Cinco años y cuatro sospechosos del derribo del avión de Malaysia Airlines - 800Noticias
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EFE

Los familiares de las 298 víctimas del derribo del avión de Malaysia Airlines MH17 en el Este de Ucrania conmemorarán mañana, miércoles, el quinto aniversario de esa tragedia con la identificación, por primera vez, de cinco sospechosos vinculados con Rusia, que serán juzgados en ausencia el próximo año en Holanda.

Este es el primer año en el que los familiares, que llevan un lustro exigiendo justicia, recuerdan la tragedia con la esperanza de que el 9 de marzo de 2020 comience un juicio que, aunque será más bien simbólico porque no se espera contar con los acusados, empezará a arrojar luz sobre lo ocurrido aquel 17 de julio de 2014.

Los tres sospechosos de nacionalidad rusa (Igor Guirkin, Serguéi Dubinski y Oleg Pulatov), junto al ciudadano ucraniano Leonid Kharchenko, estaban en la zona controlada por milicias separatistas prorrusas al Este de Ucrania donde se instaló el sistema de misiles Buk -también de origen ruso- del que salió el misil tierra-aire disparado contra el avión.

El proceso penal será por «asesinato», aunque según indicó el mes pasado un equipo internacional de investigadores, fiscales y policías, hay que «ser realista» y asumir que Rusia no cooperará con las autoridades judiciales holandesas ni detendrá -como gesto de asistencia legal- a los sospechosos que están en su territorio.

No se solicitará la entrega de los cuatro presuntos vinculados con el derribo porque las constituciones de Rusia y Ucrania prohíben la extradición de sus nacionales a terceros países, pero Kiev sí buscará a su ciudadano y le aplicará la sentencia dictada por el tribunal de Holanda, según prometió el fiscal general ucraniano, Yuri Lutsenko.

El abogado Veeru Mewa, que asiste a familiares de más de un centenar de pasajeros, asegura que un juicio por lo ocurrido es un «gran alivio» para sus clientes, aunque reconoce el pesimismo que había porque «pensaban que el equipo de investigadores no encontraría las pruebas suficientes como para iniciar un proceso judicial».

Con esta actualización conmemoran los familiares cinco años de aquella tragedia, que sigue sin resolverse porque, a pesar del comienzo del juicio, la investigación sigue en marcha, ya que todavía no se ha puesto cara y nombre a quien apretó el botón o dio la última orden.

En una investigación dirigida por universidades y el fondo de apoyo a las víctimas, presentada este martes a la prensa, el psicólogo clínico Jos de Keijser lamenta que el luto, en caso de un ataque como este, «lleva mucho más tiempo» que el habitual en casos de pérdida de un ser querido «donde el 90% de las personas vuelven a llevar un ritmo de vida normal después de un año» de la muerte.

En el caso de los familiares de las víctimas del MH17, el 80% seguía experimentando angustia y un luto complejo por la pérdida, así como síndrome de estrés postraumático, depresión o trastornos múltiples, más de dos años y medio después de la tragedia, que es cuando empezó a elaborarse este informe titulado «Algo en mi vida está roto».

«Con desastres naturales, no se busca un culpable… pero en el caso de un ataque como este, donde alguien mató a su ser querido, es más difícil de procesar, crea ira y sentimiento de venganza, y esa frustración provoca estrés adicional y complica el proceso normal de procesamiento», añade De Keijser.

El monumento en recuerdo a las víctimas se ubica entre la ciudad de Vijfhuizen y el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, desde donde partió el MH17 en dirección a Kuala Lampur el fatídico 17 de julio de 2014, tres horas antes de ser derribado en la zona en conflicto del Este de Ucrania, tomada por los rebeldes prorrusos.

Como cada año, los familiares de las víctimas leerán en voz alta los nombres de los 298 pasajeros que murieron, entre ellos 196 holandeses y 38 australianos, junto a los de los 15 miembros de la tripulación que viajaban en ese avión.

El derribo del avión malasio ha sido motivo de grandes tensiones internacionales con Rusia, provocando sanciones contra Moscú ante su negativa a cooperar con las investigaciones y a reconocer su implicación en el derribo, considerado «atentado terrorista» por el entonces presidente ucraniano, Petro Poroshenko.

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