Pies planos: un problema que tiene distintas soluciones en la etapa infantil | 800Noticias
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Hace unos años era relativamente corriente ver a niños con botas ortopédicas para corregir los pies planos. Pero en los últimos tiempos ya no se ven tanto. ¿Es que ya no hay niños con esta patología? ¿Se ha encontrado una manera más cómoda de corregir este problema?

Javier Alfaro, director técnico de Podoactiva y responsable de biomecánica de la Selección Española de Fútbol, explica en qué consiste esta patología: «El pie plano es el que tiene el arco plantar con menos altura de lo normal. Habitualmente se acompaña de un aumento de la anchura de la zona del mediopie, debido a la caída del arco a la zona interna. Todos los niños nacen con los pies planos, pero según van creciendo se les va formando el arco. El problema se presenta cuando este no se produce».

Alfaro explica que hay tres tipos de pie plano: «Rígido, flexible y semiflexible. El rígido solo se soluciona con cirugía y puede deberse a dos causas: una es que el astrágalo (hueso del pie), en vez de ser horizontal, esté verticalizado; la otra es una coalición tarsal, que quiere decir que, de «fábrica», dos huesos del pie han salido unidos y no cogen la forma del puente. El flexible es un pie normal hasta los siete años, si a esa edad no se ha corregido habrá que completar el tratamiento de plantillas con ejercicios. Y el semiflexible es normal hasta los cuatro años. A esa edad ya se debe comenzar el tratamiento que, bien llevado, puede corregir la patología sin necesidad de operar».

Cómo se detecta el tipo de pie plano

-Test de Jack: consiste en subir el dedo gordo del paciente y se tiene que formar el arco. Si no se forma, es positivo.

-Heel Rise Test: al ponerse de puntillas, se tiene que formar arco y el talón irse hacia fuera. Si no se forma, es positivo.

Si ambos test salen negativos, es un pie plano flexible, lo que quiere decir que tiene un buen pronóstico y que en principio en edad adulta no lo tendrá, pues hay una probabilidad alta de que se solucione.

Con ambos test positivos se trata de un pie rígido, un pie plano estructural en el que los huesos están planos, siendo necesario operar. Cuando habla de operación, Alfaro insiste que es un tema muy delicado, «se hace entre los 11 y los 14 años, porque antes se pueden tocar partes que puedan afectar al crecimiento».

Por último, si sale un test positivo y uno negativo estaríamos ante un pie semiflexible que con un buen tratamiento se puede llegar a corregir sin necesidad de operar.

El experto explica que «en niños, lo más importante es hacer un buen diagnóstico, porque puede ser que el pie se pueda corregir con ejercicios de potenciación. En cambio, en alguno casos, a partir de los 4 años, ya hay que empezar a usar plantillas para cambiar los ejes de alineación del pie y que los músculos empiecen a trabajar diferente, y en otros casos valorar la operación. Es muy importante corregir en la etapa de crecimiento, luego ya no es fácil y puede condenar al afectado a llevar plantillas toda la vida».

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