David Blatt, el orgullo de Israel en la final de la NBA | 800Noticias
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Jerusalén, Undefined | AFP | Mucho antes de que amanezca, dos estudiantes de religión judíos con la tradicional kippa sobre la cabeza, están sentados en un bar de Jerusalén ante una de las siete televisiones que retransmiten un partido de básquetbol en la lejana Norteamérica.

Tienen puesta toda la atención en un hombre: David Blatt.

“No hay que darle nunca por derrotado”, señala Hillel Cohen, de 25 años, uno de estos estudiantes que idolatran al entrenador estadounidense de origen israelí de los Cleveland Cavaliers y su capacidad de sopreponerse a las críticas.

“Esto es lo que hemos aprendido de su estancia en Israel”, añade Cohen, acompañado en el bar por cerca de 50 aficionados al básquetbol locales y extranjeros, entre ellos un soldado de uniforme con un fusil de asalto M-16 en sus rodillas.

Blatt desafió cualquier pronóstico y ha llevado a los Cavaliers a la final de la NBA en su primera temporada al frente del equipo, que cuenta en sus filas con Lebron James, considerado el mejor jugador del mundo.

Escepticismo a su llegada 

Su éxito es un orgullo para Israel, donde es considerado una leyenda, y ha ofrecido a muchos aficionados al básquet una dulce revancha. Como subrayan los comentaristas deportivos, su recibimiento en la mejor liga del mundo estuvo rodeada de una gran escepticismo.

Hoy las dudas se han convertido en alabanzas, incluida la del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que le felicitó hace unas semanas, cuando los Cavaliers alcanzaron la final.

Para ver cómo Blatt se agacha en el parqué a dar instrucciones a sus jugadores los aficionados israelíes deben permanecer despiertos a las 04h00 de la mañana (hora local).

La fama del técnico en el país viene de sus días como técnico del Maccabi Tel-Aviv, legendario equipo al que llevó al máximo título europeo, después de haber jugado para la entidad.

Ahora el desafío de Blatt es ganar el Anillo de la NBA en la final frente a Golden State Warriors, el mejor equipo de la fase regular. Tras el quinto partido los Cavaliers pierden 3-2, por lo que necesitan una victoria para poder forzar el séptimo y decisivo.

Muchos ven en Blatt la reencarnación de la historia bíblica de David y Goliat.

“Esto es una locura, todo el mundo habla de David Blatt, incluso aquellos que no saben nada de la NBA o del básquet”, dice Sharon Davidovitch, periodista deportivo del diario Yedioth Ahronoth.

Blatt, de 56 años y nacido en Massachusetts, viajó a su país de origen en 1981 para jugar en el Maccabi Haifa, después de estar cuatro años en la Universidad de Princeton. En Israel permaneció hasta su retirada en 1993.

Dirigir el regreso de Lebron 

Tras diez años como entrenador en Europa (en Rusia, Italia, Turquía, Grecia e Israel), los Cavaliers le ofrecen la gran oportunidad. Dirigir al equipo en el año en el que el hijo pródigo Lebron James regresa después de su exilio voluntario de cuatro años en Miami.

Pero en su nación de origen la opinión sobre Blatt no es unánime. Algunos le han reprochado que no sea verdaderamente israelí, a pesar de que fue voluntario en un Kibboutz (comunidad colectiva), que hiciera el servicio militar, que haya vivido en el país durante casi tres décadas y esté casado con una israelí.

“Algunos le encontraban demasiado arrogante, demasiado americano, no lo suficientemente simpático para ir a comer con amigos”, señala el periodista Ari Shavit en el diario Haaretz.

También le costó algunos enemigos sus declaraciones a favor de la ofensiva militar israelí el verano pasado en la Franja de Gaza.

Pero para los clientes del bar que se reúnen de madrugada Blatt es un ídolo. Entre ellos Izzi Khaimov, estudiante estadounidense de religión, que cuenta que su tía de 65 años en Tel Aviv se ha enamorado de Blatt.

Explica que no se acuesta hasta que acaban sus partidos de la NBA y que cada día le despierta con lo que ha pasado: “Izzi, David Blatt ha ganado”.

“Al principio la gente pensaba que no estaría a la altura de la NBA, pero él ha probado que todo el mundo estaba estaba equivocado”, concluye el soldado Avia Nachshon.

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