Conozca las no muy gratas vivencias de una policía española de raza negra | 800Noticias
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Con información de ABC

Carmen Ada Edjang tiene para escribir un libro, simplemente, porque esta agente de Policía Nacional española nacida en Las Palmas de Gran Canarias hace 35 años es negra. Su padres son de Guinea Ecuatorial y emigraron a las Islas Canarias cuando aún eran unos niños; la madre, con seis años, y el padre, con 15.

Ella no es la única negra entre las 8.753 mujeres que prestan servicio en la Policía Nacional, pero sí forma parte de esas minorías que poco a poco se han ido incorporando al cuerpo en los últimos años y entre las que hay también chinos, indios, mestizos, gitanos…

“Todos conocemos a alguien de otra raza o etnia en la Policía, pero no hay un registro de ellos, como tampoco lo hay de los que tienen ojos azules o pelo moreno. Son españoles y punto”, sentencian desde el Ministerio del Interior.

La estadística oficial al pasado 31 de mayo sólo recoge el número de efectivos: 63.930. De ellos, 55.177 son hombres. El resto, mujeres, según informa un reportaje del portal web ABC.

Policía y negra, un binomio que a veces todavía se indigesta en España

“Aquí ser negro se asocia a la inmigración ilegal y al ‘top manta'”, asegura Carmen. No se atreve a generalizar ni a tachar de racistas a los españoles -“sería injusto”, subraya-, pero sí lamenta conductas que “son más hirientes que un insulto”.

Se carga de ironía: “Nadie es racista hasta que su hija aparece un día con un novio negro; ahí la cosa cambia”. Sospecha que es un problema de falta de costumbre, que falta tiempo. Y constata a diario que queda mucho por hacer hasta que la sociedad vea con normalidad a un negro trabajando en un banco o en un bufete de abogados.

Ella nunca se ha sentido despreciada por el color de piel, pero relata situaciones vividas en carne propia, de paisano y de uniforme, cuya valoración deja “al criterio del lector”.
Un ejemplo: cuando fue con su marido a hacer un servicio al aeropuerto de Málaga y, tras identificarse ambos con la placa en el filtro de seguridad, a él lo dejaron pasar y a ella la retuvieron mientras comprobaban la autenticidad del distintivo policial. “Al preguntarles por qué miraban más la mía, arguyeron que era porque circulaban muchas placas falsas. Y yo me pregunto: ¿la falsa tiene que ser la de la negra?”
En otra ocasión ni siquiera el uniforme en una jornada electoral convenció a un votante, que se le acercó mientras velaba por la seguridad en el colegio y le soltó “si de verdad era policía”. Ella reconoce que en ocasiones se le agota la paciencia. Fue el caso. “No, el traje me lo he comprado en la tienda de disfraces de ahí detrás”, le cortó.
Carmen siempre se había sentido atraída por la Policía. Estaba convencida de que algún día formaría parte del cuerpo, “pero lo iba dejando como el carnet de conducir”.
Cuando acabó sus estudios de Formación Profesional en Gestión Administrativa, lo vio claro. Tenía 23 años y empezó a ‘pelearse’ con el temario de las oposiciones. En su memoria quedó grabada una frase de la primera hoja: “Si no vas a estudiar, no pierdas tu tiempo”. Fue su motor, la tabla a la que se agarró cuando hubo voces que le dijeron: “No vas a aprobar; nunca hemos visto a un policía negro. Vas a estudiar para nada”.
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