Análisis | Odebrecht vuelve a calentar la política colombiana en ambiente preelectoral | 800Noticias
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EFE

Si la campaña electoral colombiana para 2018 se presumía ajustada, esta semana la temperatura puede subir más con las revelaciones del expresidente de Odebrecht en el país que confirmó donaciones de dinero a los últimos dos candidatos presidenciales.

Según la confesión de Eleuberto Martorelli, antiguo directivo de la constructora, Odebrecht dio dinero a la campaña de 2014 del presidente Juan Manuel Santos y de su opositor Óscar Iván Zuluaga, lo que viola las normas electorales pues está prohibido a los candidatos recibir dinero de extranjeros.

La novedad no fue tan grande, ya que la confesión de Martorelli, ante la Procuraduría (Ministerio Público) no aportó pruebas con que la Fiscalía no contase y hubiera hecho públicos.

Sin embargo, escucharle reconocer de su propia voz y con fuerte acento brasileño que entregó un millón de dólares al entorno de la campaña de Santos para pagar una encuesta y 1,6 millones al publicista Duda Mendonça, que trabajó para Zuluaga, supone poner rostro y consistencia a la parte más grave del caso.

Y todo eso en un país donde la corrupción se ha convertido en un tema clave de la agenda política, donde la ciudadanía se indigna de forma cotidiana con los casos que en algunas regiones consideran inherentes a la propia administración.

El hecho de que ahora haya trepado hasta la primera institución del Estado le hace un flaco favor a un tema que supera de largo en el debate público al de la paz y que ha llevado al propio Santos a desplegar una batería de medidas para mostrar su combate a la corrupción.

Las autoridades judiciales también se han multiplicado para mostrar sus esfuerzos y el procurador de Colombia, Fernando Carrillo, le solicitó al fiscal brasileño, Rodrigo Janot, suministrar pruebas para evitar la impunidad en el caso de corrupción de la constructora Odebrecht.

A la liza se ha sumado también el fiscal general colombiano, Néstor Humberto Martínez, que desde el primer momento ha querido mostrarse como un duro combatiente de la corrupción.

No obstante, será el Consejo Nacional Electoral (CNE) el encargado de determinar si las campañas de Santos y Zuluaga, violaron la ley colombiana en 2014 al recibir dinero de Odebrecht.

Las salpicaduras del caso Odebrecht en Colombia crecen cada vez que Martínez sale a la palestra y el último en sumarse a la larga lista de imputados fue el exalcalde de Bogotá Samuel Moreno, que ya fue expulsado del izquierdista Polo Democrático Alternativo (PDA).

La causa es para Moreno una más, ya que cruzó el Rubicón de la corrupción siendo alcalde y actualmente purga una pena de 18 años de cárcel por otro caso conocido como “Carrusel de la contratación” cuando estuvo al frente de la administración de la capital colombiana.

La sorpresa no fue tanta en su caso, pero es que los tentáculos de Odebrecht también llegan a varios de los senadores y el fiscal ha pedido que sean investigados.

Hasta ahora el único preso es el senador Otto Bula, del oficialista Partido Liberal, pero el futuro nadie puede garantizar hasta dónde llegarán.

Parece evidente que este debate será clave en la campaña para las elecciones que se deben celebrar en mayo del año próximo.

Tanto es así, que tres de los candidatos que más han hecho hincapié en la necesidad de terminar con la corrupción se han dejado ver juntos en una reunión informal.

Entre ellos está el candidato del PDA, Jorge Enrique Robledo, que desde su puesto en el Senado ha levantado su voz con rotundidad contra la corrupción y que denunció una de las ramificaciones del caso que actualmente investiga la Fiscalía, el que afecta al Banco Agrario, una entidad financiera estatal que tiene el objetivo principal de prestar servicios bancarios al sector rural.

En esa reunión estaban dos de los precandidatos de la Alianza Verde, la senadora Claudia López cuyas soflamas desde el Senado tienen un fuerte eco en la sociedad y el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, a quien las encuestas le convierten en un candidato a tener en cuenta.

Una primera prueba tangible de que Odebrecht y sus acólitos en la corrupción se pueden convertir en el campo de batalla para la campaña de 2018.

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