Acoso Escolar: grito silente de corazones heridos | 800Noticias
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Testimonio 1:

Un  niño  le decía que para ser su amigo tenía que darle juguetes y dinero, entonces mi hijo, de 7 años, comenzó a darle juguetes y a darle dinero, con tal de tener, al menos, un amigo en el recreo. De todas maneras yo le solicité a la maestra que por favor me lo cambiara de sección, lo cambiaron, pero más bien se agravó la situación porque luego empezaron los insultos y los  golpes. Una vez lo agarraron con una lonchera que tenía entrecruzada en el cuello para tirarlo al piso; llegaba a la casa con el mono roto, con el pantalón roto. Casi le lanzan el celular a la poceta, pero él lo atajó a tiempo. Una niña siempre lo golpeaba en el estómago y otra le dio una cachetada y lo empujó contra el suelo, pareciera que hubieran descubierto que a mi hijo le podían pegar. Lo peor es que nadie asumía la responsabilidad, todo el mundo se lavaba las manos. Hablé en el colegio con los profesores, con la coordinadora de primaria  y con todas las instancias,  pero las agresiones se mantenían y mi hijo lloraba y  me decía que no tenía amigos, que se sentía solo, que no quería estudiar ahí.

El Consejo de Protección del Niño y el Adolescente, donde hice la denuncia,  dictó  medidas cautelares a favor de mi hijo y fueron  notificadas al colegio.

Con una sola frase puede resumirse esa cadena de acciones: acoso escolar. En los últimos años, en muchos países, el acoso escolar ha sido reconocido y registrado como un delito y ha sido definido como un acto de comportamiento agresivo constante que se manifiesta al usar la fuerza y la coacción para herir a otra persona, ya sea física o mentalmente.

Las víctimas de acoso escolar pueden desarrollar altos niveles de ansiedad, disminución de su autoestima y bajas en el rendimiento académico, y si no se controla a tiempo pasan a estados depresivos que pueden desencadenar en tendencias suicidas.

El bullying (palabra que proviene del inglés “bully” que significa peleón, y se relaciona con conductas que están ligadas a la intimidación, amenaza e insultos, entre otros),  tiene  tres características: el desequilibrio de poder, la intención de causar daño y la repetición. Quienes intimidan utilizan su poder para controlar y las víctimas tienen dificultades para defenderse. El acosador tiene la intención de causar daño y los incidentes de intimidación ocurren a la misma persona una y otra vez por parte de la misma persona o grupo.

Gladys Delgado, psicóloga, profesora universitaria y miembro del Observatorio Venezolano de Violencia Escolar, hace hincapié en el hecho de que el acoso no es un incidente aislado, sino que se trata de una agresión sostenida en el tiempo con el firme propósito de causar daño y establecer una relación de sumisión con la víctima.

En ese nexo de intimidación participan tres actores: el acosador, el acosado y el que observa.  Los tres pueden revertir su comportamiento y tienen grandes posibilidades de recuperarse, siempre y cuando reciban atención. No basta con cambiar al niño del colegio, debe afrontarse el problema desde una perspectiva  más amplia e integral que incluya la asistencia psicológica y de habilidad social.

“El acosador no es un enfermo, es un niño que maneja mal sus conflictos, sus frustraciones, que aprendió  maneras inadecuadas para relacionarse con los otros y definitivamente también debe tratarse”, refiere la también psicóloga Katharina Trebbau .

Tampoco hay que justificar estas conductas. No se debe decir: “él lo hace porque su papá se murió”, por ejemplo. Si se sabe que el niño atraviesa por una situación difícil no hay que justificarlo, sino llevarlo a terapia para que canalice sus problemas y su conflictividad de una manera adecuada y no haciendo daño a otro. Hay que hacerle ver cómo se resuelven los problemas, cómo canalizar su agresividad, ofrecerle estrategias de comunicación asertiva para tratar de negociar las cosas antes de llevarlas a la violencia.

Ambos lados son difíciles de aceptar para los padres: tolerar que su hijo sea una víctima de agresión es difícil, pero más difícil es que un padre asuma que su hijo sea agresor. “Sobre todo si en la casa está el mensaje machista de: no te dejes golpear, se fuerte… no seas llorón…eso confunde al niño”.

Cuando se da el caso hay que asumir la responsabilidad y tomar cartas en el asunto. “A los niños acosadores hay que ponerles límites, en la comunidad escolar fomentar la denuncia y a los niños agredidos no bajar la mirada, no aislarse y mostrarse seguros ante el mundo, con una actitud positiva de no permitir violencia hacia su persona”, reflexiona Trebbau.

