Investigan por lavado y contrabando a un hombre clave de la embajada paralela | 800Noticias
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El Nacional / La Nación

Era un empresario más de clase media. Hoy es multimillonario. Durante los últimos años exhibió poder, pero ahora afronta una causa penal por presunto lavado y contrabando, sospechado de acumular negocios por US$ 550 millones que promovió el kirchnerismo con Venezuela y de ser un eslabón clave en la diplomacia paralela que lideró el ex ministro de Planificación Julio de Vido . Así surge de decenas de actas de directorios y de asambleas, registros contables, constancias judiciales, documentos societarios, fotos, copias de correos electrónicos y testimonios que acumuló La Nación.

Juan José Levy tiene 43 años de edad y arrastra ya las sospechas de tres jueces de dos fueros distintos, dos Cámaras de Apelaciones, dos veedores judiciales, una fiscal, los bancos Galicia, BBVA Frances y Citibank -que cerraron sus cuentas y al menos los dos primeros enviaron reportes de operaciones sospechosas (ROS) a la unidad antilavado local (UIF)-, y el FPB Bank, de Panamá, que inició una investigación sobre sus cuentas por presunto lavado. Y a todo esto se suman tres de sus cuatro hermanos, en una pelea fraticida que lo expuso del peor modo, al punto de que por escrito sus hermanos no descartaron el “pago de reintegros y comisiones indebidas”. Coimas.

Levy niega esas y otras acusaciones, aún cuando en un email que obtuvo LA NACION les pidió a sus hermanos que no tocaran los millones que debían cobrar de Venezuela. ¿Por qué? Porque debía afrontar “obligaciones con terceros” que nunca especificó. Pero él considera esas acusaciones el fruto de la pelea que mantiene con sus hermanos Diego, Alejandro y Gabriela. Con ellos se disputa empresas, negocios con Caracas y millones de dólares, los acusa de generar facturas truchas por al menos $ 12 millones para fines desconocidos y cosechó acusaciones de enviarles a la AFIP y a la ex SIDE, mientras que llegó a boxearse con uno de sus abogados.

Levy, sin embargo, habló por demás mientras vivió con un lujo exorbitante. Así, desde que se conectó con el chavismo, conduce autos únicos en la Argentina, vive en un country exclusivo, sus hijos van a un colegio de élite, vuela en primera clase, compró la radio El Mundo y propiedades en Miami y en el Madero Center -donde funcionaba “La Rosadita”- y montó una planta en Tigre, al tiempo que aludía al presidente Nicolás Maduro , por su nombre de pila. “Nicolás me dijo?”, solía ufanarse, según relataron múltiples interlocutores a LA NACION.

Levy niega todo eso ante la Justicia, y a través de un comunicado de prensa y de sus allegados. Plantea que sólo asumió los riesgos propios de comerciar con Venezuela y ganó millones, mientras se movía junto a su hermano mayor Carlos -el único con el que no se peleó- y junto a dos figuras habituales a la hora de lidiar con Venezuela. El primero fue José María Olazagasti, entonces secretario de De Vido, señalado como responsable de la diplomacia paralela en cables confidenciales de la Cancillería argentina. El segundo es el abogado Horacio Díaz Sieiro, con quien desarrolló negocios en Caracas, Panamá, Miami, Hong Kong y China, mientras el letrado también asesoraba a Cristóbal López y, en al menos una ocasión, a Lázaro Báez.

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