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Avión Solar Impulse impone reto más humano que tecnológico,

dice piloto

 

WASHINGTON, 14 junio 2013 (AFP) – Del desierto de Arizona a las llanuras de Illinois, André Borschberg pudo contemplar largamente el paisaje de Estados Unidos en las muchas horas de vuelo que ha pasado solo a bordo del Solar Impulse, una experiencia que resultó ser un reto más humano que tecnológico.

Este avión experimental, el primero propulsado por energía solar, está por finalizar su viaje a través de Estados Unidos, que comenzó el 3 de mayo cerca de San Francisco, California (oeste). En la noche de este sábado está previsto su arribo al aeropuerto Dulles de Washington, última escala antes de llegar a su destino final, Nueva York, a principios de julio.

“La energía (solar) ya no es una preocupación”, explicó Borschberg, uno de los dos pilotos suizos lanzados a la aventura, en pleno vuelo durante una mañana clara y soleada. “El piloto es el eslabón más débil”, admitió.

El éxito de este desafío, cuyo objetivo es promover la tecnología de un avión que funcione gracias a 12.000 células fotovoltaicas, depende de múltiples obstáculos (el clima, las turbulencias, las baterías, entre otros), pero sobre todo de la concentración del piloto.

“Estamos limitados por nuestra propia resistencia”, dijo a la AFP este entusiasta de la aviación y empresario suizo de 60 años. “Estamos muy entusiasmados con lo que hacemos y muy felices de estar en el avión que nos transporta de la mañana a la noche. Pero somos humanos, y hay momentos en los que tenemos una gran cantidad de energía, y hay otros en los que es más difícil”.

Orinar en una botella

Borschberg batió un récord en 2010 al pilotar el Solar Impulse por más de 26 horas consecutivas, mostrando la capacidad del dispositivo para acumular suficiente energía durante el día como para seguir volando en la noche, pero también probando su propia capacidad para estar todas esas horas encerrado en una pequeña cabina.

Ir al baño, por ejemplo, no es un tema, porque directamente no hay. La única solución es orinar en una botella.

Tantas personas preguntaron sobre este detalle vital que el socio de Borschberg, el también piloto suizo Bertrand Piccard, publicó un video en YouTube sobre el tema, titulado “Solar Impulse behind the scenes: the bathroom” (Solar Impulse detrás de bambalinas: el baño).

El interior del prototipo de 1,6 toneladas de fibra de carbono, con una envergadura de 63,4 metros equivalente a un Boeing 747 y cuya velocidad varía alrededor de 70 km/hora, “no es muy cómodo”, contó Borschberg, “Esto es algo en lo cual estamos trabajando en el segundo modelo”, el HB-SIB, que será puesto a prueba el próximo año.

Para la actual travesía de costa a costa de Estados Unidos, los pilotos se limitan a volar durante tramos no superiores a 24 horas. El avión Solar Impulse, un proyecto de una década, ya estuvo en Phoenix (Arizona, suroeste), Dallas/Fort Worth (Texas, sur), St. Louis (Misuri, sureste) y Cincinnati (Ohio, norte), antes de dirigirse a la costa este.

El objetivo es subir de altitud durante el día para cargar la batería de litio de 400 kilos necesaria para alimentar los cuatro motores eléctricos de hélice, para descender a la caída de la noche.

Mientras Borschberg contestaba a la AFP, pilotaba el avión con una mano (en realidad, con dos dedos, dijo). Pero en las turbulencias, el mantenimiento del aparato se convierte en un “trabajo pesado”, que “requiere total concentración, el uso todos los controles y fuerza”, dijo.

Después de tanto esfuerzo, a Borschberg le reconforta pisar la Tierra, este planeta que dijo querer “proteger para las generaciones futuras”.

En cada escala, el Solar Impulse ha estado en exhibición entre una semana y diez días, para que los curiosos pueden verlo y hablar con los pilotos.

Borschberg, impactado por el desierto de Arizona, también dijo estar impresionado por el entusiasmo de los estadounidenses frente a la innovación y las nuevas ideas.

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