SANTORAL| Defensor de los que sufren violencia e injusticia, San Elías Profeta | 800Noticias
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Redacción 800 Noticias

El profeta Elías aparece en las Escrituras (los Libros de los Reyes) como un hombre de Dios que vivió siempre en la presencia de Dios y luchó con celo por la adoración del único Dios verdadero.

Él fue cautivado por la pasión ardiente de Dios, cuya “palabra quemaba como una antorcha”. Él es el místico que, después de un camino largo y tedioso, aprende y lee los nuevos signos de la presencia de Dios.

San Elías, vivió en el reino de Israel durante el siglo VIII antes de Cristo. Él le recordó a la gente de su pueblo que hay un solo Dios verdadero y que solo él debe ser adorado.

Elías tuvo que hacerlo, precisamente, cuando el rey Ajab, bajo la influencia de su esposa, Jezabel, comenzaron a adorar a un dios extranjero al mismo tiempo que al verdadero Dios de Israel, por lo que esto, los condujo a una idolatría

La gente adoraba a Baal, un ídolo del que creían que poseía el don de la lluvia y al que le atribuían el poder de hacer campos fértiles y dar vida a personas y animales.

A pesar de que ellos decían seguir al Señor, al Dios invisible y misterioso, las personas también estaban buscando seguridad en un dios comprensible y predecible de los que creían que podían obtener la fecundidad y la prosperidad

Dios escogió a Elías para hablar con las personas en su nombre. El profeta se dirigió a Ajab y le dijo cuáles serían las consecuencias de su apostasía:

“¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!”

Años más tarde, cuando los efectos de la sequía se habían vuelto dramática, el Señor envió de nuevo a San Elías al rey. El profeta le preguntó a Ajab si podía reunir a todo Israel, junto con los profetas de su dios Baal, en el monte Carmelo.

El rey estuvo de acuerdo, y cuando se reunieron las personas Elías gritó su desafío:

“Como profeta del Señor, he quedado yo solo, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno, que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo pondré sobre la leña y tampoco prenderé fuego. Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor: el dios que responda enviando fuego, ese es Dios”. Todo el pueblo respondió diciendo: ¡Está bien!” 

Los numerosos profetas de Baal gritaban durante varias horas, pero no pasó nada. Entonces la oración de San Elías fue respondida de inmediato: descendió fuego del cielo y consumió el toro, la madera e incluso el agua que el profeta había ordenado que se derramara abundantemente sobre la víctima.

Frente a esta evidencia todo el pueblo postró sus rostros en tierra, y exclamaron:

“!El Señor es Dios, el Señor es Dios!” 

El culto a Baal, dios de la lluvia, se había revelado como falso y la existencia de dioses distintos el Dios de Israel fue desacreditado.

San Elías es llamado el profeta del primer mandamiento, que nos ordena creer en Dios y adorarlo, amarlo sobre todas las cosas. Él defendió la primera consecuencia de este mandamiento: “rendir culto solamente al Señor”

Llegando la hora de ir a la Gloria de Dios, San Elías nombró como su sucesor a Eliseo, su fiel seguidor, y fue avisado por Dios de que iba a ser llevado al cielo.

En compañía de Eliseo llegó al río Jordán y lo tocó con su manto, y el río se abrió en dos y pasaron al otro lado sin mojarse los pies.

Eliseo le pidió como último favor: “Que me pase a mí lo más importante de tu espíritu” (de tus poderes y de tus cualidades). Elías le dijo:

“Si me ves cuando suba al cielo se te concederá lo que has pedido”.

Y llegó un carro de fuego y se llevó a San Elías al cielo. Eliseo lo vio mientras subía por las nubes, y se le transmitieron a él las cualidades y los poderes de Elías y empezó a hacer milagros.

San Elías es el profeta que es solidario con los pobres y con los que están alejados de Dios, defiende a los que sufren la violencia y la injusticia.