¿Por qué las baterías han empezado a incendiarse con tanta frecuencia? | 800Noticias
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Caras y Rostros

El País

Hemos confiado nuestras vida a las baterías de toda clase de cosas, desde los teléfonos móviles y los coches a las linternas, pero últimamente la fe en la tecnología se ha debilitado. En las últimas semanas, muchos pasajeros de aviones han tenido que entregar sus teléfonos Galaxy Note 7 porque se considera que sus baterías pueden provocar incendios, mientras que las que se llevaron a la bodega han retrasado el vuelo y asustado a los viajeros.

Se suponía que estas baterías eran el remedio a un diseño anterior, del cual se retiraron dos millones y medio de unidades en septiembre al juzgar igualmente que entrañaban peligro de incendio. Otras baterías de móviles también han resultado tener tendencia a inflamarse.

Mientras tanto, hace algunos meses, las líneas aéreas prohibieron los aeropatines, otra vez porque se declaró que sus baterías eran fácilmente inflamables. A esto se añade que estamos registrando cientos de percances con baterías que se inflaman en los coches eléctricos, especialmente en China. ¿Cuál es la causa de todos estos problemas?

La llegada del litio

La historia empieza a principios de la década de 1990 con la llegada de las baterías de iones de litio como un componente corriente de los teléfonos móviles y otros aparatos. El litio es un elemento metálico ligero menos tóxico que los materiales que se utilizaban anteriormente, como el cadmio o el plomo. A diferencia de las antiguas pilas de “usar y tirar”, las de litio normalmente se pueden recargar miles de veces.

La otra ingeniosa innovación de las baterías de iones de litio consiste en el detallado diseño estructural compacto a base de capas. Estas optimizan los itinerarios térmicos y el control del sistema de alimentación adjunto, dirigido por un software, que (normalmente) evita que el acumulador se sobrecargue o se sobredescargue.

La densidad de energía que pueden alcanzar las baterías ha pasado de 100 a 270 vatios hora por kilo

Desde mediados de la década de 1990, estos diseños se han ido refinando cada vez más gracias a las inversiones sin límite en esta tecnología. La densidad de energía que pueden alcanzar las baterías ha pasado de 100 a 270 vatios hora por kilo, lo que significa que se puede tener mucha más energía en mucho menos espacio. Como es lógico, esto ha sido crucial para el avance de los nuevos aparatos electrónicos de consumo, en los que el tamaño y el peso de los dispositivos son argumentos comerciales determinantes.

Pero, a más energía, más calor, y cuando los componentes se calientan dentro de la batería, aumenta la importancia de la carcasa y el espacio físico para la expansión. La carrera por producir aparatos cada vez mejores y hacerse con la cuota de mercado de los rivales ha exigido muchísima manufacturación. Al parecer, en el proceso no se ha prestado suficiente atención a este asunto del calentamiento, y están apareciendo nuevos productos que no se han sometido a periodos de prueba suficientes.

La carrera por producir aparatos cada vez mejores y hacerse con la cuota de mercado de los rivales ha exigido muchísima manufacturación

El resultado han sido baterías en las que la fricción repentina o el calor externo puede originar una explosión espontánea, lo cual no solo produce daños a la propia batería, sino que a veces también prende fuego a lo que hay a su alrededor. Empezamos a detectar estos problemas hace alrededor de una década, pero ahora se han vuelto más frecuentes, evidentemente con resultados que pueden ser desastrosos para las empresas en cuestión.

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