Testimonio 2:

A mi hijo lo comenzaron a molestar en preescolar. En ese nivel  el presentó la primera fractura. Le rompieron la clavícula porque un niño lo empujó. Siempre se burlaban de él. En realidad, mi hijo permaneció en ese colegio durante ocho años y cada vez que se montaba en el carro, cuando lo iba a buscar, yo le preguntaba “¿cómo te fue?” y  él me decía “mal, mal”. Siempre le iba mal,  siempre estaba triste. Yo traté de intervenir y de manejar la situación lo mejor posible, pero tres veces le fracturaron la clavícula a mi hijo.  Cuando cursaba quinto grado le ocurrió dos veces. Le partieron la clavícula y a los 15 días se lo volvieron a hacer. Ahí decidimos que debíamos cambiarlo de colegio y eso fue lo que hicimos.

Yo me enteré luego de que mi hijo no era la única víctima. Que ocurrían muchos hechos de violencia. Creo que el hacinamiento propiciaba las agresiones. Allí estudiaban mil 600 niños.  Yo, como representante, colaboraba en la enfermería y con mucha frecuencia recibíamos los casos de escolares que eran agredidos dentro de las instalaciones del colegio por otros compañeros. De hecho, cuando decidí retirar a mi hijo había 7 casos en fiscalía por situaciones violentas. Yo nunca llegué a esa fase de la denuncia porque siempre prensé que no era la solución.

Luego me enteré que en el colegio comenzaron una campañas por el buen trato y contrataron a una persona que tratara el delicado problema de violencia que allí había, pero después no supe más nada.

Trebbau,  explica que en primaria y bachillerato es más común ver episodios de bullying, pero pueden haber indicios desde la edad preescolar. “En el colegio de nuestros hijos podemos ver compañeros de 5-6 años que tienden a relacionarse de forma violenta”.

Asegura que el acoso se manifiesta de manera diferente entre los sexos. Los varones son más propensos a la agresión física, mientras que las hembras se inclinan por la exclusión, la burla, la agresión psicológica o verbal.

Hay distintas expresiones de intimidación: la directa que implica una gran cantidad de agresiones físicas como empujones, pellizcos, lanzamiento de objetos, bofetadas, asfixia, golpes y patadas, palizas, puñaladas, tirar del pelo, arañar, morder, raspar.

La agresión indirecta se caracteriza por tratar de aislar socialmente a la víctima. Esto se consigue a través de una amplia variedad de técnicas, incluyendo la difusión de chismes, negarse a relacionarse con la víctima, criticar la manera de vestir, insultar y otros marcadores socialmente relevantes como la raza, religión, discapacidad, sexo o preferencia sexual.

Testimonio 3:

Al varón de 11 años lo vi muy retraído, callado, no se relacionaba con otros niños. Un día le pregunté y me dijo “bueno mamá, es que el grupo está dividido en dos: los populares  y los ñoños. Los populares son los que juegan fútbol, los hijos de italianos, los que tienen dinero y los ñoños son los que no practican ningún deporte sino que se centran en sus estudios. Y ahí estoy yo. Además, uno de los populares me dijo que yo soy gay porque me gusta leer, me gusta estudiar”.

También se han ido a los golpes por enfrentamientos políticos, porque unos son de la oposición y otros del oficialismo, y no se respetan, no hay consideración por las ideas del otro. Esto también fue alimentado por los profesores que favorecen una tendencia más que a otra.

Esto comenzó a ocurrir desde hace dos años. Fui al colegio y conversé en el departamento de coordinación, psicopedagogía, subdirección, dirección. Me dijeron que iban a dictar talleres, que se trabajaría con los grupos, pero al final no se hizo nada.

Más allá del llanto

La intimidación es un problema generalizado y grave que puede ocurrir en cualquier lugar. Por eso hay que hablar del tema con los niños y, sin generar pánico, explicarles que no deben dejar pasar agresiones porque es “sólo un juego”. Si una broma le molesta no la tiene que aceptar, al contrario,  debe detenerla y acudir ante un adulto, “pues si alguien no quiere ser denunciado, entonces que no moleste y que respete “, señala Trebbau.

Los padres también deben entender que estar pendientes del acoso no es sobreprotección, pues las investigaciones demuestran que los niños que lo denuncian  ante un adulto son menos propensos a experimentar hostigamiento en el futuro. Los adultos deben animar a los niños para ayudar a mantener su escuela segura y los chamos deben , a su vez, advertirles cuando son testigos o víctimas de la intimidación.

Anayancy Rodríguez, psicóloga, profesora universitaria y también miembro del Observatorio Venezolano de Violencia, considera que de un tiempo para acá el acoso ha tenido, para decirlo de algún modo, reconocimiento social, y eso significa que ahora las familias están más pendientes de sus manifestaciones. “Ese es un logro”.

