Mugabe sigue a los 89 años con hambre de poder | 800Noticias
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HARARE (AFP) – El presidente Robert Mugabe, de 89 años, que según sus partidarios obtuvo una nueva victoria electoral, encarna para sus compatriotas la historia moderna Zimbabue: desde la lucha por la independencia al hundimiento económico de los años 2000, pasando por el autoritarismo creciente a lo largo de los 33 años que lleva en el poder.

“Sólo Dios puede quitarme el poder que me dio”, había advertido en 2008 el más antiguo jefe de Estado de África ante las presiones de Occidente, que en un tiempo lo consideraba sin embargo como su niño mimado.

Lejos estaba del tono moderado que utilizó en 1980, cuando tras haber encabezado la guerrilla contra el régimen racista de Ian Smith asumió el mando en un país nuevo, surgido de la ex Rodesia del Sur británica.

“Ustedes eran ayer mis enemigos, hoy son mis amigos”, dijo en un discurso en el momento de la independencia, dirigiéndose a la minoría blanca, a la que incluyó inicialmente en su gobierno.

Veinte años después, Mugabe que luchaba por su sobrevivencia política, lanzó contra las granjas comerciales, aún en manos de los blancos, a sus veteranos de la guerra de la independencia, provocando el éxodo precipitado de unos 4.000 agricultores.

El país empezaría a sufrir desde entonces un creciente aislamiento internacional.

Mugabe, nacido el 21 de febrero de 1924 en la misión católica de Kutama, siempre ha sido descrito como un solitario. Estudiante brillante, coleccionó siete títulos universitarios, incluida una maestría en Derecho obtenida en la cárcel.

Marxista en sus albores, descubrió la política en la Universidad de Fort Hare, la única abierta a los negros en la Sudáfrica del apartheid, donde conoció a varios futuros líderes de la región.

La enseñanza, su oficio, lo llevó al norte de Rodesia (hoy Zambia) y luego a Ghana, que acababa de independizarse, donde el panafricanista presidente Kwame Nkrumah ejerció una profunda influencia en él. Allí también conoció a su primera esposa, Francesca Sarah (Sally) Hayfron.

De vuelta a su país en 1960, se alistó en la lucha contra el poder segregacionista y fue arrestado en 1964 por “subversión”.

Después de pasar diez años en la cárcel reapareció encabezando la lucha armada, que dirigirá desde la vecina Mozambique.

En 1980, después de los acuerdos de independencia de Lancaster House (1979), Mugabe fue elegido jefe de gobierno.

En los primeros diez años del nuevo régimen el país progresó en todas las áreas y Mugabe “se volvió popular en el mundo entero por haber dado a Zimbabue democracia, educación, salud e inversiones”, dice el analista independiente Takavafira Zhou.

La comunidad internacional cerró incluso ante la masacre de miles de “disidentes” en la provincia de Matabeleland, entre 1982 y 1985.

Mugabe lanzó luego una reforma agraria y, a partir de 2000, empezó a acusar a periodistas, opositores, occidentales y agricultores blancos de ser enemigos del Estado. La represión iba en aumento, a medida que la economía se hundía.

Después de su derrota histórica en las elecciones de marzo de 2008, Mugabe respondió con la violencia.

En esos comicios, su partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (Zanu-PF) perdió por primera vez desde la independencia la mayoría parlamentaria, frente al Movimiento por el Cambio Democrático (MDC) de Morgan Tsvangirai.

Pero las autoridades electorales aseguraron que el MDC no obtuvo la mayoría absoluta y forzaron una segunda vuelta, de la cual Tsvangirai se retiró para poner fin a los ataques contra sus partidarios, que habían dejado unos 200 muertos.

Los países de África meridional lo presionaron y en 2009 el déspota fue obligado a compartir el gobierno de “unidad nacional” con la antigua oposición y a nombrar a Tsvangirai primer ministro.

Para desembarazarse de este molesto “brazo derecho” Robert Mugabe convocó estas elecciones del 31 de julio.

Y aparentemente la apuesta le dio resultado, pues su partido, en espera de resultados oficiales, proclamó su victoria “aplastante”, ignorando las denuncias de fraude hechas por Tsvangirai.

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