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‘Con las nuevas tecnologías, la radioterapia es un tratamiento muy bien tolerado’

Asunción Hervás, jefe de sección del servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, habla en el día mundial del cáncer de próstata del papel de la radioterapia en el tratamiento de este tumor y de las medidas que deben tomar estos pacientes para llevar una vida sana. Esta especialista, que también forma parte del grupo de tumores urológicos (Uroncor) de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica, ofrece algunos consejos para minimizar el riesgo de aparición de este cáncer y de los efectos secundarios derivados del tratamiento del mismo.

 

¿Qué papel tiene la radioterapia en el tratamiento del cáncer de próstata?

 

La radioterapia, en sus diferentes modalidades, hoy día tiene un papel fundamental, es decir, que es competitiva con la cirugía. Con la tecnología actual, permite tasas de curación equivalentes a la cirugía y con menos efectos secundarios. Los avances tecnológicos actuales nos permiten administrar el tratamiento con una gran precisión tanto con la radioterapia externa como con la braquiterapia, administrándose una dosis muy alta al tumor y protegiendo los tejidos sanos circundantes. El avance tecnológico en nuestra especialidad es imparable.

 

¿Cuándo se opta por la cirugía y cuándo por la radioterapia?

 

En nuestro hospital, en general, lo normal es que en el Comité multidisciplinar de Tumores Urológicos se decida el tratamiento más adecuado para cada paciente, pero no en todos los hospitales es así, aunque sería lo recomendable. En los últimos años, son los propios pacientes, que están mejor informados, los que demandan otros tratamientos distintos a la cirugía.

 

¿Cuándo no está indicada la radioterapia?

 

En general no existen contraindicaciones para realizar un tratamiento con radioterapia en los pacientes con cáncer de próstata. Pueden darse situaciones particulares que no lo aconsejen como enfermedad inflamatoria intestinal, dificultad en colocación de decúbito y alguna otra situación particular.

 

¿Hay diferentes tipos de radioterapia?

 

Sí. Hay una externa que se llama teleterapia que consiste en administrar cada día, durante un número determinado de sesiones que suele ser mes y medio, una dosis pequeña de radiación. La duración de cada sesión puede variar entre 10-20 minutos, dependiendo de la tecnología utilizada. Según el tipo de tumor, a veces se añade a este tratamiento otro de hormonoterapia.

Otro tipo es la braquiterapia que puede ser de baja tasa con semillas de iodo 125, que consiste en la inserción mediante control ecográfico de semillas radiactivas a nivel intraprostático. Es un tratamiento muy eficaz, cómodo y de una gran precisión ya que se realiza mediante raquianestesia y el paciente reanuda su actividad normal al día siguiente. Es un tratamiento indicado en tumores de bajo riesgo pero que también se puede utilizar en pacientes de riesgo intermedio asociado a radioterapia externa.

También disponemos de la braquiterapia de alta tasa de dosis mediante fuente de Iridio-192 que se suele utilizar en pacientes de alto riesgo o en tratamientos de rescate tras fracaso a un tratamiento inicial con radioterapia. En nuestro servicio de radioterapia, es la patología que más frecuentemente vemos junto con el cáncer de mama. 

   

¿Tiene la radioterapia efectos secundarios inmediatos?

 

La tolerancia a nuestros tratamientos es individualizada como en todas las áreas de la medicina. En general es muy bien tolerada, manejada por manos expertas, y lo habitual es la aparición de un cuadro de irritación urinaria leve consistente en aumento de la frecuencia urinaria y alguna alteración en el ritmo intestinal. Con una buena preparación y gracias a las nuevas tecnologías, se tolera bastante bien. De hecho, los pacientes van a trabajar durante el periodo que dura el tratamiento. Por otro lado, si no se asocia a hormonoterapia, el paciente no tiene disfunción eréctil, es el tratamiento que más la conserva, y tampoco hay incontinencia, eso es un mito.

 

¿Cuál es la preparación que hay que dar?

 

Para la braquiterapia hay que hacer una preparación del intestino el día anterior al procedimiento y nada más. En cuanto a la radioterapia externa, hay discrepancia con este tema, muchos centros no hacen nada, pero nosotros sí porque hemos constatado que cuando los pacientes van preparados tienen mejor tolerancia y mejor control tumoral. El objetivo es que la próstata no se mueva mucho durante todo el tratamiento para que la radiación vaya directa a ella, el problema es que este órgano es muy móvil y se desplaza según la vejiga y el recto estén llenos o vacíos.

Intentar que la próstata esté en el mismo sitio todos los días durante mes y medio es casi imposible, para evitar eso se ponen unas marcas metálicas (de oro) dentro de la próstata y eso nos ayuda a que cada día, al realizar una imagen guiada, se dirija el haz de radiación a la próstata y no a otros sitios. Además, para que la vejiga y el recto estén de una forma parecida  diariamente, lo que hacemos es que se hace una preparación del intestino y de la vejiga durante todo el tratamiento.