Para ayudar a prevenir el acoso escolar, los padres necesitan hablar con sus hijos sobre lo que ocurre en la escuela y esa conversación debe hacerse todos los días.

Trebbau señala que si los padres se mantienen cercanos podrán darse cuenta de que sus hijos están más aislados, tienen síntomas de fobia escolar, somatizan, les duele la barriga o la cabeza constantemente y que esos son signos de alarma que deberían saber identificar como señales inequívocas de acoso.

La madre de un niño que fue acosado durante meses en su colegio permanecía a las puertas del plantel por horas, sólo pendiente de que su hijo le avisara de una nueva agresión. Apenas se lo avisaba por un mensaje de texto ella entraba, solicitaba un pase y se lo llevaba de vuelta a la casa.

Prevención e intervención

Anayancy Rodríguez reconoce que en algunas escuelas, sobre todo privadas, han comenzado a trabajar en estrategias de contención contra el acoso. Son pocas, pero al menos se han estado organizando para contrarrestar la agresión entre pares.

Hay que hacerlo porque no hay políticas públicas destinadas a combatir el acoso. Todos los esfuerzos se hacen de manera aislada y por iniciativa propia, no porque haya algún mandato del Ministerio de Educación.

En esos planteles donde han ocurrido incidentes han organizado charlas de prevención, dictan talleres sobre la importancia de fomentar la cultura de la paz e intervienen en aquellos casos en los que se haya disparado la violencia.

“Si esperamos por la ley nos quedaremos sentados porque es muy poco lo que se puede hacer”, señala la madre de un niño que fue acosado, que prefirió no suministrar su nombre.

“La ley contempla, incluso detención, pero eso casi nunca ocurre. Cuando mucho hay sanciones morales. En general no se puede cambiar al alumno acosador de salón y mucho menos  expulsarlo”, aclara Delgado.

Testimonio 4:

Todo empezó con que no quería ir al colegio. A las 7 am, mi hijo de 13 años, lloraba y decía que prefería quedarse en la casa. Estaba apático. Las cosas que le emocionaban como el fútbol y Star Wars ya no le interesaban.  Hasta que un día me dijo. “Mamá te tengo que contar una cosa delicada. Yo estoy siendo víctima de bullying”.

Bajó las notas. Raspó en el segundo lapso dos materias, que las llevaba muy bien en el primero. Sus amigos de toda la vida se apartaron porque no querían ser víctima de los acosadores.

Lo más fuerte del proceso de mi hijo fue el destrozo del material escolar, y de todas sus cosas. Los días de entrega de trabajos le botaban sus carpetas, cuando tenía exposición le dañaban las láminas y como él no decía lo que le ocurría, para que no lo llamaran sapo, los profesores pensaban  que él no había cumplido con la actividad. Un día le destrozaron  el cierre del bulto, no había manera de cerrarlo , entonces tenía que estar todo el tiempo pendiente de sus cosas, era muy fuerte porque él desconfiaba de todo el mundo. Le quitaron el celular y para recuperarlo tuvo que pagar el monto que le exigieron.

Los profesores, al principio, me trataron como si fuera una loca. La psicóloga me dijo ah sí, voy a hablar con él. Pasó un mes y no habló con él, nunca lo llamó. Sólo me decían  “¿tú estás segura? ¿tú le crees a tu hijo?”

Finalmente, logramos crear una cuenta de correo electrónico  que se llamaba “no más bullying Pompei” para que otros denunciaran, porque sabíamos que había otros casos.

Sin embargo, yo pensé que legalmente se podía hacer algo, pero después lo averigüé y me dijeron que no, que no se podía hacer nada, que eran menores de edad. En el colegio me dijeron  que la LOPNA es para apoyar a los alumnos, no para exigirles nada ni para sancionarlos.

Katharina Trebbau recomienda que en los colegios

se faciliten las denuncias anónimas para que los niños que puedan reconocer el problema tengan herramientas para actuar. “Se debe permitir para que no haya represalia en contra del maestro o la persona que hace la denuncia” asevera la especialista.

“A nivel institucional tiene que haber reglas claras, como el código de conducta escolar, donde se establecen amonestaciones y además hacer que se cumplan los deberes y derechos de los niños establecidos en normas como la LOPNA, donde está incluido el tema de evitar la violencia y da las herramientas para actuar”.

No hay cifras oficiales

Tanto Gladys Delgado como Anayancy Rodríguez aclaran, apenas comienza la conversación, que no hay cifras oficiales sobre acoso. Hay trabajos, eso sí, de organizaciones, universidades e investigadores que aportan datos, pero nada concluyente. Cuando Maryann Hanson fue ministra de Educación, recuerdan las docentes, se emprendió una investigación junto con Unicef. Ya han pasado más de dos años de ese anuncio y aún no se conocen los resultados.

