Muere la ex primera dama de EE.UU. Nancy Reagan | 800Noticias
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AFP

La ex primera dama de Estados Unidos, fallecida el domingo de mañana a los 94 años como consecuencia de una insuficiencia cardíaca congestiva, fue admirada estos últimos años precisamente por las cualidades que le criticaban cuando dejó la Casa Blanca: sobreproteger a Ronald Reagan y ejercer una influencia desmedida sobre él.

La lealtad sin fisuras de Nancy Reagan a su marido enfermo la transformó a ojos de Estados Unidos y borró la imagen de la mujer intransigente de la sociedad hollywoodense que fue para convertirse en una viuda ejemplar.

Pero las atenciones que le dispensó a su marido, defendiendo su imagen, su dignidad y su herencia política, acompañándolo durante su terrible enfermedad de Alzheimer hasta su deceso en 2004, fueron una revelación para los estadounidenses.

La estrella de serie B Nancy Davis apareció así como la encarnación de la esposa devota, pero también uno de los portaestandartes más fervientes de la investigación con células madre embrionarias, considerada particularmente prometedora contra el Alzheimer.

“Mi vida comenzó realmente cuando me casé con mi marido”, llegó a decir alguna vez, según recuerda su biografía divulgada en el sitio de la Casa Blanca.

Nacida en Nueva York el 6 de julio de 1921, Nancy era hija de una actriz y de un vendedor de autos. Su padre abandonó a la familia poco después de su nacimiento. Cuando tenía seis años, su madre se volvió a casar con un neurocirujano, que la adoptó, y la familia se instaló entonces en Chicago (Illinois, norte).

En 1949 Nancy llegó Hollywood, donde actuó en películas de serie B –once largometrajes entre 1949 y 1956– y conoció a su futuro marido, quien el año precedente se había divorciado de la actriz Jane Wyman.

Se casaron en 1952 y dieron inicio, según muchos, a una de las mayores historias de amor de todos los tiempos. La pareja tuvo dos hijos: Patti en 1952 y Ron en 1958.

“Un verdadero dragón”

Cuando Ronald Reagan abandonó el cine a principios de los años 1960 para incursionar en política y luego convertirse en gobernador de California en 1967, Nancy se convirtió en su eminencia gris.

Se involucró en numerosas actividades caritativas (con veteranos de guerra, ancianos, discapacitados, etc.), y en particular contra el consumo problemático de drogas y alcohol entre los jóvenes.

En 1985 organizó en la Casa Blanca una conferencia para las primeras damas de 17 países con el fin de llamar la atención internacional sobre ese tema. Incluso después de su retiro en California, siguió con su campaña “Simplemente dí no” a las drogas.

Poco después de su acceso a la presidencia de Estados Unidos en 1981, Ronald Reagan fue blanco de un atentado fallido y desde entonces Nancy empezó a controlar estrictamente el acceso a su marido.

En una entrevista con Los Angeles Times en 1988 justificó su influencia afirmando que el presidente estaba mal asesorado, particularmente en el escándalo Irangate.

“Cuando se para sobre los estribos, es un verdadero dragón”, contaba hace unos años Howard Baker, secretario de la Casa Blanca durante la presidencia de Reagan, quien había reemplazado a Don Regan, despedido por la primera dama.

“Su única preocupación era proteger a su marido y pensaba que la mejor manera era mantener al presidente alejado de la extrema derecha. Su instinto moderado la sumergió en debates sobre casi todo, desde la política social a las relaciones con los soviéticos”, escribió la periodista del Washington Post Eleanor Clift.

Tras el fin de la presidencia de Regan en 1989, las “revelaciones” de los libros de Don Regan y una biografía no autorizada escrita por Kitty Kelley arrojaron una luz poco halagadora sobre Nancy Reagan.

En su retiro en Los Ángeles, Nancy Reagan jugó un importante papel en la revelación en 1994 de la enfermedad de Alzheimer que padecía el expresidente.

Para preservar la imagen y la dignidad de su marido, rechazó sus apariciones en público e impidió que los viejos amigos se le acercaran.

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