+VIDEO | Se cumplen 30 años del escándalo que algunos evangélicos no quieren que conozcas | 800Noticias
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Con información de La Nación

El velo del templo se rasgó y el cielo tronó. El infierno abrió sus abismos y el televangelista más famoso del siglo XX contempló azorado la magnitud de su falta: ¡carne pecadora!

Jimmy Swaggart, pastor de almas, obrero de la mies, puerta del cielo, espada contra los infieles y sombra del altísimo, lloró lágrimas de sangre ante miles de enajenados seguidores, quienes lo escucharon entonar su mea máxima culpa y –como un moderno Jeremías– clamó al cielo perdón por haber conocido –en el sentido bíblico– a una meretriz.

Su esposa Frances y su único hijo, Gabriel, contemplaron la flagelación pública.

“He pecado contra ti, mi Señor, y pido que tu preciosa sangre lave y limpie cada mancha hasta que yo esté en los mares del perdón de Dios”, bramó el telepastor, cabeza visible de un imperio evangélico que generaba rentas anuales de $150 millones.

Era el 21 de febrero de 1988. Dos años antes el predicador había denunciado a sus colegas, Jim Bakker y Marvin Gorman, por sus lances eróticos pagados a costillas de los diezmos dominicales.

Bakker regentó la cadena “Alabemos al Señor”, o PTL como se conoció en América Latina, y tuvo un amorío con Jessica Hahn –la secretaria de la Iglesia–. En su libro Yo estaba en lo incorrecto reconoció haber desviado fondos del templo para mantener sus carros lujosos, seis mansiones y una esposa gastona. Entre sus pecadillos estaba una casa para el perro, con aire acondicionado y un baño chapado en oro.

Gorman –a contrapelo de la enseñanza cristiana– decidió omitir el consejo de la Carta a los Romanos y tomó la justicia en sus manos. Con ayuda de su hijo y un yerno planeó la tele-venganza. Pagó $200 mil a un detective y pescaron a Jimmy con Debra Murphree, una dama de compañía de baja estofa, en malabares poco religiosos, en un motel de Luisiana.

En una entrevista al canal norteamericano WVUE, la cortesana de 28 años dijo que Swaggart “aunque no consumó el coito, realizó para el conocido pastor de la Asamblea de Dios una serie de actos pornográficos en diversas ocasiones.¨

La pelandusca de Murphree vendió la historia a la revista Penthouse, que le dedicó 16 páginas en las cuales reconstruyó las poses íntimas preferidas de Swaggart.

Y así como hay tiempo de callar y tiempo de hablar, un año después –en 1987– Gorman le remitió a Swaggart un sobrecito con las fotografías tomadas ese día, advirtiéndole que dejara las Asambleas de Dios o sabría cuán largo sería el brazo del Señor.

Después del mega arrepentimiento ante las cámaras y los militantes, Swaggart tuvo que dejar el púlpito, atravesar el desierto de la rehabilitación y dejar a un lado la congregación y sus mundanos placeres: un costoso auto de la Lincoln Town Cars y un jet privado Gulf Strem, similar al de la familia Rockefeller.

Los 13 miembros del Concejo de la Iglesia del Estado de Luisiana condenaron al teleevangelista a 20 años de rehabilitación, y lo suspendieron por tres meses de toda prédica.

En esa oportunidad el reverendo James Hamill, integrante del Concejo, dijo a la ABC : “Mi opinión es que debería de tratársele de la misma manera que a cualquier otro transgresor, ni más severamente ni con mayor indulgencia”.

En el artículo de la revista People, La caída de Jimmy Swaggart, publicado en marzo de 1988, el comentarista William Martin señaló que el predicador “había sucumbido al poder y a la fama.”

La autora del texto, Joanne Kaufman, describió la trayectoria evangelística de Jimmy, desde que empezó –en los años 60– en el sureste de Estados Unidos cantando música gospel y cómo encontró en la radio y la televisión la catapulta para sus intereses espirituales.

Camino al cielo

Jimmy Swaggart nació en 1935 en Luisiana, en una familia que penduló entre la música y el escándalo. Su primo Jerry Lee Lewis fue un héroe del rock and roll, pero la opinión pública lo sepultó cuando se enteró que su tercera esposa –Myra Brown– de 13 años, en realidad era su prima.

Jimmy fue el pionero del tele-evangelismo y antes de su defenestración, en los años 80, su programa era transmitido semanalmente por 3.000 televisoras y gran cantidad de estaciones de cable. El reverendo era visto por más de ocho millones de personas en Estados Unidos y 500 millones en todo el planeta.

