotografías frente a la gigantesca bandera nacional de China que ondea en cubierta.

El trayecto finaliza cerca de Jianghan, otra zona comercial donde centenares de jóvenes han acudido hoy para pasear, comprar un helado o en las boutiques y joyerías que ya han abierto sus puertas.

Una chica ha salido a pasear a su gato, relata, y acto seguido le da un beso al felino, mientras que una joven pareja explica que han podido verse por primera vez esta semana tras los 76 días de encierro, que han tenido que pasar en casa de sus respectivos progenitores.

Indican entre carcajadas que para ellos es aún pronto para dar el paso, pero, al igual que el resto de wuhaneses, ya podrían pedir los certificados para casarse: el gobierno local acaba de aprobar los registros de bodas y divorcios, pero, por supuesto, bajo estrictas medidas de protección.

LOS CÓDIGOS QR, HASTA PARA CASARSE

Quienes quieran contraer nupcias deben acudir a las oficinas pertinentes pero han de pasar por otro tipo de ritual: presentar los códigos de salud y, en este caso, quitarse la mascarilla durante unos breves instantes para validar su identidad.

Además de estos códigos, que son necesarios para poder abandonar la ciudad, volver al trabajo o entrar en espacios públicos, se mantienen todavía las restricciones de entrada a los complejos residenciales, en cuyas puertas también se hacen controles de temperatura con termómetros digitales.

Mientras tanto, en Wuhan (donde la pandemia se ha cobrado al menos 2.577 vidas) la normalidad se sigue abriendo paso, aunque a pasos más cortos y lentos de los que la población desearía.

No obstante, de los 13 distritos de la ciudad, solo uno mantiene evaluación de riesgo medio, mientras que el resto ha sido calificado de riesgo bajo, con lo que sus empresas pueden reanudar la actividad sin necesidad de la aprobación gubernamental.

COLEGIOS Y CENTROS DE OCIO, CERRADOS

Los centros comerciales, supermercados o parques que ya han vuelto a aceptar consumidores y visitantes controlan y limitan la afluencia de éstos, un supuesto que aún queda lejos para los colegios de la provincia de Hubei, de la que Wuhan es capital.

Pero cines, salas de juego y de baile, bares, karaokes, teatros, piscinas cubiertas o espacios deportivos con poca ventilación también estarán cerrados hasta nueva orden, de acuerdo con una directiva provincial hecha pública este fin de semana.

Las autoridades locales afirman tener bajo control la epidemia y el pasado miércoles se levantaron las restricciones a las salidas de la ciudad impuestas el pasado 23 de enero.

Desde entonces, cientos de vehículos han cruzado los peajes que salen de ella y miles de personas la han abandonado en trenes, autobuses y aviones con destino a grandes urbes como Cantón o Shanghái, donde trabajan, o de regreso a sus lugares de origen tras haberse quedado varados en Wuhan durante el brote.

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