 

¿En qué consiste esa dieta?

 

Es una dieta antiflatulencias, para que no haya residuos ni gas en el recto porque desplazarían la próstata hacia delante. Se debe comer de forma ordenada, que el paciente venga a la misma hora y que haya ido al baño previamente. Hay que evitar alimentos flatulentos como las legumbres, guisantes, habas, coliflor, brócoli, coles, puerros, judías verdes, tampoco se debe tomar café o té, las bebidas con gas o el alcohol están prohibidas y toda la bollería, leche, carne grasa, fritos, charcutería. Y sí están permitidas las carnes con poca grasa, el pescado, huevos, tomates, acelgas, infusiones… También se recomienda tomar medicamentos antiflatulentos y reguladores del ritmo intestinal, para que no se acumulen heces.

En cuanto a la vejiga, se pide a los pacientes que orinen una hora antes del tratamiento y que beban medio litro de agua.

Con esta preparación se intenta que la próstata esté en su sitio y bien tratada y que los órganos cercanos estén protegidos. Con la tecnología de hace unos años, esa protección no se podía conseguir ni esa precisión, y la cirugía era el tratamiento más utilizado.

 

A lo largo del mes y medio de tratamiento y a posteriori, ¿es contraproducente tomar el sol?

 

A diferencia de la quimioterapia, que sí produce fotosensibilidad, la radioterapia en el cáncer de próstata no genera ningún problema en la piel porque al ser un tumor muy profundo la dosis que recibe la piel es muy baja. No tienen que tener ningún cuidado con la piel, salvo el que se recomienda habitualmente a toda la población en general en términos de hidratación y protección del sol.

 

¿Qué otras recomendaciones dan a estos pacientes?

 

Hábitos saludables, en cuanto a dieta y ejercicio, evitar el tabaco y el alcohol… Muchos pacientes me preguntan por el vínculo entre montar en bicicleta y el tumor, y les explico que no hay tal relación y que pueden montar en bicicleta sin problemas. También durante el tratamiento pueden tener relaciones sexuales, es decir, una vida prácticamente normal.

 

¿La malignidad de este tumor depende de su tamaño?

 

El tamaño exactamente no. Más que ello hay que ver si está confinado en la próstata o infiltrado órganos vecinos. Hay que tener en cuenta los niveles de PSA. Hasta 10 nanogramos es un bajo riesgo, entre 10 y 20 es intermedio y por encima de 20 significa que tiene más actividad tumoral. Pero lo más importante es el grado histológico, que es una escala que se llama Gleason y que se establece después de realizar una biopsia de la próstata con la que se establece el grado de malignidad: por debajo de 6 no es tumor, el 6 sería un tumor de bajo riesgo, el 7 es el intermedio y el 8, 9 y 10 es el alto riesgo. 

 

¿Qué pronóstico tienen estas personas?

 

Los tumores se dividen en bajo riesgo, riesgo intermedio y alto riesgo, en función de diversos parámetros como hemos dicho (PSA, T, Gleason).

Los primeros se curan aproximadamente en el 90% de los casos, y aunque recidivaran se les ofrecería normalmente un tratamiento de rescate y podrán pasar entre 10-15 años hasta objetivar un desenlace fatal. Y por la edad en la que se diagnostican, que suele ser a los 60 o 70 años, el paciente es probable que se muera por otras causas.

En el caso de las personas con riesgo intermedio, el pronóstico es casi igual. Hoy día el 80% de los pacientes se cura y aunque no fuera así, seguramente no morirían por el tumor sino por otros problemas.

Los pacientes de alto riesgo tienen una tasa de curación más baja pero aún así son tumores que evolucionan de forma lenta y actualmente disponemos de nuevas alternativas terapéuticas para este tipo de pacientes. Hay un porcentaje muy pequeño de tumores con una histología diferente, neuroendocrinos, que tienen un pronóstico mucho peor, con una supervivencia menor. Pero esto es excepcional. Ahora, con el screening de PSA se diagnostican en unos estadios mucho más precoces y la mayoría de los pacientes que vemos son de bajo riesgo o intermedio y muy pocos de alto riesgo. En general, el pronóstico es muy bueno.

 

¿Qué consejos daría para prevenir la aparición de este tumor?

 

Lo peor es la obesidad, la vida sedentaria y la dieta rica en grasas. En general, lo que les recomendaría a los hombres es que se hicieran el PSA a partir de cierta edad, aunque sé que es un tema controvertido, y que hagan una dieta sana y saludable, que no fumen, no tomen alcohol y que realicen ejercicio.

Fuente: elmundo.es

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