Comenzó su ministerio mediático en 1975 y sigue vigente hasta el día de hoy, con una audiencia de 80 millones de televidentes, con dos espacios semanales: Jimmy Swaggart Telecast y Estudio de la palabra, transmitido en 78 canales norteamericanos y por 104 países, en vivo y en Internet, según la página web de esa organización.

Swaggart es un connotado artista del gospel; produjo 50 álbumes, vendió 15 millones de copias y fue nominado al Grammy. También es un prolífico escritor y su capacidad de renovación es más que evidente, tras la fundación de la cadena SonLife Broadcasting Network, eje de una maquiladora de la fe de proporciones apocalípticas.

Toda esta estructura es controlada por Swaggart y su esposa Frances, con la cual tiene 60 años de casado; el único hijo de ambos, Gabriel, y sus nietos y cónyuges cierran este círculo religioso.

Los inicios de Swaggart no fueron un paraíso; unido a una secta pentecostal viajó por todo el sur norteamericano alternando la música gospel con sus sermones; como le fue mejor con lo segundo Dios le habló y le aconsejó –según él– montar un programa radiofónico y más tarde uno de televisión: La hora de Jimmy Swaggart, que era visto por dos millones de familias.

Por aquellos años, apuntó Alfonso Sastre en el periódico El País, Swaggart tenía un viejo Chevrolet y ganaba por prédica solo 40 dólares semanales. “Con muchos trabajos y devociones, entre lágrimas, amenazas, canciones y promesas, consiguió construir un imperio cuya sede central era Batton Rouge y empleaba 1.200 personas, 22 de los cuales eran sus parientes.”

Vade retro

Las últimas dos décadas del siglo pasado fueron desastrosas para varios predicadores protestantes. Pat Robertson, fundador del Club 700, tenía un caballo de carreras y era un apostador contumaz, según reveló una investigación del New York Times. William Bennett, autor del Libro de las Virtudes, y crítico moral del presidente Bill Clinton, dilapidó $8 millones en juegos de azar. El reverendo Jesse Jackson embarazó a su empleada, Karin Stanford, y con fondos de la iglesia le pasaba una mensualidad de $10 mil.

Peccatta minuta a la par de Swaggart. El periodista de Los Angeles Times, Robert Jackson, publicó un artículo el 14 de marzo de 1988, donde reveló toda la operación financiera alrededor del predicador y su familia.

Entre otros datos ese “consorcio divino” produjo en 1987 entradas por $150 millones; $135 millones fueron donaciones logradas por medio de su programa de televisión y otra gran parte, unos $7 millones diarios, llegaban en sobres de parte de los fieles.

Mansiones para él y sus hijos, salarios de magnates, fincas, abultadas cuentas de ahorro, autos lujosos, personal de apoyo, cadenas televisivas y menudencias como alfombras orientales y jacuzzis con cisnes dorados, formaban parte de las finanzas de Swaggart, según Jackson.

El espíritu es pronto, pero la carne es débil. De nuevo Swaggart tropezó –en octubre de 1991– con otra piedra, en este caso la ramera callejera Rosemary García, de 31 años. Ambos fueron sorprendidos por la patrulla de caminos de California, porque el pastor conducía un auto de manera errática.

Un reporte oficial consignó que éste intentó ocultar varias revistas pornográficas y alegó en su defensa: “Dios me dijo que este no era asunto de ustedes”; por su parte la prostituta declaró que Swaggart la levantó en la calle y “me pidió sexo, digo, por eso es que se detuvo frente a mí. Eso es lo que hago. Soy prostituta.”

Ese mismo año la empresa de Swaggart fue condenada al pago de $10 millones al pastor Marvin Gorman por difamación y calumnias, aunque este exigía 50.

Las inoportunas declaraciones del predicador Swaggart incluyeron peticiones de asesinato contra los homosexuales; acusar de apóstata a la cadena de televisión Trinity Broadcasting Network (TBN) o criticar los movimientos de rock y metal cristianos.

Ya pasaron muchos años desde que Swaggart dio su primer sermón frente a una tienda de abarrotes, en Mangham, Luisiana. Eran palabras de fuego que salían de un corazón ardiente.

A sus 76 años Jimmy Lee Swaggart es un anciano venerable que predicó en el desierto; ya no toca el acordeón como a los 17 años, a veces canta, pero siempre agita su Biblia y golpea el aire como Moisés con su cayado ante el Mar Rojo. Cuando muera, será mejor esperar al tercer día.

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