Con Rousseff, a Brasil le falló la economía | 800Noticias
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La exguerrillera Dilma Rousseff se convirtió en la primera mujer presidente de Brasil hace cuatro años, dispuesta a consolidar las conquistas sociales y promover el crecimiento. Pero le falló la economía.

El 1 de enero de 2011, Rousseff recibió de su padrino político, el popular expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, 2003-2010), un país que generaba envidia a muchos gobernantes.

El PIB había crecido 7,5%, la mandataria tenía una amplia mayoría en el Parlamento y la población estaba muy satisfecha con las mejoras del nivel de vida de los últimos ocho años, cuando 29 millones de personas salieron de la pobreza.

Sin embargo, las cosas cambiaron y la economía brasileña prácticamente no crecerá este año. “La media de crecimiento del período 2011-2014 está en torno de 1,5% al año, un nivel muy por debajo del 4% de los ocho años anteriores”, señala el investigador del Instituto de Economía (IBRE) de la Fundación Getulio Vargas, Vinicius Botelho.

“Rousseff será la primera presidenta del período democrático (iniciado en 1985) que dejará el país peor de lo que lo recibió”, le criticó el candidato socialista a la Presidencia Eduardo Campos, poco antes de fallecer en un accidente de avión en agosto.

Empresarios e industriales le critican que no hizo las reformas necesarias para tornar más competitivo el país, así como una injerencia en la economía que no dio resultados de crecimiento.

Un estudio de la Fundación Dom Cabral señala que la mayor economía latinoamericana y séptima del mundo pasó en los últimos cuatro años del puesto 38 al 54 de un ranking de competitividad entre 60 naciones.

Rousseff no tiene el carisma de Lula, pero comenzó su gobierno con una amplia popularidad, en parte gracias a su reputación de buena administradora y a una actitud firme que apenas en su primer año de gobierno la llevó a pedir la dimisión a seis ministros acusados de corrupción.

La mandataria prometió acabar con la pobreza extrema en Brasil, uno de los países más desiguales del mundo, y amplió los subsidios que hoy reciben 50 millones de brasileños, logrando que unos 11 millones más salieran de la pobreza. También lanzó programas de viviendas populares, importó del extranjero miles de médicos para las áreas pobres y aisladas, y creó un programa de formación técnica y 100.000 becas para brasileños en las mejores universidades del mundo.

Todo eso “la ayuda en la campaña a la reelección y a sustentar su evaluación positiva”, señala Ricardo Ribeiro, de la consultora MCM.

No consiguió mantener su popularidad, que se quebró en 2013 con el alza de la inflación -que hoy roza el tope de la meta oficial, 6,5%- y las multitudinarias protestas callejeras en reclamo de mejores servicios públicos.

“Este gobierno comenzó con una expectativa muy elevada del electorado, con la economía creciendo 7,5%. Cuando Lula dejó el gobierno las personas creían que la vida mejoraría a una velocidad mucho más acelerada”, eso no ocurrió y “produjo mucha frustración”, señala Renato Meirelles, presidente de Datapopular, instituto de análisis de la opinión pública.

Otra prioridad de Rousseff fue poner al día el enorme déficit de infraestructura en este país de tamaño continental. “Ese podría haber sido el gran legado de este gobierno, y hubo éxito en concesiones de carreteras y otras áreas. Pero dejó una sensación de que los proyectos se atrasaron mucho y que la participación pública es excesiva, con un costo económico muy alto en el financiamiento”, destaca Botelho.

La presidenta de 66 años, que en la dictadura (1964-85) fue torturada y pasó casi tres años en la cárcel, enfrentó dos megadesafíos en su mandato: las masivas protestas en 2013, y la Copa del Mundo este año, que fue un éxito pero implicó inmensas inversiones públicas y un gran desgaste. “El resultado de la Copa en sí fue considerado un éxito, salió bien. Pero coincidió con un momento en que la sociedad quería más gasto público en mejores servicios. La Copa era mucho desgaste, inversión y energía en otras prioridades”, concluye Botelho.

La principal rival de Rousseff en los comicios es la exministra del Medio Ambiente Marina Silva, que concurre por el Partido Socialista tras la muerte de Campos. La presidenta ha ampliado a 13 puntos su ventaja para la primera vuelta, pero ambas están empatadas en un eventual segundo turno, teniendo en cuenta el margen de error (47% para Rousseff contra 43% para Silva).

 

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