Bélgica e Inglaterra juegan este sábado con desgano por el tercer puesto | 800Noticias
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Inglaterra y Bélgica se enfrentan este sábado, por segunda vez en este Mundial, en el estadio de San Petesburgo. El primer encuentro no lo quiso ganar nadie (la derrota garantizaba el pase a los cruces en teoría más fáciles) y este segundo no apetece jugarlo. Y es una pena porque estas dos selecciones han aportado alegría al Mundial, pero aparecerán hoy en el estadio de Krestovsky recuperándose de la depresión de verse a un paso de la gloria pero, en su lugar, encontrarse que la cabeza está de vacaciones y el cuerpo todavía en Rusia. Gary Neville ha descrito este partido como un “encuentro homenaje” al que nadie quiere acudir.

Tiene parte de razón. A estas alturas la narrativa que acompaña a cada selección se ha escrito y sellado, pertenece ya al folclore del Mundial. Se puede resumir en: Inglaterra no dio para más pero vuelven a casa como héroes; Bélgica se quedó por el camino pero tiene por fin la mentalidad para intentar ganar otros torneos.

En Inglaterra se ha celebrado la derrota como si fuera la última, como si el fútbol fuera una cosa lineal y ahora vinieran las victorias porque el equipo ha ganado en experiencia, ha jugado partidos importantes y ha dejado buena impresión. Pero el análisis empieza a ir un poco más allá tres días después de las semifinales y empieza a tocar en heridas abiertas y que costarán cerrar. Los medios vuelven a mirar con buenos ojos a su selección, pero no pueden negar que el éxito en este torneo viene dado por su acierto a balón parado y cohesión como grupo. Les faltan creadores de juego, centrocampistas que controlen los partidos. No existen o son muy jóvenes (Foden, jugador del Manchester City en el que tanto confía Guardiola, tiene sólo 18 años). El experimento de jugar con cuatro delanteros no funcionó porque justamente por ese exceso de futbolistas que miraban siempre hacia arriba fueron incapaces de manejar los encuentros.

Además los errores fueron cometidos por los sospechosos habituales, especialmente Walker y John Stones; al primero le falla la concentración a menudo, el segundo se despistó en una sola pero clave ocasión, ante Mandzukic para el 2-1. Así que Southgate se ha pasado el Mundial ocultando las debilidades y reforzando el simple estilo de juego escogido que prometía más tras la primera parte de Túnez, el primer partido del Mundial.

Quizá no volvieron a jugar tan bien desde entonces. Los resultados estuvieron por encima del nivel mostrado, pero un tercer puesto sería el segundo mejor Mundial de la historia para los pross. Southgate se lo está intentando tomar lo más en serio posible. Nadie se acuerda del tercero en un torneo pero sería más complicado seguir en la vena positiva si vuelven a casa tras perder los partidos con las selecciones más potentes: ya lo hicieron ante la propia Bélgica en la fase de grupos y también ante Croacia en semifinales.

Bélgica, lleno de jugadores de la Premier, ha mostrado una flexibilidad táctica que ha gustado a los comentaristas pero les faltó una marcha más para batir la organización francesa. En todo caso, ya no podrá volver a decirse que hay jugadores que no pueden jugar juntos o que la riqueza de su plantilla no se refleja en su juego. Bélgica se ha convertido en un equipo, principalmente por las decisiones de Roberto Martínez sobre la convocatoria. Y hay más: el torneo ha elevado el estatus del entrenador de Balaguer, de Lukaku, incluso de De Bruyne y Courtois, que como mínimo confirmaron su categoría de estrellas internacionales.

Roberto Martínez, ahora que conoce bien el hambre competitivo del grupo, se quiere llevar la tercera plaza para que sirva de referencia en los próximos dos años. Esta generación dorada, que cayó en los cuartos de final en el Mundial de 2014 frente a Argentina y en la misma fase en la Eurocopa de 2016 ante Gales, ha dado un paso más. La derrota ante Francia el pasado martes fue la primera en 25 encuentros, pero da la sensación de que el equipo, con seis futbolistas con más de 30 años o a punto de cumplirlos, está madurando y, después del Mundial de Rusia, habrá que exigirles un nuevo asalto a un título, el de la Eurocopa de 2020.

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