+VIDEO | Ejército filipino busca rescatar a 2.000 civiles mientras combate a yihadistas | 800Noticias
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Agencia Efe

Los combates entre el Ejército filipino y el Grupo Maute continuaron hoy en la ciudad sureña de Marawi, donde las tropas tratan de rescatar a más de 2.000 civiles atrapados en las zonas controladas por esta organización yihadista afín al Estado Islámico (EI).

El conflicto ha causado casi un centenar de muertos desde el martes de la semana pasada en la capital de Lanao del Sur, una provincia de la zona de mayoría musulmana de la isla de Mindanao, donde el Gobierno ha decretado la ley marcial.

“Nuestros comandantes sobre el terreno han asegurado que el final está muy cerca”, dijo hoy a los medios el portavoz de las Fuerzas Armadas, Restituto Padilla.

Padilla aseguró que el Ejército “trata de acabar lo antes posible” con el grupo de aproximadamente 40 o 50 rebeldes -número estimado, aunque admitió que podrían ser más- que siguen resistiendo el avance de los soldados.

Las Fuerzas Armadas mantienen el “control total” de la ciudad “a excepción de ciertas áreas que (el Grupo Maute) aún tienen tomadas”, añadió el portavoz en relación a las zonas de Marawi donde permanecen más de 2.000 civiles sin poder salir.

Los rebeldes han asesinado ya a 19 civiles, según las Fuerzas Armadas, mientras los bombardeos para reducir a los yihadistas continúan y la ciudad lleva siete días sin electricidad, líneas telefónicas terrestres y agua corriente.

Así, el Ejército comenzó hoy una operación para liberar a los vecinos atrapados en las áreas tomadas por los rebeldes, según dijo a Efe el portavoz del Comité de Gestión de Crisis de la provincia de Lanao del Sur, Zia Alonto Adiong.

El portavoz, que calificó la operación como “arriesgada”, especificó que ésta tiene lugar en el área central de la ciudad, donde los soldados tratan de establecer una vía de evacuación a lo largo de un puente que conecta los extremos este y oeste del río Agus.

La mayoría de los 200.000 habitantes de la ciudad han huido a localidades cercanas en los últimos días y más de 40.000 han sido evacuados por los soldados y llevados a campamentos provisionales en los alrededores de Marawi.

El Ejército está recurriendo estos días a bombardeos aéreos “de precisión”, según su portavoz, y operaciones militares sobre el terreno contra las milicias del Grupo Maute.

Desde el inicio de los combates han muerto 61 rebeldes, 15 soldados y 3 policías, a los que se suman al menos 19 civiles, según los últimos datos oficiales.

La crisis de Marawi comenzó el pasado martes, cuando el Grupo Maute trató de tomar la ciudad tras una operación del Ejército para capturar a Isnilon Hapilon, líder del grupo yihadista Abu Sayyaf, también vinculado al EI, y por quien Estados Unidos ofrece 5 millones de dólares (4,55 millones de euros).

El EI reivindicó en su agencia de noticias Amaq el ataque llevado a cabo el martes por el Grupo Maute, que dio inicio a la serie de combates que se han prolongado hasta hoy.

Los yihadistas filipinos, apoyados por milicianos indonesios y malasios, prendieron fuego a la comisaría, a un colegio, a una cárcel y a una iglesia, donde secuestraron a un cura y a 13 feligreses que aún mantienen cautivos.

Los insurgentes llegaron a desfilar encapuchados y a bordo de vehículos con banderas negras del EI por las calles de Marawi, donde ocuparon varias instalaciones municipales y un hospital hasta que se vieron superados por el Ejército y comenzaron su retirada.

Los soldados actúan al amparo de la ley marcial, declarada por el presidente filipino, Rodrigo Duterte, en toda la isla de Mindanao el mismo martes al poco de desatarse el conflicto.

Duterte, conocido por sus políticas de mano dura, prometió aplicar la ley marcial de forma estricta y no descartó extenderla a todo el país o pedir al Congreso que amplíe su límite de dos meses en caso necesario.

La decisión del presidente ha generado protestas de organizaciones de defensa de derechos humanos locales e internacionales, como Human Rights Watch, que creen que puede usarla para cometer abusos como hizo el dictador Ferdinand Marcos entre 1972 y 1981.EFE

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