Gloria Perdomo presidenta  de la Fundación Luz y Vida y representante de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes de Petare,  señala que no hay un patrón para evaluar las respuestas oficiales frente a los casos de acoso.

Hay historias muy dramáticas y graves que han sido resueltas y otras igualmente impactantes que nunca obtienen respuestas. No hay protocolos de atención que definan la ruta que debe seguirse en situaciones de violencia extrema dentro de los colegios. “Cada quien con su experiencia y sentido común decide qué hacer”., señala Perdomo.
La experta refiere que las decisiones dependen mucho de a qué fiscal le corresponde la denuncia y por esa razón casi nunca se imponen sanciones. Además, hay una precariedad extrema de los servicios de atención en las fiscalías que atienden casos con niños y adolescentes involucrados.

Violencia en las aulas

En Venezuela, una de las investigaciones más recientes la abordó el Centro Gumilla entre 2008 y 2009. El estudio sobre la violencia se realizó en escuelas ubicadas en las parroquias Sucre (municipio Libertador del Distrito Capital) y Petare (municipio Sucre del estado Miranda).

Según la encuesta, los estudiantes mencionaron las agresiones verbales (88%) y físicas (79%), abuso de poder (24%) y abuso sexual (5%) entre las acciones violentas ocurridas en los planteles.

Asimismo, 73% de los encuestados presenciaron situaciones violentas en sus centros educativos. Además, un 89% de los estudiantes nunca se ha sentido atemorizado, 7% ocasionalmente, 3% constantemente, y 1% no contestó; mientras que un 86% respondió que no ha atemorizado a otros estudiantes, un 12% sí lo hizo; y 2% no sabe o no contestó.

Los resultados que se presentan deben considerarse como una estimación del fenómeno estudiado. Está sujeto a los márgenes de error que pudieran derivarse de los instrumentos, los procedimientos de selección y del tamaño de la muestra.

Los tipos de expresiones de violencia física reportados con frecuencia por los docentes son los golpes y empujones con un alto porcentaje (80%) a diferencia del pellizco y el halón de cabello que se presentan con menos frecuencia en el aula de clase. Se desconocen las consecuencias de estas expresiones de violencia, vale decir, de acuerdo a la intensidad del maltrato infringido afectará a la víctima de una manera impredecible.

Entre las expresiones de violencia verbales que los docentes identifican como de mayor frecuencia (53%) están el apodo descalificativo, insulto y amenaza. Igualmente, sus consecuencias son impredecibles pero seguramente afectan el desarrollo emocional del niño, niña y adolescente sujeto de la agresión.

La violencia psicológica, como la humillación e indiferencia, está dirigida a minar la autoestima del individuo y fomentar su sensación de inseguridad y temor, es poco identificada por los docentes, entre otros, porque los alumnos no acuden a ellos ya que consideran que estos no los escucharán, o por vergüenza. Este particular tipo de relación constituye una de las que causan mayores daños en el desarrollo emocional, en la vida relacional y en la integración al medio escolar.

Por su parte, Cecodap realizó en el año 2008 un análisis cualitativo con 300 estudiantes de los últimos niveles de educación básica y diversificada de la ciudad de Caracas, en el que se constató que un 40 por ciento de los encuestados tenía conocimiento de este tipo de maltratos en sus salones de clase.

Al respecto, la Federación Venezolana de Maestros manifestó que durante el último trimestre del año 2011, se contabilizaron 65 casos de profesores agredidos dentro de los colegios. “Reciben amenazas de muerte en el aula de clases, hemos tenido que solicitar el traslado de un docente de la zona porque su vida corre peligro”, denunció el presidente de la Federación, Alejandro Alzuru.

Recuadro:

Problema globalizado

 

  • 40 % de los estudiantes venezolanos vive en situación de acoso en sus liceos
  • En Venezuela, sólo uno de cada tres niños acosados busca ayuda
  • En Bogotá, Colombia, el 15% de los estudiantes son víctimas de acoso escolar
  • En Estados Unidos se estima que entre el 60 y 80% de los niños son intimidados en las escuelas
  • El Gobernador del Estado de México designó un especialista a cada una de las 10 mil 500 escuelas para tratar los casos de violencia en los planteles y creó un número gratuito de asesoría y atención
  • En el 2003 se promulgó La Ley Contra la Intimidación en el Reino Unido
  • Se estima que entre 15 y 25 niños se suicidan cada año, en el Reino Unido, debido a que están siendo intimidados
  • El vínculo entre el acoso y la violencia escolar despertó interés desde la masacre de 1999 en el Columbine High School, Colorado, Estados Unidos.

 

Reportaje especial realizado por:  HERCILIA GARNICA MEZA

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