Análisis | Trump descubre los límites de su apuesta diplomática con Corea del Norte | 800Noticias
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EFE

La abrupta decisión de suspender la cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, evidenció las dificultades del presidente estadounidense, Donald Trump, para sacar adelante una ambiciosa apuesta en la que ha invertido parte de su legado y que ahora pende de un hilo.

Dos meses y medio después de sorprender a muchos de sus asesores al aceptar de inmediato una oferta de reunión con Kim, Trump dejó perplejos a sus aliados al cancelar precipitadamente una histórica cita que tenía al mundo en vilo.

A primera vista, su carta a Kim era una impulsiva reacción a un comunicado en el que Pyongyang insultaba al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y amenazaba con una confrontación nuclear.

La Casa Blanca se apresuró a explicar que la tensión con Corea del Norte iba más allá, y que el diálogo para preparar la cumbre se había interrumpido desde que los negociadores norcoreanos dejaron plantados a los estadounidenses en una reunión la semana pasada.

En público, Trump había alimentado las esperanzas de un acuerdo histórico y se había regodeado en la expectativa de un Nobel de la Paz, pero no todos sus asesores estaban convencidos de la jugada.

Según varios informes de prensa, Trump canceló la cumbre porque interpretó el hostil comunicado de Pyongyang como una señal de que Kim podía estar preparándose para anular la cita, y resolvió adelantarse al líder norcoreano para evitar una posible humillación.

Esa decisión fue un triunfo para el asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, un “halcón” militarista que empezó a trabajar en la Casa Blanca en abril y veía la cumbre con escepticismo.

Bolton originó el principal desencuentro con Pyongyang al asegurar, en una entrevista hace dos semanas, que la Casa Blanca quería seguir con Corea del Norte “el modelo de Libia”, en referencia al acuerdo que Washington firmó en 2003 con Trípoli para erradicar las armas libias de destrucción masiva.

Esas palabras irritaron a Pyongyang, consciente de que, ocho años después de firmar su pacto con Washington, el líder libio Muamar el Gadafi fue derrocado con ayuda de la OTAN y asesinado por una turba.

Trump trató de reparar el daño al ofrecer garantías de seguridad a Kim, pero también le amenazó con sufrir el mismo destino que Gadafi si el diálogo no prosperaba, un mensaje que Pence reiteró.

“Ya fuera por una profunda incompetencia o de forma intencionada, la elección de palabras (‘modelo de Libia’) solo podía enfurecer a los norcoreanos, dado el destino final de Gadafi después de ceder en el tema nuclear”, dijo a Efe un experto en las Coreas en el centro Carnegie Endowment for International Peace, François Godement.

Para Kristi Govella, una profesora de estudios asiáticos en la Universidad de Hawai en Manoa, los comentarios de Bolton sobre Libia fueron “un error estratégico” que espoleó “los peores miedos de Corea del Norte sobre negociar con Estados Unidos”.

Mintaro Oba, un exfuncionario del Departamento de Estado estadounidense especializado en las dos Coreas, opinó que la expresión “modelo de Libia” revelaba un “problema más amplio: que EEUU estaba abordando la desnuclearización desde un enfoque maximalista que para Corea del Norte era simplemente inaceptable”.

“El programa nuclear norcoreano es, después de todo, crucial para su supervivencia y su margen de maniobra en una negociación internacional”, recordó Oba en declaraciones a Efe.

Algunos observadores no descartan que la decisión de cancelar la cumbre fuera un cálculo estratégico de Trump, diseñado con el fin de “aumentar la presión para que Kim acudiera a él” suplicando mantener la cita, en palabras de Scott Seaman, analista del Eurasia Group.

En efecto, Corea del Norte buscó esa reconciliación al asegurar, en un comunicado el viernes, que estaba dispuesta a retomar el diálogo con EEUU “en cualquier momento”.

Poco después, Trump aseguró que los norcoreanos tenían “mucho interés” en volver a programar la cumbre, quizá incluso en su fecha original del 12 de junio, e insinuó que su brusco gesto podría haber sido, en efecto, parte de una táctica negociadora.

“Todo el mundo juega”, declaró Trump a los periodistas.

El último capítulo de este relato, hasta ahora, lo protagonizaron hoy Kim y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, al reunirse por sorpresa y en secreto en la frontera intercoreana para tratar la celebración del encuentro entre el dirigente norteño y Trump.

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