ANÁLISIS| Someter a referendo la Constituyente divide al chavismo | 800Noticias
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Con Información de Panorama

Una suerte de válvula de escape a la presión opositora, e incluso chavista, sobre la Asamblea Nacional Constituyente planteó el presidente Nicolás Maduro la noche del jueves al proponer que la Carta Magna que surja de la ANC sea aprobada en las urnas electorales.

El diario Panorama publicó un extenso análisis sobre esta jugada política y sus implicaciones tanto a lo externo como a lo interno del propio chavismo, que desde hace algún tiempo se ha subdividido en corrientes, tanto así que una de esas “corrientes” alcanzó a la Fiscal general. Le exponemos el reportaje a continuación:

“Lo propondré de manera expresa, abierta y taxativa, la nueva Constitución saldrá a referendo consultivo para que el pueblo diga si está de acuerdo con la nueva Constitución reforzada o no”, dijo el Mandatario ante su equipo de Gobierno, horas después de que el pedido venía de uno de sus hombres clave para la Asamblea: Isaías Rodríguez, quien no visualiza otro camino para legitimar la iniciativa.

En realidad,  la postura del exfiscal Rodríguez intentaba drenar las críticas del interior del mismo chavismo como Miguel Rodríguez Torres,  Maripilli Hernández, Gabriela Ramírez y hasta el diputado del Gran Polo Patriótico, Eustoquio Contreras.

El anuncio presidencial, que hasta anoche no estaba en el tablero de la crisis política del país, pareció, incluso, abrir una brecha entre Miraflores y el mismísimo Diosdado Cabello, quien en su inscripción como candidato en Monagas, horas antes, hablaba que al tartarse esta ANC de un poder originario, su producto no debía pasar  por una consulta al pueblo “depositario del poder constituyente originario”, artículo 347 de la Constitución de 1999.

El célebre artículo 347 que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo solo interpretó en una dirección, la de la iniciativa de la convocatoria, sin hacer alusión al final de la historia, la de un referendo aprobatorio de la nueva Carta Magna.

Analistas tomaron con cautela la declaración, pues la Asamblea Nacional Constituyente tendría la facultad de disolver a todos los demás poderes —incluido el Parlamento de mayoría opositora y la Fiscalía— y decidir si se vota o no el resultado de su trabajo.

“La Asamblea Constituyente está por encima del Presidente, de manera que él no puede garantizar eso. Es una jugada política”, aseguró a la AFP el analista Luis Vicente León.

Aunque el diputado Contreras agrega que “no queda la menor duda que ahora el Presidente compromete su palabra de solicitar ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) la incorporación en las bases comiciales del documento que asegura el sometimiento a consulta popular luego de haberse redactado la nueva Constitución”.

Sin oposición a la vista, la elección de los 545 Constituyentes es un trámite para el chavismo, no exento del “fantasma” abstencionista para una iniciativa cuya efectividad como receta anticrisis, está instalada en el imaginario del Gobierno con mucha más fuerza que en la calle.

El desafío verdadero para el Gobierno está instalado en la propuesta presidencial de aprobar en un referendo consultivo el producto de la Constituyente, hasta ahora circunscrito a garantizar la paz, constitucionalizar las misiones, buscar la paz, ampliar las competencias del sistema de justicia, una promesa que parece más un “tiro por elevación” para la fiscal Luisa Ortega Díaz, también crítica a la idea constituyente.

“No tenemos la mayoría para aprobar en referendo popular esa nueva constitución”, interviene sin titubeos el diputado Eustoquio Contreras mirando hacia el futuro.

Lo que sí puede hacer el Gobierno es “entrampar” al discurso opositor promoviendo, por ejemplo, una bonificación salarial para los pensionados que se parezca al “cestatique” que les prometió la oposición, de pronto, aunque sea una posibilidad remota, desmontar la reelección indefinida que tanto ha pedido la MUD.

En política el papel de maquiavelo no es extraño, lo que sí deberá el chavismo es hilar muy fino ante una empresa que luce complicada: aprobar la nueva Constitución que emane de la soberanísima Asamblea Nacional Constituyente.

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