Maltrato infantil: La Madre, principal agresora | 800Noticias
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Según la Organización Mundial de la Salud, cada año más de 40 millones de niños son víctimas, en el mundo, de diversas formas de maltrato. Antes y ahora la madre aparece, en 40% de los casos, como la principal agresora, y el padre en el 21%.

Los especialistas advierten que negar la existencia de la violencia no la previene.

HERCILIA GARNICA MEZA

“Si quieres te la regalo”, respondió con sorna la señora a otra que le increpó por el golpe y el empujón que le propinó a la que se supone es su hija, una niña que no pasaba de los 5 años.

El incidente ocurrió en una estación del Metro de Caracas. Una profesora universitaria vio como una mujer maltrataba sin recato a una niña e intervino con una tramoya: “soy fiscal del Ministerio Público y usted comete un delito. Deje de maltratar a la pequeña”, le reclamó frente a otros usuarios del sistema subterráneo.

La madre, sin avergonzarse, terminó de sacudir a la niña y le respondió a la docente “si quieres te la regalo, para que la eduques como te plazca”. Se dio media vuelta y se marchó.

La violencia contra los niños va desde un insulto público y notorio hasta una agresión mayor que conduce a las víctimas a la sala de emergencias de un hospital.

En cualquiera de sus variantes, el maltrato constituye un daño que deja profunda huella en la personalidad en formación de los niños  y muchas veces, produce una incapacidad irreversible, definitiva, para funcionar en la edad adulta.

José Francisco, médico pediatra-puericultor, doctor en Ciencias Médicas. miembro de la Academia Nacional de Medicina y profesor de la UCV, refiere que la violencia contra los niños seguramente es tan antigua como la humanidad. Durante milenios se consideró que eran propiedad absoluta de los padres, lo cual permitía tratarlos con violencia, inclusive como una forma deseable de disciplina. Además podían venderlos o abandonarlos sin ser sancionados por esas decisiones. Se aceptaba que los padres, representantes, tutores y maestros aplicaran castigos físicos a sus hijos, representados o bajo su responsabilidad, inclusive respaldados por la ley.

La Organización Mundial de la Salud, que considera  “el abuso o maltrato de menores como toda forma de maltrato físico y/o emocional, abuso sexual, abandono o trato negligente, explotación comercial o de otro tipo, de la que resulte un daño real o potencial para la salud, la supervivencia, el desarrollo o la dignidad del niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder”, determinó  que  cada año más de 40 millones de niños son víctimas, en el mundo, de diversas formas de maltrato (intrafamiliar, trabajo infra-humano, tráfico, trata, prostitución infanto-juvenil, infanticidio).

Los niños venezolanos, que constituyen cerca de la mitad de la población en el país, también son víctimas de la violencia y testigos de ella en muchos casos. Los más pequeños sufren diversas formas de maltrato, los más grandes ingresan en las situaciones de violencia como víctimas o como agresores.

En realidad, la manifestación del maltrato es tan diversa como escabrosa y en Venezuela se asume con tanta normalidad que no hay cifras confiables actualizadas. “Hay un enorme subregistro, casos que nunca llegan a denunciarse y las cifras reales nunca son divulgadas por los organismos oficiales”, precisó el experto.

Lo peor es que se ha vuelto cotidiano y ya nadie parece sorprenderse porque el maltrato suele estar presente en  los niños buhoneros; en  los que reposan en los brazos de sus madres mientras ellas piden dinero a los transeúntes; en los que prefieren la calle para alejarse de las agresiones cotidianas; en los que se prostituyen;  en los trabajadores ilegales; en los niños y jóvenes fuera de instituciones educativas por falta de cupo o por carencia de recursos; en los que viven en el seno de  familias disfuncionales, un factor de riesgo para consumo de alcohol y drogas ilícitas así como conducta antisocial; en las niñas que se embarazan cuando aún ni siquiera han iniciado la adolescencia; en los niños sin cédula o sin registro de nacimiento, lo cual los anula como ciudadanos, “ todo esto en violento contraste con el texto de las leyes de protección infantil vigentes en el país, de redacción y contenidos ideales y deseables, pero poco útiles en la práctica ciudadana”, reflexiona Francisco.

En 1962 comenzaron a clasificarse los diversos tipos de maltrato, que inicialmente se limitaban a cuatro tipos principales: físico, psicológico, sexual y negligencia, restringidos al grupo familiar y a otras personas responsables de la atención de los niños. Luego se identificaron otras variantes como prenatal, el síndrome del niño zarandeado o sacudido y el Síndrome de Münchhausen por poder o por delegación, que consiste en la invención o la creación de enfermedades o de lesiones en niños, generalmente pequeños, por parte de un familiar o cuidador, habitualmente la madre. Finalmente, organismos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Convención de los Derechos del Niño (1990), reconocieron por primera vez a los niños como sujetos de derecho.

Qué hacer

Cuando se sospecha la existencia de maltrato de niños en cualquiera de sus tipos, lo más recomendable es consultar a un servicio profesional de pediatría que lo evalúe, refiere Zoraida Garnica, trabajadora social de Fondenima.

En eso coincide la psicopedagoga Doris Gicherman, quien sugiere identificar el grado del maltrato para así proceder a las primeras acciones. Una de ellas es que en la propia escuela detecten que hay señales de maltrato y así tender la mano para brindar atención según sea el caso.

“Para actuar con absoluta responsabilidad, seriedad y compromiso es fundamental el inhibir cualquier impulso de intervención antes de recibir asesoramiento por profesionales o docentes capacitados”, advierte Gicherman.

Por otra parte,  es importante creer siempre en lo que el niño manifiesta, contribuir a atenuar el sentimiento de culpabilidad que los menores sienten ante el abuso o maltrato, buscar siempre el asesoramiento de profesionales o docentes capacitados tanto para abordar el tema como para decidir los pasos a seguir, comunicar el hecho a los organismos pertinentes a la brevedad posible.

En casos leves, de los tipos físico, negligencia y psicológico, las Defensorías de Niños, Niñas y Adolescentes pueden orientar el procedimiento a seguir.

Los servicios pediátricos hospitalarios públicos habitualmente tienen experiencia en la conducta que permita atender al paciente, lo cual es obligatorio según los Artículos 48 y 274 de la LOPNNA, así como la participación a las instancias y autoridades correspondientes, según lo señala el Artículo 275 de la LOPNNA.

Su incumplimiento está penado con prisión de tres meses a un año.

La recomendación habitual es hospitalizar el paciente para protegerlo en lo inmediato de nuevas agresiones, completar la investigación médica e informar al Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, generalmente a través del Servicio Social en cuanto a la preservación de sus derechos y la participación a la Fiscalía de Protección del Ministerio Público para la investigación y procedimiento legal de los delitos que se sospechan, incluida la participación de los médicos forenses cuando es requerida.

Las lesiones físicas las resuelven los especialistas del área lesionada, (equipo médico-quirúrgico). Igualmente importante es la participación de los servicios de Psiquiatría infanto-juvenil y de Ginecología infanto-juvenil. Es obvio que los mejores resultados en este tipo de actividad es la participación en equipo, preferiblemente transdisciplinario, estrategia en la cual cada especialista tiene conocimientos básicos de las demás especialidades para que puedan analizar mejor, preferiblemente reunidos, las complejas situaciones que se observan en relación con el maltrato de niños.

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