El Madrid a octavos | 800Noticias
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A medio gas, el Madrid menos exultante en semanas despachó sin confetis a un birrioso Liverpool, al que su entrenador dejó a la intemperie con sus mejores titulares en el banquillo. El resultado fue un partido extraño, inopinado por la estupenda trayectoria de los blancos y el extraviado camino de los reds en la Premier y en Europa. Y encima rebajados por la alineación de Brendan Rodgers. El cartel y el discurrir del primer tiempo hizo pensar en otra faena grande del Madrid, pero se quedó en un buen primer tiempo con gol de Benzema y un segundo tramo de muy baja intensidad. Nunca llegó a inquietar el Liverpool, que andaba en tránsito por Chamartín, sino que fue el propio Madrid el que se angustió al no liquidar del todo el encuentro. Ni siquiera lo logró con Cristiano, esta vez más a lo suyo, obcecado con el récord de Raúl.

REAL MADRID, 1-LIVERPOOL, 0

Madrid: Casillas; Arbeloa (Nacho, m. 83), Varane, Ramos, Marcelo; James (Bale, m. 62), Modric, Kroos, Isco; Benzema (Hernández, m. 87) y Cristiano. No utilizados: Keylor Navas; Pepe, Medrán y Torro. 

Liverpool: Mignolet; Manquillo, Touré, Skrtel, Moreno; Can (Coutinho, m. 75), Leiva (Gerrard, m. 69), Allen; Markovic (Sterling, m. 69), Borini y Lallana. No utilizados: Jones; G. Johnson, Henderson y Balotelli. 

Gol: 1-0. M. 27. Benzema. 

Árbitro: Viktor Kassai (Hungría). Amonestó a Škrtel, James, Ramos, Marcelo.

Unos 70.000 espectadores en el Santiago Bernabéu.

Que Rodgers se rajara con la alineación pareció condicionar el choque. De repente, el Madrid se vio ante un contrario al que no esperaba. Tampoco tenía por qué temer a la mejor nómina del Liverpool, al que vapuleó hace unos días en Anfield, pero le hizo sentirse tan superior que creyó que el partido caería de su lado por sí mismo, por inercia. Al final quedó a merced de cualquier trastada de esas que a veces propicia el fútbol, aunque enfrente estuviera un rival tan ramplón.

Con Gerrard, Sterling, Henderson, Johnson, Coutinho y Balotelli en el banquillo —todos titularísimos y la columna vertebral del equipo— convendría saber si Rodgers alguna vez echó un vistazo a la leyenda del Liverpool, las epopeyas del Real Madrid, la alcurnia del Santiago Bernabéu y la mística de la Copa de Europa. Esta vez, los reds caminaron solos, su entrenador les dejó en la cuneta sin importarle un pimiento la mitología del club ni la presencia de 4.000 hinchas llegados de Inglaterra, con mejor recuerdo de la Plaza Mayor que del cuento del estadio. Un fraude, por más que por Anfield se perdone casi todo. Y más tocomocho aún porque al equipo le ha costado cinco cursos regresar a la Champions, para lo que a Rodgers le han permitido invertir 150 millones de euros. Tal y como circula de errático el Liverpool en la Premier, todo un derroche. Ya es último en el grupo europeo, lo que le puede mermar mucho los ingresos si no avanza en el torneo, una ruina.

El conjunto blanco se garantiza la clasificación para los octavos de final

Ante las extrañas prioridades de Rodgers —su coartada es que se mide este fin de semana al Chelsea—, el Madrid sintió que jugaba al solitario. Así fue hasta el descanso, un monólogo blanco ante un rival anémico, plano, sin alma, derrotado desde que dimitió su entrenador. Los suplentes cumplieron estrictamente con su papel de suplentes. Los chicos se apelotonaron en defensa como un equipo de regional y apenas se ganaron un córner, una falta peligrosa, una jugada con malas pulgas, salvo un remate de Lallana a la hora de partido. Nada de nada. A un toque, con paciencia infinita, el equipo de Ancelotti jugó sin todos los pistones. No tuvo el esplendor de las últimas semanas, pero se bastó para retratar a Mignolet, el portero visitante, como el mejor de los suyos. De Casillas no hubo noticias. Varane y Ramos, firmes, ágiles y veloces, pusieron el cerrojo a todo el Liverpool, que no estaba para muchas aventuras.

Rodgers prescindió de Gerrard, Sterling, Henderson, Johnson, Coutinho y Balotelli

Encapotado el conjunto inglés, el Madrid encontró una vía de escape por el costado de Marcelo, otro de los grandes beneficiados del nuevo sistema madridista. Con un medio campo más poblado y donde no se escaquean los auxilios, el lateral disfruta como lo que siempre quiso ser, un extremo, un llegador. En una de sus internadas, Isco le enfiló al primer toque y el centro del brasileño lo cazó Benzema en el segundo palo. El francés, de goles invisibles para algunos sectores, ya lleva 121 tantos como madridista, los mismos, por ejemplo, que Juanito e Higuaín. Y con menos partidos jugados. Tan poco exigido se vio el campeón, que tras un solvente primer acto, se dejó ir en el segundo, con mucha menos marcha. Todo le resultó más farragoso, menos fluido, lo que dio a su adversario una vidilla con la que no contaba. Poco a poco se desconectó Cristiano, al que se vio con más ansiedad que en sus últimas actuaciones, más corales. El portugués tenía marcada la fecha. En el Bernabéu y con el récord de Raúl como máximo goleador del torneo a tiro, a un gol de igualar al madrileño. No fue el día de CR, obsesivo con el registro, testarudo. La entrada de Bale por James tampoco sirvió de alivio al Madrid, pese a un remate al larguero del galés. No había forma de que el grupo de Ancelotti cerrara el marcador, lo que en el fútbol siempre es una intriga, por mucho que el rival sea de fogueo.

Con veinte minutos para el final, Rodgers tiró de Gerrard, Coutinho y Sterling, pero en nada se alteró el guion. No hubo trama y el Madrid se garantizó la clasificación, pudo probar a Bale y a otra cosa. Queda por ver si el decaimiento fue solo un paréntesis. Del Liverpool, nada hubo que ver, por más que su técnico quiera presumir de que el resultado le dio la razón al evitar una goleada. Un engaño a sí mismo, a la historia del Liverpool y a una Copa de Europa que está a punto de desterrarle.

 

Información http://deportes.elpais.com/deportes/2014/11/04/champions/1415122626_672068.html

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